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La absurda censura

domingo 06 de mayo de 2012, 19:18h
Los espectadores que seguimos, en la noche del 30 de abril, la retransmisión de los premios Max nos quedamos, no ya sorprendidos, sino escandalizados, al ver cómo la emisión (que era en diferido aunque nada se dijo al respecto) rompía el hilo de la gala y generaba una serie de saltos que impedían escuchar el discurso completo de algunos de los galardonados.

Si todos los cortes fueron intolerables desde el punto de vista de la libertad de expresión y de la libertad de expectación (que también debiera contar), alguno fue de una evidencia y un descaro que demuestran la escasa inteligencia (por no referirme al escaso conocimiento técnico que demostró) del manipulador. José Sanchis Sinisterra, autor y animador teatral conocido y reconocido en muchos países, cuya dedicación a lo que pudiéramos llamar teatro de base, con estudiantes, profesores, emigrantes, etc. complementa con una acción directa su importante escritura dramática, obtuvo un galardón al centro de actividades teatrales denominado “La corsetería” que sostiene con generosidad en un local próximo a la plaza madrileña de Tirso de Molina. Subió a recoger el premio acompañado por dos colaboradores, cada uno de los cuales, como él mismo, llevaba una cuartilla en la mano con un breve texto para leer. Cuando el dramaturgo terminó el agradecimiento y la presentación, un efecto de montaje privó a los espectadores de lo que pudieran decir los demás. Lo mismo sucedió con el autor Alfredo Sanzol, interrumpido en medio de su parlamento, y con Salvador Sunyer, director del festival de Gerona, al que se le cortó en mitad de una frase.

No puede argumentarse que la emisión TVE tenía que ajustarse a un horario, porque otras intervenciones desprovistas de cualquier interés fueron mantenidas íntegras y porque no puede ser casualidad que, preguntados varios asistentes a la gala, todos ellos coincidan en que los interrumpidos en la retransmisión fueron especialmente críticos con la situación en la que quedan las manifestaciones culturales tras los recortes que se ha visto necesitado de hacer el gobierno.

Es comprensible que los ministerios necesiten reducir gastos y consideren suprimibles determinado tipo de actividades, pero la elección de las que se decida suprimir es siempre discutible, se elijan las que se elijan. El articulista tiene su opinión y tal vez las exponga en otro escrito, lo que no cree aceptable es que se suprima también la posibilidad de discutir, la expresión de las reivindicaciones de aquello que a parte de la población le parezca importante.

El gobierno (entendiendo por tal no sólo al Presidente y a sus ministros, sino también a todos su agentes) debe comprender que la democracia significa aceptar las críticas (máxime si se pronuncian educadamente y a cara descubierta) y que, aun suponiendo que no hubiera instrucciones para cortar la imagen en esas ocasiones precisas, nada desprestigia más a un gobernante democrático que la sospecha de censura. Por eso, una explicación es necesaria, pero que no se haga a través de TVE y con el mismo técnico, no vaya a ser que la corten a mitad de frase.
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