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José María Sert, artista moderno

lunes 18 de junio de 2012, 22:05h
José María Sert (1874-1945) es, en la actualidad, un artista poco conocido. Sin embargo, en la primera mitad del siglo XX, fue un personaje célebre, que se codeaba con los grandes del arte y de la política y al que los encargos, institucionales o individuales, no faltaban en absoluto. Decoró, entre muchos otros sitios, la catedral de Vic –con tres proyectos, el segundo de los cuales, destruido en los días revolucionarios de 1936-, el ayuntamiento de Barcelona, la iglesia de San Telmo en San Sebastián, el palacio de la Magdalena en Santander, la sala de música de la princesa de Polignac en París, el hall del Rockefeller Center de Nueva York o la sala del consejo del Palacio de las Naciones de Ginebra. Y, también, muchas mansiones particulares de la buena sociedad europea y americana, como la capilla del palacio de los Alba en Madrid –también destruida en 1936-, la biblioteca de Francesc Cambó en Barcelona o el comedor de Alexis Mdivani en Venecia.

Sert se instaló en París, en 1900, y desde allí se movió por todo el mundo. Fue un gran decorador, que supo encontrar una vía artística propia, lo que le convirtió, por un lado, en un autor famoso y rico en vida; y, de otro, en un autor criticado y olvidado a su muerte, sepultado por el triunfo de las vanguardias en los libros de arte, por la crisis de las artes decorativas y por su actitud de aceptación del franquismo tras 1936. Se trata, sin embargo, de un pintor profundamente moderno, como la utilización de la fotografía en su trabajo, las colaboraciones con Picasso, Cocteau o Daguiliev o, asimismo, la reinterpretación de la tradición artística desde el Barroco a Goya, ponen de manifiesto.

Todo ello aparece con claridad en la exposición “José María Sert, le Titan à l’oeuvre”, que puede visitarse en el Petit Palais de París hasta el 5 de agosto. Pilar Sáez Lacave y Susana Gállego, comisarias de la muestra, han hecho un trabajo excelente, que se extiende al catálogo. La primera, en concreto, consagró su tesis doctoral a Sert. Formé parte del tribunal que juzgó su trabajo en Clermont-Ferrand, en 2007, y puedo asegurarles que era de una extraordinaria calidad. La exposición sobre Sert coincide en París con otra dedicada a una de las esposas del artista, Misia: “Misia, reine de Paris” (Musée d’Orsay, hasta el 9 de septiembre de 2012).

La inauguración en marzo de la exposición sobre José María Sert en París dio lugar a una sorprendente y alucinada reseña en el diario francés Le Monde, obra del crítico Philippe Dagen. El título resumía bien el contenido: “Pourquoi donc honorer à Paris un peintre franquiste sans envergure?” [¿Por qué honrar en París a un pintor franquista sin importancia?]. Cuatro errores de calado fundamentaban los comentarios de Dagen. De entrada, la identificación entre exponer la obra de un autor y honrarlo. En el Petit Palais se muestran los trabajos de Sert, al margen de otras consideraciones. En segundo lugar, la confusión, tan cara al progresismo y a muchos historiadores del arte, entre la ideología y la obra. Dagen basa su supuesto análisis de Sert en las ideas y compromisos supuestos del decorador. Apoyó al franquismo, ergo, fue un pésimo artista (nótese que este argumento se utiliza siempre a derecha, mientras que haber sido estalinista más bien es considerado un honor o un pecadito nimio).

En tercer lugar, la calificación de Sert como un “pintor franquista”. Para una persona que vivió más de setenta años, resolver su caracterización por una opción que no fue más allá de ocho años parece tramposo. Hasta 1936, Sert, por lo que a sus opciones personales se refiere, fue un conservador, un monárquico, un catalanista y un cosmopolita. Su apoyo a los sublevados de julio de 1936 debe ponerse en relación con las amenazas a su vida por parte de los revolucionarios, el asesinato de algunos conocidos suyos o la destrucción de una de sus grandes obras, la decoración de la catedral de Vic. La evolución de Sert no es distinta de la de otras figuras próximas a la Lliga Regionalista, como Cambó, Estelrich o Josep Pla. O D’Ors, con el que se enfrentó al final de su vida. Los simplismos y los maniqueísmos no explican nada. Finalmente, el error de adjetivar al artista como “sans envergure”, lo que deriva de todo lo anterior, sin tener en cuenta aquello que significó para el arte y para la sociedad de su época.

Philippe Dagen, atribuyéndose el papel de gran inquisidor, condena, en definitiva, a José María Sert. La exposición, sin embargo, merece una visita. Seamos, al fin y al cabo, en este terreno del arte, unos disidentes del pensamiento políticamente correcto y del vanguardismo impuesto e obligatorio. José María Sert fue un gran artista y un gran personaje. Las salas del Petit Palais de París y las páginas del catálogo de la exposición lo ponen de relieve. Enhorabuena a Pilar Sáez Lacave y a Susana Gállego. Trasladar esta muestra a España sería, sin duda, de gran interés.

Jordi Canal

Historiador

JORDI CANAL es doctor en Historia y profesor en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París

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