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Crónica gastronómica

Gustavo Pérez Puig: un gran amigo, un formidable hombre de teatro y de televisión y un excelente gourmet

lunes 02 de julio de 2012, 11:58h
El martes falleció en Madrid, a los 81 años, Gustavo Pérez Puig, Premio Nacional de Teatro y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y, sobre todo, un gran amigo mío y uno de los grandes nombres del teatro y de la televisión en España a caballo entre el siglo XX y el XXI.

Lo conocí en los años setenta. Recuerdo cuando me contaba de sus partidas de mus (él era un gran jugador) en Campoamor, con un jovencísimo Adolfo Suárez, en las que él demostraba su entusiasmo y sus amplísimos conocimientos culturales y gastronómicos. Coincidimos también durante mi etapa al frente de RTVE en plena Transición, cuando Pérez Puig ejercía como director de Dramáticos tras haber llegado a la casa con apenas 26 años.

Transformó el “Estudio 1” (del que dirigió un centenar de ediciones) en el programa de teatro que más recuerdan los buenos aficionados cuarenta años después, con aquellos “Doce Hombres sin Piedad” elevados hace tiempo a la categoría de mito televisivo o la brillante costumbre de reponer “Don Juan Tenorio” cada primero de noviembre.

Teatro de todos los autores
Entusiasta y vehemente, gran aficionado a la gastronomía (junto a su mujer, Mara Recatero, otra gran directora dramática con la que compartió vida y función) resultaba habitual verle por Casa Lucio disfrutando de unos huevos estrellados. Gustavo era un excelente y experto gourmet, que disfrutaba con los amigos en las largas sobremesas que organizaba. Era también un gran amigo de sus amigos. Nunca olvidó su tierra murciana y su amor por las verduras y los arroces.

A pesar de su ideología conservadora, este madrileño recriado en Murcia tenía amigos de todos los credos e impulsó la carrera de autores situados, aparentemente, en las antípodas, como ese gran dramaturgo llamado Alfonso Sastre o Antonio Buero Vallejo.

Gustavo Pérez Puig fue un gran enamorado de la obra de Miguel Mihura y de Enrique Jardiel Poncela, autores nada fáciles en aquellos tiempos, a cuya popularización contribuyó de forma extraordinaria. Incluso en los últimos años, cuando ya había abandonado su prolongada y a veces polémica dirección del Teatro Español (del Ayuntamiento de Madrid) siguió montando obras de estos autores.

Inventor del concepto de telegenia
Fue, asimismo, un gran maestro de la imagen, responsable de diferentes campañas de políticos de Unión de Centro Democrático (UCD) y del Partido Popular (PP) cuya expresión y gestualidad contribuyó a modelar.

Pérez Puig era amigo de Adolfo Suárez a quien, en el corazón de su carrera política, “encuadró” maravillosamente en la pantalla mientras repetía el lema que le hizo famoso en aquellos convulsos años: “Puedo prometer y prometo”. De algún modo, Pérez Puig inventó, por aquel entonces, el concepto de telegenia, mientras también se responsabilizaba de la realización de los discursos navideños de Su Majestad el Rey.

Pero, sobre todo, fue el director de escena, no el guionista, de las intervenciones del presidente Suárez en el “año mágico” de la transición (1976-1977). Quizás porque le conocía muy bien, a partir de las muchas horas que compartieron jugando al mus y merendando.

Fueron los tiempos en los que Gustavo y yo colaboramos más profesionalmente, cuando Televisión Española era “la mejor de España”, sencillamente porque era la única y acumulaba audiencias extraordinarias. Él siempre tuvo intuición y ojo clínico, además de una gran capacidad para dirigir tanto a actores como a políticos, para quienes siempre supo preparar escenarios e imágenes adecuadas, e incluso revolucionarias para la época. Todo ello como consecuencia de esa gran capacidad de persuasión y de seducción que siempre he valorado en él.

Tuve la satisfacción de compartir amistad con Adolfo Suárez y con Gustavo y estos días me embarga la emoción por el recuerdo de dos personajes que vivieron con gran intensidad unos tiempos convulsos. Desde su silencio de hace años, Suárez estoy seguro de que hoy también, como yo, derramaría unas lágrimas por su amigo Gustavo Pérez Puig.
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