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Universidades

martes 05 de junio de 2012, 21:05h
La reforma de la universidad española resulta imprescindible. No parece, sin embargo, que, por el momento, el ministro José Ignacio Wert y sus asesores estén en el buen camino, ni en el nivel de las formas ni en el del alcance de los cambios. Ni la improvisación ni el cortoplacismo pueden servir hoy para hacer frente a los problemas reales del mundo universitario español.

Media decena de puntos, como mínimo, deberían ser tenidos en cuenta a la hora de plantear la gran reforma que nuestro sistema universitario necesita. Las modificaciones internas se combinan, como no puede ser de otra manera, con aquellas que afectan a un replanteamiento intelectual, esto es, en la manera de pensar la universidad. Son los siguientes:

1. La universidad no es para todos. Debemos abandonar esa idea tan enraizada en la sociedad española de que la meta de todo joven es pasar por un centro universitario. No puede confundirse la enseñanza universal y la irrenunciable igualdad de oportunidades con una sociedad de universitarios sin futuro laboral. Demasiadas universidades y demasiados universitarios no implican, necesariamente, un país más culto ni formado, sino, incluso, en ocasiones, todo lo contrario.

2. La formación profesional debe recibir una atención prioritaria. Este punto deriva lógicamente del anterior. Mariano Rajoy prometió, a lo largo de la última campaña electoral, ocuparse de este asunto con prioridad. Estaba en el buen camino. Hacer realidad esta promesa resulta urgente e imprescindible.

3. El sistema universitario requiere altos grados de racionalización. Sobre todo, en un par de sentidos: por una parte, no parece razonable mantener una universidad o más en cada provincia española, ni tampoco que en cada centro se impartan todas las titulaciones –menos universidades, con campus descentralizados, solucionarían, parcialmente, este problema-; y, de otra, deben introducirse mayores niveles de competitividad y distinción como vía para conseguir la excelencia.

4. Las universidades constituyen centros educativos, pero también de investigación. Y deben seguir siéndolo, aunque buscando fórmulas dinamizadoras. Hacer que las personas que no investiguen o publiquen tengan más dedicación docente no es una propuesta descabellada. Los criterios para ello deben ser establecidos con rigor, al margen de cuestiones jerárquicas o de antigüedad.

5. La infantilización de la universidad ha mostrado sus limitaciones y nos ha abocado, en buena medida, a la situación actual. El reinado de los psicopedagogos, que tras hundir el sistema de enseñanza de los niveles infantil y secundario, está minando seriamente el superior, debe ser abolido. El abuso de didáctica daña seriamente la salud educativa. Recuperar el esfuerzo y el estudio es imprescindible. Ofrecer bases sólidas de conocimiento y formación a los alumnos resulta fundamental.

¿Alguien va a atreverse a llevar a cabo una gran reforma del sistema universitario en España?

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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