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Declaración de guerra

miércoles 09 de mayo de 2012, 21:14h
En Grecia, el número de suicidios como consecuencia de la desesperación provocada por la crisis, alcanzó la semana pasada las 300 personas, casi todas ellas pertenecientes al mundo empresarial. Al mismo tiempo, la mendicidad se ha disparado de forma alarmante sin que el Estado en cuanto tal tenga capacidad para salir al paso de tantos hombres y mujeres, pero sobre todo niños y ancianos, sometidos al hambre y a la carestía más humillante. Vivir en ese país, cuna de la democracia occidental y tan poco tenido en cuenta por las potencias dominantes, acabará por resultar una heroicidad cotidiana. Y los políticos no parecen contar con medidas factibles para solucionar una situación ante la que la Unión Europea ya se muestra escéptica de encontrar solución viable. Grecia, así, es candidata a abandonar la aventura europea y también la moneda única. Un auténtico desastre de difícil solución.

Estamos ante las primeras víctimas de la crisis. Víctimas personas, que es lo más alarmante. Víctimas familiares, que es lo más desestabilizante. Víctimas empresariales, que es lo de mayores repercusiones económicas. Víctimas estructurales, que es lo de mayores consecuencias históricas. Víctimas, en fin, de toda naturaleza, que hacen de una nación históricamente gigantesca un pozo de miseria actual y futura individual y colectiva. ¿Seremos capaces de solucionar los europeos esta catástrofe que debería humillarnos a todos? Tengo mis dudas.

Lo que suceda en España es un tanto misterioso, porque seguramente se ha optado por el silencio informativo para no alarmar. Pero de seguir así no tengo la menor duda de que comenzará a pasar. De suyo, solamente Cáritas y una serie de instituciones públicas y privadas, pero de menos entidad, evitan que la situación se desboque. No basta evitar la quiebra macroeconómica. Mucho más urgente es salir al paso de la impotencia de nuestros conciudadanos que debiera golpearnos hasta quitarnos el sueño. Por ahí comienza la verdadera solidaridad nacional. Por estar junto a las víctimas de la crisis.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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