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La carrera hacia al Eliseo (VII) : El desenlace

domingo 06 de mayo de 2012, 21:33h
Tenemos nuevo presidente. El socialista François Hollande acaba de vencer en las elecciones presidenciales a Nicolás Sarkozy por un margen algo más estrecho de lo esperado (51,9 frente a 48,1 a estas horas de la velada electoral).

No hay sorpresas. Desde hace más de un año los sondeos otorgaban la victoria al candidato socialista, sea quien sea. Dominique Strauss-Kahn conseguía un 60% de las intenciones de voto en mayo de 2011. François Hollande, tras su victoria en las primarias, alcanzó los 62% en los sondeos (octubre de 2011). Al final, y es normal en un sistema bipolarizado, las fuerzas se han equilibrado pero manteniendo la ventaja para una izquierda que anhelaba la victoria… tras tres derrotas consecutivas en las presidenciales de 1995, 2002 y 2007.

¿Cuáles son las primeras conclusiones que podemos sacar del resultado de esta noche?

Desde el punto de vista político y electoral, el análisis de la campaña que se hará con más detenimiento, subrayará seguramente el papel clave de la primarias ciudadanas que los socialistas han organizado. En los estatutos del partido presidencial saliente UMP, estaban previstas las primarias… pero no se han celebrado. El bonapartismo de la derecha francesa le ha jugado una mala pasada. La energía de Sarkozy en la campaña hubiera podido ser utilizada con antelación y cambiar su propia trayectoria posterior… En 2017, ¿se someterá Hollande a las primarias? El bonapartismo no es exclusivamente de derecha, es consustancial a las instituciones de la Va República.

François Hollande ha hecho una campaña a la Rajoy… prometiendo lo menos posible, hablando mucho para decir poco. Sabe que se enfrenta a un país en crisis en una Europa también en crisis (y veremos el lunes por la mañana la reacción de los mercados a la nueva situación griega bastante mala para toda Europa. Nos espera una semana de infarto).

La segunda vuelta no puede borrar los resultados de la primera vuelta que han revelado el país fragmentado política, cultural y socialmente que hoy por hoy es Francia. Vamos a tener elecciones generales el 10 y 17 de junio. Según la lógica, van a confirmar la victoria socialista sobre todo porque la extrema derecha va a intentar derrotar en las urnas a la derecha de Sarkozy.

Toda derrota es un trauma. La derecha francesa entra hoy en un proceso de recomposición complicado. La clave de nuestro sistema institucional es esta elección presidencial que hace de la cuestión personal, el problema del liderazgo, la cuestión esencial… pasando por alto las cuestiones ideológicas. El Partido Socialista ha sabido sutilmente después de la derrota de 2007 poner entre paréntesis esta cuestión…

Apuesta ganadora. ¿Será la derecha francesa capaz de hacer un ejercicio de modestia paralelo? Francamente, lo dudo.

Hablemos ahora del nuevo presidente y de sus retos.

En el comentario de las primarias que publiqué en El Imparcial había concluido así : “Parafraseando a Churchill hablando de Attlee, un taxi vacío se ha parado delante de la sede del Partido Socialista francés. Se ha bajado de él François Hollande…”. Tengo que corregir esta apreciación. De este taxi se ha bajado un imitador de François Mitterrand.

A estas horas, nos están mostrando imágenes de Hollande en su despacho mirando a la alocución de François Mitterrand en 1981… para inspirarse para la suya de esta noche. Durante la campaña ha imitado a Mitterrand en las posturas, el tono… y en la estrategia. Hollande representa el ala derecha del partido y gana haciendo una campaña a la izquierda. Otra vez, apuesta ganadora desde el punto de vista táctico. Inmenso error estratégico. Porque ahora nos toca levantar el país, nos toca reformarnos – ¡vaya trabajito! – y no se puede haber hecho una campaña izquierdista sabiendo que la política que habrá que llevar será una política razonable, austera y difícil. No ha habido pedagogía en esta campaña por parte de Hollande.

Ahora bien, Hollande tiene su destino en sus manos. O se convierte en la réplica del cínico Mitterrand – y lleva la izquierda francesa a una derrota segura en 2017 con consecuencias políticas incalculables – o elige ser el Pierre Mendès-France o el Jacques Delors de la izquierda democrática francesa. Hollande tiene el deber de romper con la tradición izquierdista francesa por moralidad política. Debe reinventar la izquierda… y hasta ahora el único que lo ha hecho ha sido Gerard Schröder, y no es exactamente un modelo para la social-democracia europea.

Esperemos que esta fiesta democrática que son las elecciones, la dignidad de Sarkozy reconociendo su derrota, la naturalidad de la alternancia y la fuerza de nuestras instituciones nos ayuden a hacer de este quinquenio que empieza un quinquenio útil para los franceses, para Francia y para Europa.
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