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Leyendo a Jean Daniel

Juan José Solozábal
martes 19 de junio de 2012, 20:27h
Lo primero que llama la atención en este libro admirable de Jean Daniel(Los míos) es la presencia de Albert Camus, "referente de pensamiento y vida", y que, para tantos, decía lo que era justo, bello y bueno. Según Daniel el hombre camusiano es un ser abocado a la acción, y su verdadero problema es razonar, esto es, justificar la conducta, pero en términos elementales o concisos, pues no tenemos tiempo para la metafísica. Daniel apunta, de un lado, la dependencia sensual de Camus, pues siempre hay un paisaje infantil que se añora, en este caso la luz cegadora del sol y el perfume de ajenjo. Pero también, de otra parte, señala la persistencia del impulso que resuelve las perplejidades de la vida, esto es, la fuerza oscura que nos lleva, que da incansablemente motivos para vivir, y que ,al menos al final, nos proporciona asimismo motivos para la resignación, decía Camus, " para envejecer y morir sin rebelarse".

Es el vínculo camusiano lo que mueve a Jean Daniel a defender la escuela " laica, republicana y obligatoria" donde siempre hay un maestro que distingue a un alumno. Le concede una distinción al aislarlo de sus compañeros, manteniendo con él entrevistas particulares, yendo a ver a sus padres para que el niño aventajado no se desanime en su empeño de seguir estudiando. Camus dedicó el Premio Nobel a su primer maestro, Monsieur Germain.

Jean Daniel, muy frecuentemente con ocasión de su pérdida, evoca a diferentes personalidades de su época que fueron sus amigos y cuyo fuste intelectual admira. Lo primero que subrayan estos retratos es la significación en la vida pública francesa del pensamiento, el aprecio en esta nación de la referencia espiritual, " esa extraordinaria singularidad", de la atribución del liderazgo a la inteligencia. !Qué raro suena entre nosotros que Mitterrand sacase tiempo, al final de su vida, para charlar con Daniel sobre Lamartine o Gide!. !Y qué admirable es que el periodista esté en perfectas condiciones para entablar un diálogo verdadero con gentes como Roland Barthes, Michel Foucault, Levi- Strauss o Furet!.

Hay apuntes sagaces sobre Raymond Aron, que veía la verdad en la negativa a llegar a una conclusión. Y que, dice Jean Daniel, se convirtió en un maestro, no por enseñar un sistema que no tenía, sino "por erigirse en censor, denunciando a todos los incompetentes en el arte de dirigir bien su razón". Significativo es el juicio, bien benévolo, de Jean Daniel, sobre Sartre, especialmente por su valentía para pensar en solitario. No acertó, frente a Camus, en la defensa del Gulag para que no hubiese Gulags, pero si, tal vez, en la transposición a escala planetaria de los planteamientos marxistas, afirmando la existencia de las naciones explotadas del Tercer Mundo.

Jean Daniel admira en muchos de los amigos evocados su dependencia absoluta de la literatura. Esas almas, dice, que acabaron viviendo sólo para escribir. Si elegían " una mujer, una casa, una lectura, una caminata , una iglesia " , lo hacían, como Jules Roy, " solo para anticipar la visión de los capítulos del libro que les dedicaría" .Con complicidad Jean Daniel recuerda a Maurice Clavel, "que no respetaba ninguna ley, más que las de la sintaxis" .Y acepta con Roland Barthes, como función del escritor, denunciar la arrogancia del poder, que no es necesariamente único, el público, sino plural, como los demonios, a saber, el de los jefes, aparatos, inmensos o minúsculos, grupos de presión o de opresión, pues todos emiten las mismas palabras dominadoras.

Daniel cree en el nacionalismo francés, cuyo nervio constitutivo es espiritual. En Argel, "sentíamos un verdadero culto por los clásicos franceses, como si quisiéramos compensar mediante el respeto celoso de la tradición, el vacío creado por la distancia, lejos de la capital de todas las culturas, lejos de París" . La relación de Francia con las ideas de la Ilustración, esto es, la libertad y la igualdad, ofrece, incluso para las naciones árabes, un ámbito suficiente de integración. Por eso a sus hijos no les hace justicia la lumperización urbana en la que viven actualmente en la antigua metrópoli.

Quizás esta profesión nacionalista de Daniel puede sorprender a un español, pero está detrás de su admiración por De Gaulle y Mitterrand. " En esta segunda mitad del siglo XX para los franceses en definitiva solo han existido el General De Gaulle y Mitterrand" .Como puede parecer algo rara, en nuestro ambiente frívolamente agnóstico, la sensibilidad religiosa de Daniel, se trate de su confesada admiración por el testimonio de pobreza y convicción que ofrecen algunos amigos suyos cristianos, o nos refiramos a su valoración del dialogo entre las religiones, ejemplificado en una figura como la del cardenal católico Jean-Marie Lustiger, contrario a la tesis de un Jesús desjudeizado. En los muros de Notre Dame, que aparece en el momento de las exequias fúnebres, " más majestuosa, elegante y sobrecogedora que nunca", el cardenal hizo colocar una placa donde constaba: "Nací judío. Me pusieron el nombre de mi abuelo Aron. Me hice cristiano por la fe y el bautismo, pero seguí siendo judío como lo fueron los apóstoles....".

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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