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CARTA DE JORDI PUJOL A LUIS MARÍA ANSON

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
Nunca me he hecho eco de las cartas, emails, correspondencia en las redes sociales, comentarios de radio o televisión que mi sección dominical en El Mundo suscita. Hice una excepción para reproducir íntegramente la carta que me escribió Jordi Pujol, el hombre de Estado que contribuyó decisivamente a la consolidación de la democracia y también a la estabilidad de España, como presidente de la Generalitat. Mariano Rajoy debería leer esta carta con la misma atención que yo lo he hecho. No se trata del grito de un indignado de barricada y pancarta sino la opinión de uno de los políticos más importantes de los últimos cien años. Dice así:

Sr. D. Luis María Anson

Querido amigo:

Leí el artículo que publicaste el 18 de marzo en El Mundo. Del cual te agradezco la cordialidad con que te expresas respecto a mi persona, también como político.

En el año 1984 ABC me concedió el título de "El Español del Año". Sinceramente creo que en algún momento realmente yo hice una contribución importante a la política de concordia y conciliación en España. No probablemente para que se me nombrara "El Español del Año", pero de una cierta eficacia. Y con espíritu de solidaridad y sentido del bien común. Y no fui solo -recuerda por ejemplo la contribución de Miguel Roca- ni fue solamente mi partido. Creo que en conjunto Cataluña contribuyó mucho a la evolución positiva de España en lo económico y en lo político. Y al sosiego y a la confianza generales. Y al progreso español durante muchos años.

Por lo tanto cabía -con una cierta indulgencia y exageración- que me nombraseis "Español del Año", aunque dudo que aquel fuese el mejor año. O el que se prestaba menos a otras interpretaciones.

El problema, amigo Anson, es que ahora ya no se me podría nombrar "Español del Año" y lo digo con pesar. Porque he llegado a la conclusión de que en el modelo de Estado, de sociedad y de mentalidad que España quiere darse a si misma Cataluña no tiene sitio. Y lo digo con gran pesar. Incluso personal porque desde hace sesenta años he trabajado con lealtad para no tener que llegar a esta conclusión. Con lealtad y con ahínco. De ahí que digo ahora, sin rubor, que quizás sí que en algún momento podía haber figurado en la lista de candidatos a ser "Español del Año". Simplemente esto.

Pero ya no. Ahora constato que esto fue una ilusión.

Repito, lo digo con pena. No podía ser de otra forma puesto que esto significa admitir que el proyecto de Cataluña y España que yo, pero sobretodo muchos más, hemos defendido durante sesenta años no es viable.

En Cataluña se ha creado -y se va creando y fortaleciendo- una actitud que es una mezcla de dignidad herida, de ahogo económico (con repercusión social) y de percepción de voluntad de borrar nuestra identidad.

Todo esto te lo digo, Anson, con el respeto que me mereces. Y con el respeto que me merece España. Es más, recuerda que yo conozco bastante bien España, su geografía, su cultura y su historia, y que en muchos aspectos la admiro. Que sé lo que significan desde Asturias y Beato de Liébana hasta Carlos III a la generación del 98, pasando por el Siglo de Oro. También sé lo que significa Cataluña desde los Condes de Barcelona hasta Vicens Vives y Espriu, pasando por Ramon Llull y la Renaixenga. Y lo que es y significa hoy. Que no quiero que sea ahogado.

Y el problema es que la política que de acuerdo con esta visión de España y de Cataluña he defendido desde hace sesenta años ahora es inviable. Y que el proyecto español consiste en una potente recentralización económica, política y administrativa, y en una total homogeneización (al estilo francés) de lengua, cultura, valores y sensibilidad. Y no creo -contrariamente a lo que tú dices en tu artículo- que en esta España, "Cataluña tenga cómodo asiento". Y así lo he expresado recientemente.

Expreso todo esto con pesar, pero con tranquilidad de espíritu. Porque no estoy seguro de que mereciese ser nombrado "Español del Año", pero sí lo estoy de que he actuado lealmente y responsablemente. También respecto a España. Pero no puedo asumir que llegue a ser realidad aquello que con satisfacción y mordacidad nos decía alguien bien conocido: "Por ahí conseguiremos que dentro de dos generaciones ya ni se hable ni del Estatuto ni de la lengua". Catalana, por supuesto.

Como bien decías en tu artículo somos viejos conocidos. Por consiguiente, no confío en que estés de acuerdo conmigo, pero sí en que me comprendas.

Cordialmente,

Jordi Pujol
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