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Michael López-Alegría: “En 2013 asistiremos al desarrollo del turismo espacial”

sábado 05 de mayo de 2012, 19:15h
Sus sueños de infancia no eran muy distintos a los de otros niños: ser futbolista, bombero, arquitecto… o astronauta. Michael López-Alegría ha trabajado para la NASA durante 17 años, acumulando un currículo intachable que pasa por tres misiones en el transbordador espacial, el reconocimiento de la Agencia Espacial y dos records: el de la misión de más duración –pasó 215 días en la Estación Espacial Internacional- y el del segundo puesto mundial en horas de actividad extra-vehicular o ‘paseos espaciales’ –cerca de 68 horas. Hace apenas dos meses, el astronauta hispanoestadounidense anunció un cierre de etapa. Dejaba la NASA para convertirse en presidente de la Commercial Spaceflight Federation, una asociación de 45 empresas privadas del sector aeronáutico y astronáutico cuyo objetivo es influir en políticas nacionales en torno a presupuestos, regulación o legislación para favorecer el desarrollo del sector. Según reconoce López-Alegría en una entrevista con este periódico, su nuevo trabajo es una “apuesta por el futuro”, ya que la falta de inversión pública y de iniciativa política hace que en el horizonte próximo en la investigación espacial, los vuelos comerciales sean una “pieza fundamental”.
Hace poco más de un mes que terminó su etapa en la NASA, tras casi 20 años. ¿Cuál ha sido el motivo de este giro en su vida profesional?
Principalmente, que el nuevo proyecto es un tema en el que creo mucho. Pienso que el futuro inmediato de nuestra política espacial nacional tiene como pieza fundamental estos vuelos comerciales. Es un ámbito que necesita de liderazgo, experiencia y credibilidad. No sé si aporto liderazgo, pero sí que traigo un poco de experiencia y credibilidad, así que creo que es una combinación buena para todos. Mi incorporación a la Commercial Spaceflight Federation es una apuesta por el futuro.

¿Desde hace cuánto llevaba pensando en darle otro enfoque a su carrera?
La verdad es que desde mi última misión, de la que hace ya cinco años casi, puesto que ya estaba más o menos seguro que no iba a volver al espacio. Desde entonces, buscaba otras posibilidades, pero no muy activamente. Si surgía algo que me apeteciera, perfecto, y si no, también estaba contento en la NASA. Creo que esta oportunidad no era sólo algo importante para mí, sino también para la industria, y por eso me convenció esta opción y me fui.

Desde este verano, con el fin del programa de los transbordadores de la NASA, la agencia no desarrolla misiones tripuladas propias y los astronautas estadounidenses han de volar con las naves rusas… ¿ha influido esto en su decisión? Creo que son varios los astronautas que han dejado la NASA en el último año…
La verdad es que no. Lo de que se acababa el transbordador se sabía ya con bastante antelación y ya hace tiempo que estamos dependiendo de los rusos.


López-Alegría, nada más aterrizar después de pasar en el espacio 215 días con la Expedición 14. (NASA/Bill Ingalls)


Supongo que le habrá costado tomar la decisión después de tanto tiempo…
Sí y no. Por un lado, después de 20 años siempre es difícil dejar cualquier cosa. Pero, por otra parte, ya estaba con la ilusión de un nuevo proyecto y la verdad es que, aunque echo de menos a la gente y al programa, diría que mi trabajo de ahora es más interesante. Quizás lo siento así porque es nuevo, pero lo cierto es que implica todos los días una cosa nueva y estoy encantado con eso.

De momento, el papel de la empresa privada, de los vuelos espaciales comerciales, es básicamente la de nutrir las misiones de la NASA, pero, ¿queda mucho para que asistamos a la popularización del espacio como destino turístico?
Esta es una de las cosas que estamos intentando desde la Commercial Spaceflight Federation. Hay dos puertas un poco distintas. De un lado, hay vuelos orbitales, los que llegan hasta la Estación Espacial, cuyo cliente, de momento, es la NASA. Se supone que cuando esa capacidad de dar soporte a la Agencia se normalice, habrá interés en crear más destinos, como puede ser un hotel u otro laboratorio desde un punto de vista no estatal o gubernamental, sino privado. Para eso, aún queda un poco más de tiempo.

Pero hay otro tipo de vuelos, los vuelos suborbitales, que tienen menor velocidad, salen de la atmósfera y sólo llegan a la llamada ‘línea Karman’, la que marca el inicio del espacio, a una altitud de 100 kilómetros. Van hacia arriba, llegan al espacio, experimentan unos cinco minutos con la falta de gravedad y luego vuelven casi al mismo sitio de donde despegaron. Este tipo de vuelos son mucho menos caros y actualmente hay cinco compañías que están desarrollando la tecnología necesaria para lograr desarrollar vuelos comerciales a este nivel. Entre estas cinco compañías, hay dos que planean llevar turistas al espacio: Virgin Galactic, del creador de la discográfica Virgin Richard Branson, y XCOR, y ambas pretenden llevar turistas al espacio por un precio que ya no es de millones, sino de unos 200.000 dólares. El desarrollo de este tipo de turismo espacial vendrá, por tanto, en un futuro no muy lejano. Supongo que en 2013 ya estaremos viéndolo.

La falta actual de programas en la NASA, ¿responde más a un problema económico o a una falta de iniciativa política?
Una cosa lleva a la otra, ¿no? La decisión de retirar los transbordadores tuvo dos partes. Una, por dinero, porque era un programa muy costoso y que, de alguna manera, impedía el desarrollo de otros programas de exploración del espacio más profundo, como el de Marte. Desarrollar un programa para Marte cuesta mucho dinero y ya estaban gastando mucho en el transbordador.

Por otra parte, también hubo una cuestión de seguridad. El transbordador tiene unos fallos de diseño que lo hacen un poco peligroso. Como se acopla al depósito externo, no por encima, sino de lado, es posible que caigan fragmentos durante el lanzamiento, como pasó en 2003 con el Columbia, del que ya sabemos el final. Se decidió terminar la construcción de la Estación Espacial porque sin el transbordador hubiera sido imposible, pero después, la seguridad y el dinero llevaron a terminar el programa y usar un poco de ese dinero para invertir en programas nuevos como el de Marte.


López-Alegría posa junto a otros dos compañeros en la Estación Espacial Internacional en Navidad. (NASA)


En su juventud, durante la carrera espacial, ¿había un mayor interés por el espacio entre la sociedad? ¿Le daba aquello mayor emoción o visibilidad al asunto de la investigación espacial?
No creo que haya disminuido el interés. Yo creo que hay tanto interés como antes, e incluso más, puesto que en la selección de astronautas para la NASA de este año se ha triplicado el número de aspirantes con respecto al año pasado. Creo que no es necesario un factor de inspiración que pase obligatoriamente por la política. Quizás los motivos del interés sí son un poco distintos, pues ahora tiene que ver más la paciencia, el deseo de explorar, y no con la guerra del espacio… pero el interés sigue siendo importante.

En este sentido, con Rusia y EEUU en colaboración actualmente, ¿dónde ve a China? ¿Cree que podría arrancar una nueva carrera espacial?
Está claro que los chinos tienen mucha ambición en este ámbito y que están desarrollando la tecnología necesaria para llegar a ser un país de primer nivel mundial en cuanto al sector espacial. Como el contexto actual no es el mismo que el de entonces, en plena Guerra Fría, no sé si tendrá la misma significación, pero sí es interesante ver lo que están haciendo.

¿De dónde le viene a usted ese deseo de convertirse en astronauta? ¿Quiénes fueron sus referentes?
Tengo que reconocer que yo quería ser astronauta cuando tenía seis u ocho años, pero que no es una pasión que seguí toda mi vida, como sí ha sido el caso de algunos compañeros que desde que han tenido uso de razón sólo han querido ser astronautas. Yo pasé por muchas etapas: bombero, futbolista, arquitecto… Con 25 años el sueño se despertó otra vez al leer un artículo en una revista sobre la escuela de pilotos de pruebas en la que se habían graduado los famosos Alan Shepard, que fue el primer americano en ir al espacio, Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna, John Young, el primer comandante del transbordador espacial… Toda esa gente se convirtió en mi referente.

Ha batido varios records, entre ellos, el de haber participado en la misión más larga de la historia de la NASA, de 215 días…
Sí, estamos entrenados para ello y concienciados de que vamos a pasar mucho tiempo fuera. En mi caso, la misión iba a ser de seis meses y, finalmente, fueron siete. Cuando fui a esta misión, ya había hecho otras tres antes en el transbordador, pero que sólo duraron unas dos semanas cada una. Así que mi previsión era que me iba a aburrir allí tanto tiempo e intenté ir preparado para eso. Sin embargo, al final no fue nada aburrido, siempre había cosas que hacer. Se echa de menos a la gente, tener alguna conversación, la comida… pero a la vez eres consciente de que estás viviendo una experiencia casi única en el mundo y magnífica, así que compensa.

¿Cuáles son los efectos secundarios al volver después de más de 200 días en el espacio? ¿Cómo vuelve a adaptarse uno a la Tierra?
Son varias las cosas que le pasan a tu cuerpo cuando pasas tanto tiempo en el espacio, en estado de ingravidez, y tardas un tiempo en recuperarte. Se dice que por cada día que has pasado fuera, necesitas un día de rehabilitación en la Tierra. En mi caso fue más o menos así: siete meses fuera y siete meses para estar completamente rehabilitado.

También tiene el segundo puesto del mundo en número de horas en actividad extravehiculares, es decir, en los llamados ‘paseos espaciales’. ¿En qué piensa uno cuando está en medio del espacio, sin la protección del interior de la nave?
Es una combinación interesante, porque sabes que estás viviendo una cosa excepcional y que hay una carga considerable de peligro, pero a la vez estás concentrado en lo que tienes que hacer y en el equipo que está siguiendo tu trabajo desde la Tierra. El tiempo pasa de manera muy rápida y, sólo cuando te permites tomar una pausa, reflexionar y fijarte en las vistas, te das cuenta realmente de que estás haciendo algo extraordinario. Estás haciendo ocho kilómetros por segundo, sobre la Tierra, a una altitud de 400 kilómetros, en el vacío… son cifras casi inimaginables, pero son de verdad.

¿Nunca ha tenido miedo?
No, miedo no. He sido siempre consciente de donde he estado y lo que estaba arriesgando, pero miedo no he tenido.

Pero, ¿cómo se viven desde el equipo de astronautas en activo los accidentes de naves ocurridos? ¿Afectan a la hora de afrontar la siguiente misión?
Claro que afecta, por supuesto. Siempre sabemos que hay peligro. Sólo con experimentar un lanzamiento te das cuenta de que hay fuerzas enormes en juego y que cualquier cosa puede ocurrir y, en un segundo, dejas de existir. Pero tampoco es una cosa que te obsesiona, simplemente lo tienes presente, lo asumes y haces lo que tienes que hacer.

También ha ejercido de preparador de astronautas. ¿Qué hay que tener para convertirse en astronauta?

Lo más importante es ser flexible y poder trabajar en equipo, poder relacionarse bien con otra gente, entender cuáles son sus puntos fuertes y débiles y ser compatible con ellos para maximizar la probabilidad de éxito de la misión. Todo eso se puede llamar de otra manera: ser un tío simpático. Tienes que ser competente, por supuesto, pero es muy importante la relación con la gente, y no solamente en el espacio, sino durante todo el entrenamiento. Tiene que ser gente de la que pensarías ‘esa persona me gusta, es simpática, me gustaría pasar tiempo con ella’. Quizá esa sea la característica que distingue a toda la gente que se presenta a las pruebas, que son todo personas muy preparadas, de los que finalmente llegan a ser astronautas.


El astronauta hispanoestadounidense, entrenando en una nave Soyuz, en Rusia, para la Expedición 14. (NASA)


Creo que tiene un hijo… ¿Le gustaría que él siguiera sus pasos?
Sí y no. Me gustaría que él hiciera lo que le guste. Si le gusta ser piloto, yo, encantado. Y si le gusta ser actor, que es lo que hoy en día quiere hacer, también encantado. Yo quiero que sea feliz.

A parte del espacio, ha confesado que le interesa mucho la política y la economía. En este aspecto, y visto lo visto, ¿no le entran a uno ganas de quedarse por allí arriba por un tiempo?
Sí, claro (risas). La verdad es que la parte política de lo que ahora estoy haciendo en mi trabajo es la parte que menos me gusta, porque hay muchas fuerzas en juego que no tienen nada que ver con el mérito. Esta parte tiene más que ver con compromisos o favores… aunque supongo que esto pasa en muchos otros sectores cuando se habla de presupuestos federales… Es un ámbito en el que las leyes de la Física no son tan importantes como las leyes de la política.

A parte de eso, resulta muy interesante en estos momentos económicos difíciles saber cómo funciona el mundo y ver cómo entran en juego las fuerzas políticas y económicas junto a las técnicas en Washington. Esto es algo de lo que antes no tenía que preocuparme y que ahora forma parte de mi trabajo. A veces puede ser frustrante… pero así es cómo funciona el mundo y hay que aprender.

Según su experiencia, las entrevistas que ha concedido en todos estos años, las dudas que le han preguntado… ¿cuál es el mayor cliché o tópico sobre los astronautas o los viajes espaciales?
Me sorprenden sobre todo dos cosas. Primero, la cantidad de gente que duda de que hayamos llegado a la Luna, que piensa que fue todo un montaje en un escenario. Y, por otra parte, que hay mucha gente interesada en si hemos visto extraterrestres, si hemos tenido contacto con ellos… Es significativo que lo que para mí es realidad a otras personas les parece extraño o increíble… eso me sorprende.

Pues, por hacerle un homenaje a estos clichés, personalmente, ¿cree que hay vida extraterrestre?
Depende mucho de cómo definamos ‘vida’. Seres similares a los humanos me parece muy difícil que haya, pero puede haber una forma de vida orgánica que consuma oxígeno, por ejemplo… No sé cuál es la mejor forma de definir, en sentido estricto, la vida, pero lo que sí está claro es que la inmensidad y la variedad del universo te hace pensar que no es lógico que seamos los únicos.

¿Qué cree que es lo que más va a echar de menos de su etapa en la NASA?
Creo que la amistad que tenía con mis compañeros. A mi edad, no es tan fácil tener compañeros, de igual a igual, sin que sean tus superiores o tus subordinados. Por ejemplo, ahora como presidente de la Commercial Spaceflight Federation, sólo soy uno, sólo hay un presidente, no tengo tanta gente con la que tomar una cerveza… Además, la gente de la NASA es gente muy preparada, gente muy interesante… Creo que lo que más echo de menos es la gente, sí.
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