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El machismo, gran verdugo en América Latina

Sí, allí también nos maltratan, nos ultrajan y nos matan. Es América Latina una “zona roja” de violencia contra las mujeres. Según informes de la ONU, Latinoamérica "sufre de esta pandemia mundial de violencia contra la mujer". Aunque las cifras existentes no evidencian la magnitud real del problema, ya que muchas mujeres no denuncian, principalmente por miedo, la violencia de género afecta a entre el 30% y el 60% de las mujeres, según el país.

Haciendo un escalofriante recorrido geográfico por América Latina, desde México y hasta Argentina, de las mujeres que han denunciado abusos de su pareja actual o su ex pareja o han sido víctimas mortales de la violencia de género, encontramos que: en los últimos siete años más de 3.200 mujeres guatemaltecas han sido raptadas y asesinadas, la mayoría violadas, torturadas y mutiladas. En Costa Rica, 58 de cada 100 mujeres son víctimas de algún tipo de violencia machista. En México, el 35,4% de las mujeres ha sufrido violencia ejercida por su pareja. En República Dominicana (2002), el 21,7%; en Nicaragua (2002), el 40%; en Colombia (2004), el 39%; en Perú (2004), el 42,3%; en Ecuador (2004), el 31%; en Bolivia (2003) el 52,3%. En Bahamas en el 2002, la muerte de mujeres por violencia machista significó el 53% del total de asesinatos. En Venezuela, cada 10 días una mujer muere como consecuencia de la violencia de género. En Brasil, el 33% de las mujeres ha sido objeto de violencia física con armas de fuego, agresiones y violación conyugal. En Uruguay, entre enero y mayo del 2007, las denuncias por violencia doméstica subieron un 55,6% respecto a las del mismo período del año anterior. En Chile, el número de mujeres asesinadas, la gran mayoría por sus parejas actuales o anteriores, fue en 2001 de 35 casos; en 2002, 49 y en 2006, 51. En Buenos Aires, se estima que una de cada tres mujeres es víctima de violencia y los crímenes contra mujeres constituyeron entre el 78% y el 83% de los delitos de violencia registrados entre 1999 y el 2003.

Hemos visto como su visibilidad pública, su denuncia y su registro han aumentado en los últimos años; se trata de un paso importante en el control, pero es el primero. En salud, las primeras acciones surgen ante la aparición de los casos. Pero se trata de un problema que lleva años y años, perpetuado por la tolerancia social, el silencio, y la impunidad. Todas las formas de violencia de género están alimentadas por arraigados estereotipos machistas, prejuicios y desvalorizaciones de la mujer. Sorprende, además, la incipiente solidaridad de los hombres con las mujeres violentadas.

Elevar la conciencia social haciéndolo evidente hace que volvamos los ojos a la situación. Al constituirse en un problema de carácter público, las autoridades se ven en la obligación de promover la erradicación de uno de los crímenes más generalizados en el mundo y de acabar con la impunidad que lo acompaña. Pero las acciones, muchas se encaminan a la atención, y las propuestas de carácter preventivo han sido de corto aliento porque no se logra evidenciar la verdadera causa de la situación, ya que se trata de entrar en el espacio en el que se determina cómo somos con el otro, ante lo que me surge una elemental pregunta: ¿Será que no sabemos amar? Amar a alguien no es ser su dueño y al no sentirlo así no tenemos por qué pensar que es posible disponer de ese ser, de esa vida.
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