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RESEÑA

Andrea Camilleri: La edad de la duda

domingo 01 de julio de 2012, 15:59h
Andrea Camilleri: La edad de la duda. Traducción de Teresa Clavel Lledó. Salamandra. Barcelona, 2012. 240 páginas. 14,50 €
El debut literario de Andrea Camilleri (Porto Empedocle, Sicilia, 1925) con la narración El curso de las cosas (1978), no fue precisamente un éxito. Dos años después aparece Un hilo de humo, y Camilleri abandona la escritura para retomarla pasada una década, en 1992, con La temporada de caza, que sí obtiene un buen recibimiento. No será, no obstante, hasta 1994 cuando el autor italiano logre convertirse en uno de los más leídos no solo en su país, sino en toda Europa. Tal triunfo se lo debe Camilleri a la creación de un personaje, el comisario Salvo Montalbano, que protagoniza una de las series de novela policíaca actual que cuenta con más predicamento. Comenzada en 1994, con La forma del agua, incluye ya cerca de una veintena de títulos a cual más esperado por sus fans.

Salvo Montalbano desarrolla su trabajo en Vigàta, trasunto imaginario de la ciudad natal de Camilleri, ámbito en el que ya había situado su novela Un hilo de humo. Y se ha hecho tan famoso y querido que en Porto Empedocle le han erigido una estatua, que, según el propio Camilleri ha confesado, le gusta mucho, pues le parece muy humana, representando a Montalbano apoyado en una farola, como si fuera una persona que descansa un momento mientras da un paseo. Montalbano se une así a la galería de personajes, en este caso, detectives, que, empezando por el célebre Sherlock Holmes, rebasan y agobian a su creador, a quien llega un momento donde se ve obligado “a matarlo”. Andrea Camilleri, según ha revelado él mismo recientemente, se encuentra en ese punto, dando por terminada la saga. Aunque todavía deben salir algunos inéditos. Mayor motivo, si cabe, para disfrutar de La edad de la duda.

Quizá a Camilleri, cuando escribió La edad de la duda -publicada en Italia en 2008-, ya le rondaba la idea de acabar con su famoso personaje. Así, esta entrega se inicia con Montalbano muerto. Pero, por suerte, para él y para los lectores, es solo una angustiosa pesadilla en la que sus compañeros de la comisaría le informan de su propio fallecimiento, ve su propia capilla ardiente y, con ese humor no ajeno a las novelas de Camilleri, ahora humor negro, quiere investigar su propia muerte. Pero no será esta la que investigue sino un nuevo caso: en el puerto de Vigàta arriba un velero de lujo que arrastra una barca, encontrada a la deriva, con un cadáver con el rostro desfigurado, con lo que no se sabe ni siquiera su identidad.

En La edad de la duda, aparece un Montalbano crepuscular en el sentido existencial y anímico, cercano a cumplir sesenta años, lleno de interrogantes, y que no quiere perder el que -después de su relación con Livia, su eterna novia- puede ser su último tren amoroso: la joven y seductora teniente Laura Belladona, con la debe trabajar conjuntamente en la resolución del caso. El Montalbano melancólico, que a veces se comporta aquí como un adolescente Romeo para conquistar a Laura –de nombre no casual, recuérdese a Petrarca-, no ha perdido, sin embargo, su sagacidad para resolver los misterios, que, ahí, tiene su trasfondo en el tráfico internacional de diamantes.

Una lectura muy refrescante no solo para los muchos seguidores de este comisario, con ecos del Pepe Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán –de ahí su nombre como homenaje de Camilleri al escritor catalán-, aunque idiosincrasia particular, sino para todos aquellos que deseen pasar un rato de inteligente entretenimiento.

Por Carmen R. Santos
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