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El enigma del desempleo español

William Chislett
sábado 26 de mayo de 2012, 18:36h
¿Como se explica que España, con la tercera parte del total de desempleados existentes en la zona euro (5,6 millones de los 17,3 millones de parados), no esté en pie de guerra contra su Gobierno? España genera el 11% del producto interior bruto (PIB) de los 17 países de la zona euro y su tasa de desempleo es del 24%. La situación es aún peor para los jóvenes, cuya tasa de desempleo (para los que tienen entre 15 y 24 años) ha sobrepasado el 50%.

Hace más de una década mi amigo el gran sociólogo Víctor Pérez-Díaz explicó en su libro “España puesta prueba” la capacidad de España de (sobre) vivir en este tipo de condiciones (la tasa de desempleo rondaba el 20%) de la siguiente manera, llamándolo “la sociedad de las cuatro esquinas” en referencia a un juego infantil.

“Se trata de la curiosa alternancia de muchas gentes, sobre todo jóvenes, entre cuatro estaciones: la ocupación en un puesto de trabajo en precario; la ocupación en la economía sumergida; el paro de condición de recibir subsidio de un tipo u otro, en circunstancias que permiten a la gente formular su experiencia como la de ‘trabajar en paro’; y el aterrizaje en un puesto estable; a falta de todo lo cual, queda el individuo en el centro de la escena, en condición de paro propiamente dicho, puro y duro, viendo a los otros correr de una esquina a la otra.”

Hoy, el desempleo es mucho peor en términos relativos y absolutos, y no hay luz en el túnel. Según un ejercicio de previsión a largo plazo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hecho en 2011, habrá que esperar 15 años para que la tasa de desempleo en España vuelva al nivel “bajo” previo a la crisis, de alrededor del 8%. Para la mayoría de los países desarrollados, sin embargo, tal nivel es alto.

Los primeros en perder sus puestos de trabajo han sido los contratados temporales (sobre todo en el sector de la construcción), los subsidios se están recortando y los puestos estables son un sueño. Lo que queda es la economía sumergida que, a diferencia de la economía oficial, está creciendo pero no tanto como para poder absorber todos los desempleados.

Se estima que la economía “negra” podría representar hasta la cuarta parte del PIB español, en cuyo caso el número de parados, en un ejercicio muy simplista, sería de unos 4,2 millones (19%) y no 5,6 millones. Aún así la tasa es el doble del promedio de la zona euro.

Además, a diferencia de los años 80 y 90, cuando no existía la locura del ladrillo, los jóvenes que han perdido sus puesto de trabajo en el sector de la construcción están poco capacitados para otros empleos, por haber abandonado sus estudios sin haber conseguido, al menos, un título de bachillerato o de formación profesional. Aún en 2011, la tasa de abandono escolar temprano era del 26,3% para las personas entre 18 y 24 años (alcanzó el 32% en 2004 en pleno auge de la economía).

Hay una quinta y nueva “esquina” – la emigración. En 2011, 62.611 españoles emigraron en comparación con 36.967 en 2010, y en el primer trimestre de este año el número era de 27.004, más del doble del mismo periodo de 2011, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El número total de emigrantes en 2011, incluyendo el retorno de inmigrantes a sus países de origen, era 507.740 104.727 más que en 2010.

Lo que no ha cambiado, o poco, es la familia, la piedra angular del sistema de bienestar en España, y mientras esto sea así el país sobrevivirá.

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William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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