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Votaré por la opción más ciudadana

miércoles 27 de junio de 2012, 20:24h
En México se llegó la fecha del 27 de junio marcada para el cierre obligatorio de las campañas presidenciales, de cara a los comicios del domingo 1 de julio.

Ha sido una primavera atronadora que nos ha ofrecido la más movida de las campañas posibles, que no necesariamente con grandes propuestas ni mucho menos con los mejores candidatos, como ha sido el caso de los cuatro contendientes. Merecíamos mejor suerte, pero se trabaja con lo que hay. En todo caso jamás olvidemos que no hay candidato químicamente puro.

Y es oportuno preguntarse por quién votar. Y la respuesta es a un tiempo más sencilla que otra cosa, pero no está exenta de asegunes que ameritan ponderarse. Menudo berenjenal, después de todo.

Debo advertir a los lectores en ambos hemisferios que para mí la papeleta electoral de 2012 se compone de las siguientes siglas partidistas, repasando a los candidatos. Tenemos PRI, PAN, ex PRI y a un ex de un ex PRI.

Como puede anticipar el lector, no es difícil identificar la opción más óptima entre tanta precariedad y en un país que ha luchado para quitarse de encima cacicazgos, en dejar atrás setenta años de una visión monolítica y excluyente de país, cuya clase política perteneciente al PRI miraba y mira al erario público como una ubre infinita para repartir favores y prohijar élites que se sentían dueñas de México, por activa y por pasiva; todo ello al amparo de un discurso en que sólo ellos debían y sabían gobernar.

Mi memoria alcanza para recordar un modelo de poder público corrupto y agotado que aún apela desde su condición de oposición ganada en 2000 –al echar al PRI de la presidencia– a una condición que nunca supo manejar y de la cual no se resigna, y que otra vez tiene que invocar personajes y momentos de hace cien años para esbozar un México del futuro, soportado en inagotable verborrea que se queda en eso: verborrea y frases huecas.

La opción más ciudadana en cambio, reúne varias ventajas desde mi punto de vista. Y es que no está sujeta ni a partidos que representan a nada ni a nadie como por desgracia tenemos aún, ni a camarillas que se alían con los partidos grandes para no perder el registro oficial que los privaría de recursos públicos tan deseados, pero que en cambio sí ha garantizado desde su partido la libertad de expresión, base de muchas otras que en este país se han mancillado mientras gobernaba el PRI. Para mí esas libertades elementales son básicas y sé que la tradición priista no las respeta ni las promueve, pues no creen en ellas y nada garantiza a futuro, al no estar acostumbrado a defenderlas. No podemos retroceder ni un ápice en ese rubro.

Así pues, me decanto por Josefina Vázquez Mota del Partido Acción Nacional (PAN). Hay razones puntuales para hacerlo, además de esa garantía a la libertad de expresión y porque necesitamos un crecimiento que no se ampare en retroceder a concesiones para los de siempre –que saquearon este país a su anchas por siete décadas y pretenden regresar– y tampoco a un populismo con tufo inconfundiblemente chavista –aunque refunfuñen mis amigos de izquierda– que mira y mide a todas las instituciones democráticas a modo.

En cambio, Vázquez Mota sigue representado la única opción ciudadana que no responde a la política echa a su caprichosa medida. Y tiene en contra su condición de candidata del partido gobernante, la fractura de su partido y su condición de mujer, que me insta a recordar que es la única en la papeleta en un país de mayorías femeninas, pero cuya clase política se ha negado sistemáticamente a construir candidaturas de mujeres políticas por minimizarlas y se opone a su acceso al poder, mientras lo niega, que es lo más grave.

Esa negativa sistemática me motiva a darle mi voto. Recuerda que si no impulsamos a la mujer en política, América Latina se estancará más al privarse de su visión de mundo, pues la seguiremos apartando de la toma de decisiones. Se necesita su visión para instrumentar políticas públicas más completas e incluyentes. La oportunidad allí está y no pienso desperdiciarla. Puedo decirlo más alto, pero no más claro. Y mi experiencia me recuerda el más responsable desempeño público de la mujer por encima del varón. Ya es hora de darnos esa oportunidad en la presidencia de la república.

Vázquez Mota es la opción que sigue apostando por la ciudadanización real de la política y eso tampoco puede soslayarse. Seamos claros: el mundo iberoamericano con sus más y sus menos, repele a la mujer en el poder. No le gusta. Naciones Unidas lo ha señalado y los números no mienten. Reitero que todo el espectro político mexicano tuvo la enorme oportunidad de construir candidaturas femeninas para la presidencia y a gusto con sus ideas y de su proyecto de país y se han negado sistemáticamente a ello. A todos salvo a Acción Nacional, no les dio la gana. Llamémosle como guste y mande, pero el resultado es puntual y no da pie a ninguneos ni a escatimar realidades: en la papeleta electoral de 2012 solo hay una mujer. Así de sencillo.

Pero hay una diferencia cuantitativa insalvable: hoy es muy posible colocar a una mujer en la más alta magistratura de un país que jamás la ha tenido y que cuenta con una mayoría poblacional femenina subrepresentada y alejada de la toma de decisiones públicas, que finalmente afectan a la sociedad al completo. No se nos olvide lo que a la mujer le ha costado avanzar y el ninguneo frecuente a ese avance. No nos equivoquemos. Y ya he expresado que sea mujer no es la única razón para impulsarla, pero ¿no es digna de defenderla? A juzgar por el significado de su triunfo, sí. Así pues, no basta que sea mujer, pero no es poco en nuestra realidad adversa a serlo en política. Va mi voto para la mujer, pues la historia de un país se escribe con ambos, por si se nos había olvidado y es hora de reconocerlo sin complejos ni falsos pudores.
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