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crítica de cine

Cuando te encuentre: el destino de Zac Efron

domingo 27 de mayo de 2012, 14:45h
Mientras Zac Efron está estos días en el Festival de Cannes para presentar junto a sus compañeros de reparto, Nicole Kidman y Matthew McConaughey, su último trabajo, la polémica cinta titulada “Paperboy”, llega a España “Cuando te encuentre”, otro paso más del actor californiano en su carrera desde un punto de partida, el de estrella juvenil, que no siempre ayuda a triunfar en la edad adulta. Efron se encuentra, precisamente, en ese momento de transición y, aunque es evidente que cuenta con una legión de fans que le sigue desde High School Music y crece con él, ahora es el turno de demostrar que es capaz de evolucionar para ganarse al público que todavía no le conoce. Pero no es el filme dirigido por Hicks, el que vaya a hacerle subir ese escalón. Como mucho, podría decirse que le permite quedarse donde está: en un chico guapo, con intención de seguir enamorando a las jóvenes que, por otra parte, seguro que no quieren “perderle” en papeles más dramáticos, alejados de su imagen de hombre ideal. Quizás, simplemente sea demasiado pronto y haya que esperar a Paperboy.

En todo caso, su papel en esta última adaptación cinematográfica de una novela del escritor best-seller Nicholas Sparks es, sin duda, un paso coherente en su carrera de galán y, cómo no, importante. Puede que, especialmente fuera de Estados Unidos, las historias de Sparks nos parezcan, a muchos, poco creíbles y harto empalagosas pero, al igual que sus novelas, las películas basadas en ellas cuentan con un público fiel y, al final, da bastante igual lo que pueda decir la crítica, si las entradas se venden en taquilla. Después de “Mensaje en una botella”, “El diario de Noa”, “Un paseo para recordar” o “La última canción”, todos sabemos ya lo que le gusta contar a Sparks y, sobre todo, la forma en la que Hollywood quiere llevar a la pantalla esas historias de amor, destino y valores tradicionales, típicamente norteamericanos. Aún así, hay ejemplos mejores y peores. Por desgracia, a Zac Efron le ha “tocado” uno de los peores. Aquí ya no se trata sólo de que la historia sea bastante manida y, curiosamente, también increíble. No. Lo peor en este caso es la forma en la que se ha adaptado la historia, la estética de anuncio de champú Timotei que marca toda la cinta y la interpretación de unos personajes que, pareciendo recortables de papel o, como mucho, marionetas de madera, resultan incapaces de provocar las emociones que, seguramente, sí consigue hacer sentir la novela de Sparks. Por algo es uno de los narradores de historias más aclamados del mundo, que ha logrado colocar siete de sus títulos en lo más alto de la lista de best-sellers del New York Times y ha vendido más de 50 millones de ejemplares de sus libros en todo el mundo y en más de 40 idiomas.

En The Lucky One, título original de este drama tan desafortunadamente convencional, Zac Efron interpreta a Logan, un ex marine de 25 años con tres misiones en Irak a sus espaldas, que regresa a casa después de haber salvado milagrosamente la vida gracias a la fotografía de una mujer, que encuentra en mitad de los escombros de una emboscada. Desde ese momento, es lógico que la foto de la chica le acompañe a todas partes y que, cuando vuelva a su país, lo primero que haga sea buscar en internet la imagen de fondo que aparece en la fotografía. Identifica el lugar y va a buscarla; en principio, sólo para darle las gracias. Pero, cuando encuentra a Beth, a quien da vida Taylor Schilling, el curtido ex marine se queda sin palabras. Ella es una joven y guapa divorciada que vive con su hijo y con su abuela en una granja, igualmente, de bucólico anuncio, donde se encargan de cuidar y adiestrar a perros. Por supuesto, el ex marido es un tipo indeseable, aunque al final, tampoco tanto, y ella tiene un doloroso recuerdo que trata de superar. Y entonces aparece Logan, igual de milagrosamente que la foto pérdida en Irak, para que ella vuelva a creer en el amor y se enfrente al duelo que aún tiene pendiente. De paso, el héroe pone en orden la casa y la granja, acaba con los complejos del crío – un tierno y tímido violinista de rizos dorados -, planta cara al pesado ex marido y hasta arregla el barco, que llevaba décadas sin arrancar.