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Violencia de género

miércoles 27 de junio de 2012, 20:26h
Aunque parezca mentira, a estas alturas del año ya se han producido 24 asesinatos de mujeres a cargo de sus maridos o parejas sentimentales. Con el aditamento de que, en bastantes casos, nos encontramos ante muertes de personas en la tercera edad, exactamente igual que sus agresores. Y con la particularidad, del todo punto cobarde y desesperada, de que los agresores intentan suicidarse y tras la brutalidad cometida, lo que consiguen en la mayoría de ocasiones. Al no haber el juicio pertinente, por autoeliminación del canalla, el asunto se diluye casi por completo tras la consabida perturbación mediática. Ella muerta. Y él también. Se acabó.

¿Por qué suceden tales barbaridades, que hunden sus raíces en oscuras fronteras patológicas, pero no solamente patológicas? Seguramente nadie en su sano juicio comete un acto semejante, pero no es menos cierto que el nivel cultural de los agresores es, en tantas ocasiones, frágil en todos los sentidos. Y en ocasiones, los niveles culturales determinan los correspondientes niveles éticos. Un aspecto de la cuestión que muy pocas veces se analiza de forma pormenorizada. Porque forma parte de nuestra incultura ese machismo enraizado en el subconsciente español, según el cual la vida de la mujer es la servidumbre de mi mujer. Ahí reside la causa radical de esta plaga que, según decíamos, caso a caso se produce, es noticia de un día y acaba por olvidarse casi inmediatamente.

Hay que educar desde niños en el respeto a los demás en general, pero sobre todo al género complementario. Es malo provocar, pero es infinitamente peor, porque llega al crimen, truncar la vida de una mujer a la que según parecía se amaba. Qué tristeza.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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