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Crítica de arte

Hopper: testigo de la cotidianidad e intimidad de Estados Unidos

martes 12 de junio de 2012, 18:18h
El contraste de luces y sombras que emana de muchas de las obras de Edward Hopper, pintor de referencia en el arte norteamericano del siglo XX, es una de las características fundamentales de su estilo, vinculado al realismo moderno y centrado en representar escenas de interior cotidianas de la vida americana, aunque tampoco faltan paisajes, casas o vistas marítimas. Galería de fotos.
Presentada como la más amplia y ambiciosa selección de la obra de Edward Hopper, la exposición que alberga el Museo Thyssen sobre la obra del pintor estadounidense se presenta como una oportunidad indudable para percatarse de cuál ha sido la evolución de este artista vinculado al realismo moderno. A través de 73 obras, entre las que se incluyen las de otros pintores como Félix Valioton, Walter Sickert, Albert Marquet o Edgar Degas, el recorrido propuesto reúne un compendio de trabajos en los que el juego entre luces y sombras se manifiesta como un recurso habitual del artista, así como una paleta rica en tonalidades y el contraste entre lo rural y lo urbano.

Ya en las primeras trabajos de Hopper, fechados entre 1900 y 1924, es posible observar las claves de su obra, ya que incluyen interiores, escenas marítimas, paisajes o casas. Casi como si se tratara de un ojo que todo lo ve, el artista nacido en 1882 se interesó por retratar el comportamiento cotidiano de los ciudadanos estadounidenses en el interior de sus hogares. Es algo que se constata en El apartamento, en el que la linealidad que resulta de dibujar la estructura arquitectónica de la casa es un elemento a destacar, lo mismo que en el lienzo que muestra a una costurera frente a una ventana por la que entra una luz casi cegadora, lo que viene a ser un recurso muy habitual en su trayectoria.

La cantidad de casas que pintó denota su interés no sólo por las posibilidades pictóricas de representarlas, sino también por la arquitectura. Las situó en un ambiente rural o marítimo, sin olvidar la cantidad de ellas inscritas en un escenario urbano, lo que distinguió y continúa distinguiendo su obra. A la ciudad dedicó lienzos, acuarelas y grabados, en los que dibujó paisajes industriales, trenes o escenas cotidianas en las que la arquitectura siempre, o casi siempre, domina el lenguaje pictórico. En Pavimentos de Nueva York, pese a que es posible distinguir a una monja empujando un carrito de bebé mientras lucha por avanzar contra el viento, lo que verdaderamente predomina es la representación arquitectónica del edificio que sirve como telón de fondo en el lienzo.
En su etapa de madurez, a partir de 1925, Hopper centró su mirada todavía más en temas vinculados con el modo de vida en Estados Unidos. En Habitación en Nueva York, contrasta la luminosidad de la pared verde del interior de la estancia, en la que un hombre lee mientras una mujer toca el piano, con la negritud del marco arquitectónico que representa el artista sirviéndose de la fachada del edificio. Los rostros de los personajes no es posible distinguirlos, ya que la pincelada de Hopper evitó hacerlo. No ocurre lo mismo en Oficina de noche, en la que sí es posible hacerlo, ni en Mañana en una ciudad, en la que la representada, desnuda frente a la ventana, muestra una gran robustez anatómica.

Este modelo de mujer solitaria en una estancia privada se repite en otras obras de Hopper, como en Sol de mañana y Habitación de hotel, en donde una mujer sentada sobre la cama lee una carta mientras sus pertenencias descansan en un sillón colindante, aunque no se sabe si porque está a punto de partir o, si bien, porque acaba de llegar.

Así pues, la luz, la sombra, lo rural, lo urbano, la cotidianidad, la introspección de los representados y, como curiosidad, la cantidad de lectores que pueblan sus obras son algunas de las claves para entender la obra de quien está considerado uno de los pintores de mayor relevancia del arte estadounidense del siglo XX.

Información sobre la exposición:

Lugar: Museo Thyssen.

Fechas: del 12 de junio al 16 de septiembre.

Horarios: lunes de 10:00 a 19:00 horas / martes a sábados de 10:00 a 23:00 horas.

Entrada exposición temporal general 10 euros, entrada reducida, 6 euros, y entrada gratuita para menores de 12 años y desempleados.
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