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Muerte civil

jueves 10 de mayo de 2012, 21:33h
Según las leyendas y Wikipedia, la muerte civil en la Antigua Grecia era una sanción que provocaba que, a efectos jurídicos, se consideraba muerta o inexistente a la persona a la que se aplicaba, aunque estuviera viva. En la práctica, era el equivalente al destierro, ya que la ciudad dejaba de proteger a la persona condenada y cualquiera podía causarle daño impunemente. Y no solamente a la persona, sino también a su cónyuge y a sus descendientes. A pesar que haber sido abolida en los códigos de casi todos los países a lo largo del s. XX, tal vez en España estemos recuperando el concepto a marchas forzadas. Lo decía hace unos días una persona afectada por el embargo de su casa por el banco: “nos condenan a la muerte civil”. No sólo a ellos sino que como rezaba la sanción, nos embargan a los padres porque avalamos a los hijos. Todos condenados.

El segundo recorte duele menos que el primero, el cuarto burofax impresiona menos que el tercero y en la decimoquinta llamada del Banco avisándote del enorme descubierto lo mismo hasta te permites un chascarrillo con el esforzado empleado bancario, tipo, pues ponlo tú, que te sabes los veinte dígitos. Y entre tanto, los escaparates se miran pero no se tocan, y el gesto se tuerce al pasar junto a una oficina del INEM, en busca del hueco en la acera para poder pasar.

Claro que podremos aguantar un poco más, que sabremos hacer de la necesidad virtud y transformar la amenaza en oportunidad, pero no tanto. El desgaste se acumula, las negativas crecen y los Bancos se han convertido en un lugar en donde para que te den cinco duros, tú tienes que contar con cien previos y dos amigos que te avalen. Lo explica mucho mejor que yo Julio Camba en sus artículos, allá por 1950.

Que esté explicado de antiguo, y que suela repetirse no le resta importancia, sólo aporta peso a los argumentos de los más mayores en sus miradas de reojo. La muerte civil es más efectiva en las grandes ciudades porque los estímulos/necesidades te asaltan, pero el aislamiento al que conduce es internacional. La voluntad también podría ser internacional pero parece funcionar mejor hacia los que se llaman con siglas que a los que tenemos nombre y apellido. Sorprendente, pero en algún foro, no sólo no he visto comprensión hacia lo que sucede sino ensañamiento con el que no puede pagar la cuota de su casa. Lo dicho, hay mucha más gente de lo que puede pensarse, que clama por el restablecimiento de la pena de muerte civil en nuestra legislación.
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