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¿México sigue la evolución económica española?

jueves 24 de mayo de 2012, 20:39h
“México es hoy el principal inversionista y socio comercial de España en América Latina, mientras que España es el principal inversionista y segundo socio comercial de México dentro de la Unión Europea”.

Este párrafo publicado en la página de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México (http://saladeprensa.sre.gob.mx/index.php/es/discursos/1528-015) no deja lugar a dudas: España y México juegan un papel primordial en el desarrollo de sus respectivas economías. Refleja el resultado de la reunión efectuada en Madrid el 23 de mayo de 2012.

Las fotografías expuestas en la página del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España lo constatan: hay una extraordinaria e inmejorable relación entre España y México documentando la ceremonia efectuada en el marco de la X Comisión Binacional México-España celebrada en el Palacio de Santa Cruz en Madrid (http://www.maec.es/es/Home/Paginas/Portada.aspx). No hay precedentes, como calificara a la excelente relación bilateral la ministra de exteriores mexicana Patricia Espinosa Cantellano. Así se refrendó el pasado 23 de mayo en Madrid.

En efecto, el profundo y fluido intercambio existente en estos momentos entre España y México es acaso el mejor de toda su historia común, próxima a cumplir quinientos años.

Y por lo mismo, dadas las condiciones bilaterales existentes y las circunstancias económicas españolas, es increíble que en México, al menos, muchas veces no se tomen tan en serio tales circunstancias y ni se vea a veces tan cercano el complejo panorama económico español que de entrada, hay que mencionarlo, un día sí nos da noticias tremendas y otro esperanzadoras, pero que en resumen desde este otro lado del Atlántico, percibimos como una realidad económica inestable.

Más que eso, acaso en ambas orillas del océano aún no hemos caído en la cuenta de la realidad que describe puntualmente el párrafo con el que inicia este columna. Deberíamos ser más conscientes de que la fortuna de España es en mucho, nuestra fortuna y viceversa. De allí que la cooperación bilateral es menester y resulta insalvable asumir su importancia.

Aquí en México no siempre se toma en serio ni se le presta toda la debida atención a las condiciones por las cuales atraviesa España y no se cae en el entendido de que en una economía globalizada y especialmente complementaria como los son la española y la mexicana, la suerte de la una bien que puede afectar profundamente a la otra. De ida y vuelta, sin duda.

Pese a todo, México es consciente eso sí, de que una severa crisis española agravada en el contexto de la Unión Europea y con el trasfondo de Grecia por ejemplo, lo afectaría de forma inmediata, pero aquí acaso falta ser verdaderamente conscientes de que ese indeseable golpe dado de frente a la economía mexicana no sería repentino, y por lo tanto, más valdría estar mucho más atentos a estudiar los antecedentes y el devenir de los acontecimientos que componen la asignatura económica que se le va planteando a España, pues su feliz resolución redundaría en la tranquilidad de los mexicanos, ya no digamos de los españoles. Así de claro, así de simple.

Y así las cosas, los sucesos económicos españoles deben ser vistos con la cercanía que el caso amerita, pues están presentes en la realidad económica mexicana dados los enormes nexos de inversión, comercio e intercambio de muy diversos rubros que sostienen ambos países. No cabe el desconocimiento o la indiferencia mutuas.

Y en el marco de esa realidad de entendimiento entre ambos países –manifiesta por ambos gobiernos en Madrid el 23 de mayo de 2012– es que se han visto reflejados en el anuncio de nuevos e importantes convenios de cooperación que abarcan diversos asuntos que van de la cultura a combate al crimen organizado. Acaso también ha sido el momento oportuno para poner sobre la mesa algunos aspectos particularmente sensibles a México. Ha sido muy representativo que el gobierno español anunciara en boca del ministro García-Margallo que se revalorarán temas migratorios puntuales como la portación de la llamada e impopular “carta de invitación”, que es un requisito exigido a los ciudadanos mexicanos que visitan amigos y parientes en la Península sin alojamiento hotelero y que está denunciada como farragosa por ambas partes. Ha sido una ocasión oportuna de la parte mexicana para jugar esa carta y avanzar en su solución que propiciaría mayores intercambios y un aumento de turismo mexicano ala Península. No es poco el beneficio. La plata es la plata.

En todo caso, no pudiendo ser indiferentes al curso de los acontecimientos económicos, la verificación de la cumbre de Madrid nos debe llenar de beneplácito a los dos países, pues no ha sido ni mucho menos intrascendente, puesto que refleja como ya apuntábamos, no solo el buen estado de las relaciones bilaterales, sino que ratifica el compromiso de colaboración y de apoyo que ambas partes se brindan y que ha sido especialmente valorado como positivo. En ese contexto, todo esfuerzo por ampliar la estrecha relación, aminorar trabas y fortalecer oportunidades prevalecientes, es y será muy bien recibido y debe de felicitarse en ambas orillas del charco.
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