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Crónica económica

Varias respuestas a la crisis del euro

jueves 17 de mayo de 2012, 20:05h
¿Necesitamos más Keynesianismo? ¿Necesitamos una política de verdadera austeridad? ¿O lo que necesitamos es el apoyo del BCE mientras se realizan los ajustes? Hay propuestas para todos los gustos.
Marcus Miller y Robert Skidelsky (el gran biógrafo de Keynes) han escrito recientemente un artículo en el Financial Times en el que explican “Cómo Keynes habría solventado la crisis de la eurozona”. El artículo, pese a ser una pretendida ucronía, no les exige mucho esfuerzo de imaginación porque la solución que se le dio a la crisis desde el comienzo fue el keynesianismo. Lo que ha ocurrido, claro está, es que los países europeos se vieron sobre una moto yendo hacia el borde del precipicio, como en Quadrophenia, y se echaron atrás. Han optado por una fórmula mixta, entre el menor gasto, o el menor crecimiento del gasto, y el aumento de los impuestos. Los pocos países que sí han adoptado por la austeridad, los que han recortado el gasto y sólo han recortado el gasto, están creciendo. Veronique de Rugy, a la que citamos en aquélla crónica, ha destacado también el ejemplo de Suecia.

Todos esos ejemplos no entran en las consideraciones de Miller y Skidelsky. Identifican a los países que suben los impuestos con los que han optado por la austeridad, y hacen la siguiente consideración: “Los efectos económicos de esta política se hacen más claros cada día: A diferencia de los Estados Unidos, a diferencia de los BRICs (Brasil, Rusia, India y China), Europa ha dejado esencialmente de crecer. Y hay poca esperanza de que vuelva a crecer en un futuro cercano. Ni, evidentemente, sus problemas se han arreglado. Dado que el colateral de la deuda soberana es la capacidad de pago de sus ciudadanos, la recesión y el desempleo mina su capacidad de servir la deuda”.

David Howden, desde el Instituto Mises, propone un camino distinto. Opuesto, incluso. Se fija en el catastrófico caso de Islandia, en el que hubo una contracción monetaria brutal, y señala: “la quiebra real causó que el gobierno de Islandia redujera sus gastos dramáticamente. En lugar de continuar alimentando una situación insostenible, los islandeses se ajustaron el cinturón y han cambiado sus déficit públicos por superávit”. Dura medicina.

Según David Lipton, subdirector gerente del FMI, sería válida una política mixta. Recortes en el gasto, por un lado, pero “la política monetaria debería seguir respaldando claramente la actividad económica, los bancos deberían recapitalizarse para que el desapalancamiento deje de frenar el crecimiento, y deben acelerarse las reformas estructurales para estimular el crecimiento a mediano plazo”.
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