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¿Por qué hunden a España, si quieren rescatarla?

miércoles 30 de mayo de 2012, 20:12h
Los agentes políticos europeos, de los Estados o de Bruselas, los agentes económicos y los agentes mediáticos saben perfectamente que si difunden todos los elementos negativos que pueden perjudicar a un país, lo que logran es hundirlo más. Y saben, en sentido contrario, que si se apoyan en los elementos positivos, como la voluntad de reformas, por duras que sean, dan más posibilidades de que se pueda remontar antes la situación.

Por alguna razón que no es fácil de entender, han optado por la primera opción, que es la que conduciría a un rescate de España. Un rescate, por cierto, que pagaría la misma Europa que, o lo está forzando o, simplemente, se niega a evitarlo. Porque la situación de España es mala tirando a pésima. Pero todas las dudas publicitadas por nuestros interlocutores europeos no hacen sino agravarla.

Basta con ver la jornada de este miércoles. Con la prima de riesgo disparada, una declaración de Bruselas sobre la posibilidad de un rescate bancario que no incluya el rescate estatal ha relajado la presión. A los pocos minutos, una declaración del responsable económico de la UE, Olli Rehn, en sentido contrario ha vuelto a disparar el diferencial que mide el encarecimiento de la financiación española.

¿Había cambiado la economía española en esos minutos, o sólo la percepción sobre ella? Y de eso se trata, de la percepción, en un momento en el que nadie discute que España no esté en problemas, pero sí se puede discutir por qué esos problemas se hacen imposibles de controlar, por mucho ajuste y mucha reforma que hagamos. Porque estamos en un círculo vicioso, en el que los problemas de la banca encarecen la financiación de la deuda, y ésta colapsa la actividad económica y profundiza el agujero bancario. Y así, hasta el infinito, o sea, hasta el rescate.

¿Cuál es la diferencia en que se ayude a la banca española, como se ayudó a otras, sin que sea España la rescatada? Que, en el primer caso, la responsabilidad de resarcir las ayudas es privada y sólo exigiría el control sobre esas entidades ayudadas, mientras que en el segundo caso la responsabilidad es estatal, y exigiría el control sobre el Estado. Es decir, conduciría a un supragobierno que, desde Bruselas, tutelara al Gobierno español hasta convertirlo en figura decorativa.

Control político, ésa es la cuestión. Supuestamente, para tomar las medidas que no tomaría un Gobierno soberano, pero que, en nuestro caso, no son más que las que Rajoy está impulsando contra viento y marea. Y más que haría y que hará, pues está dispuesto a todo lo que le pidan
En Europa, sea por las excusas que hemos dado con nuestros errores de gestión, o sea porque quieren garantizarse un escudo contra la crisis que se extiende por cada uno de los países, quieren gobernar España. No es una cuestión de los mercados, como se decía. Es una cuestión política. Nos han puesto en el ara sacrificial para contentar a sus dioses, más que para purgar nuestros pecados.

Eso explica por qué Francia está tan empeñada en el rescate. Y lo dijo tanto Hollande, como un asesor de Sarkozy. Y lo dice el Financial Times, que de todas las opciones siempre elige la peor, como de todos los sucesos siempre selecciona los que alejan más turistas de nuestras costas.
Aquí, en esta Europa presuntamente unida, cada uno busca sus intereses, y para muchos, esos no pasan por el de España. Porque, si quisieran ayudar a nuestro país, bastaría con que comenzaran a difundir votos de confianza, en vez de exigencias de rescate. Y da la impresión de que nuestro Gobierno está desconcertado por esa acción que no esperaba, y que, día a día, nos hunde en el abismo del que se supone que nos debían ayudar a salir nuestros socios. Porque ellos saben que un rescate estatal no es solución, puesto que agrava más, si cabe, la percepción sobre la solvencia de España. Y, por ello, amplía más la crisis, y obliga a posteriores rescates, después de destrozar nuestro tejido económico y social.

Aceptemos que nos merecemos palmetazos de Europa. Pero cuide Europa en el reparto de azotes. Porque, ¿qué se piensa en algunas cancillerías? ¿Qué los únicos con problemas son los bancos españoles? ¿Qué las únicas empresas que bajan en Bolsa son las nuestras? Que sigan jugando, y verán en el suelo a España, pero después a Italia, a Francia y así sucesivamente.

Creen que pueden evitarlo con unos emisarios europeos que intervengan, fiscalicen o directamente manden en España. Pues van apañados, porque sólo van a intervenir la ruina. ¿O es que esa intervención va a mejorar la valoración de los activos inmobiliarios, cuyo desplome está generando los agujeros que todos conocemos, como el de Bankia? ¿O va a mejorar la cotización en Bolsa de nuestras compañías, que a su vez lastra a los bancos? ¿O va a mejorar el consumo el ahorcamiento con soga de seda del IVA?

España lo ha hecho muy mal. Ha habido descontrol y derroche. Inconsciencia en el progreso. Pero es un país aún muy potente, y con muchas capacidades, con voluntad de recuperación y hasta casi con lo más difícil, consenso político y ciudadano. Y baste ver la solemne declaración de Felipe González llamando a la unidad nacional.

Es cuestión de apoyar el despegue, y no de lastrarlo con amenazas. Porque empieza a parecer que los que lo están haciendo pésimamente mal para nuestros intereses (que aún no saben que terminarán siendo los suyos) son nuestros socios, antes amigos y ahora tocados por un desprecio casi racista que no se veía desde los tiempos de Franco.
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