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a la espera de su "primavera"

Argelia festeja los 50 años de Independencia de Francia

viernes 29 de junio de 2012, 09:35h
El próximo 5 de Julio Argelia festejará medio siglo de Independencia política. Francia, la metrópoli colonizadora que intentó hacer del país magrebí su “provincia africana”, sigue presente en la mente de todos los argelinos; unos la envidian, otros la detestan, pero nadie es indiferente a sus cantos de sirena. La sociedad argelina sigue viviendo desgarrada, entre los “europeos” que añoran su país de origen, los inmigrantes esparcidos por el mundo, los “harkis” condenados al exilio por haber optado por “el campo enemigo”, y los millones de jóvenes sin futuro condenado al ostracismo en su propio país.



La “generación de muyahidines” (combatientes de la guerrilla y del Ejército de Liberación) ostenta desde hace 50 años un poder absoluto en Argelia. Los que se han arrogado el título – en su mayoría legítimo y a veces falsificado – de haber sido los libertadores del país, controlan el orden ejecutivo, el legislativo, el judicial, el presidencial, el policial y el militar. Todos los mecanismos del ejercicio del poder están en sus manos. Las nuevas generaciones aún esperan su turno. En cuanto a los jóvenes, que en el resto del mundo árabo-berébere protagonizan “la primavera democrática”, ni siquiera se les escucha.

El medio siglo de independencia sin embargo no deja indiferente a nadie. En Argel se interrogan si habrá o no un desfile militar. Hace veinte años que el Ejército no desfila por las calles de la capital. “Si las manifestaciones (¿previstas?) de los políticos apenas interesan a unos cuantos fans de las anécdotas picantes o los aliados y sus rivales, hay una institución que todos los Argelinos quisieran ver participar: el Ejército Nacional Popular, heredero del Ejército de Liberación sin el cual nunca habría habido independencia”, escribe el digital TSA (Tout sur l’Algérie). Pero a una semana del evento, el Ejército sigue siendo mudo, y las Autoridades no desvelan sus intenciones.

Aunque pretenden la indiferencia, todas las capas de la sociedad tienen algo que decir sobre este aniversario. Unos reivindicando, otros añorando, terceros acusando. Entre ellos los inmigrantes argelinos diseminados por el mundo. Según las fuentes del país, hay cinco millones de ciudadanos que han emigrado por todo el planeta; de ellos, 4 millones estarían en Francia. Las fuentes occidentales, sobre todo francesas, reducen el número de inmigrantes a menos de la mitad. De cualquier manera es un numeroso grupo de población que no se siente identificado con el régimen político de su país de origen, y tampoco comprometido en su futuro inmediato. Unos por razones económicas, otros por motivos políticos o por el simple deseo de buscar una vida mejor, a estos millones de argelinos les concierne muy poco el cincuentario de la Independencia.

Pero no se trata sólo de los trabajadores fuera del país. También están los llamados “Harkis”, aquellos argelinos que optaron de grado o por fuerza por el campo perdedor, y se alistaron en el Ejército francés. En el momento de la Independencia en 1962, se vieron obligados a huir a Francia, un país que a desgana les concedió la nacionalidad, pero de segundo orden. Eran unos 200.000 y han vivido este medio siglo desgarrados entre sus orígenes y su tierra de acogida; la mayoría en condiciones cercanas a la miseria y al abandono. En su primer mandato como Presidente, AbdelazizButeflika concedió el perdón a los terroristas islámicos que ensangrentaron el país en el decenio de los 90. Pero para los “harkis” nunca hubo perdón ni reconciliación.

Tampoco lo festejarán el millón de “Pieds-noirs”, los europeos que vivían en el país hasta 1962. Muchos de ellos llevaban generaciones en Argelia. La mayoría eran de origen francés, pero había una gran cantidad de españoles (sobre todo en el oeste del país, en el Oranesado), italianos, y otros europeos. Algunos, no todos, intentaron infructuosamente defender “la Argelia francesa”, incluso enrolándose en la OAS (Organización del Ejército Secreto) autora de atentados terroristas y asesinatos selectivos. Fue inútil. Los grandes colonos huyeron tras vender sus haberes a potentados locales; los pieds-noirs en cambio salieron con lo puesto. En Francia fueron ciudadanos de segunda, y terminaron alimentando el mayor movimiento fascista de la post-guerra: el Frente Nacional, hoy tercera fuerza política en Francia.

En cuanto a los “judíos argelinos”, tampoco celebrarán el aniversario. Algunos de ellos participaron junto a los muyahidines en la lucha por la independencia. Otros, la mayoría, pertenecían al pueblo llano, comerciantes, artesanos, músicos. La Francia colonial les hizo un flaco favor cuando en el siglo XIX, les otorgó de facto la nacionalidad francesa, por el llamado Decreto Crémieux en 1870. Fue el estigma que les persiguió desde entonces. Para los indígenas eran franceses; para los colonos eran “el pueblo miserable”. La realidad es que la mayoría de los judíos argelinos llevaban en el país muchos siglos. Según el historiador Benjamín Stora había dos grandes oleadas de judíos que llegaron al país: los que arribaron hace dos mil años y los huidos de la persecución en España. En el mejor de los casos todos estaban allí no menos de hacía tres siglos.

En su libro “Archivos incandescentes” la psicoanalista Simone Molina, de familia judía argelina, retrata a grandes pinceladas la trágica herencia que ha dejado la guerra de Argelia, larga de siete años y cruenta de centenares de miles de muertos, en las mentes de todos los que la sufrieron y de las nuevas generaciones. Por su consultorio han pasado jóvenes emigrantes de segunda generación, hijos de “harkis” atormentados, judíos argelinos desarraigados, pieds-noirs y sus descendientes desorientados por un mundo que no les reconoce y que les margina socialmente. Parangonando el deseo de Vincent Van Gogue que en su locura artística soñaba con huir a la Provenza en el Mediodía francés, Molina saca a luz el deseo profundo de tantos jóvenes y menos jóvenes de huir, “allá… allá…hacia las tierras de Argelia”.
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