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ASTRONAUTA DE LA ESA

Pedro Duque: "En los años 60 y 70 los españoles no podíamos tener cierto tipo de aspiraciones"

viernes 06 de julio de 2012, 21:26h
A finales de los noventa, Pedro Duque devolvió a los niños españoles la capacidad de decir en voz alta: “de mayor quiero ser astronauta”, de la misma manera inocente pero remotamente posible que cuando se desea ser bombero, policía o futbolista. “En los años 60 y 70 los españoles no podíamos tener ese tipo de aspiraciones”, recuerda Duque en una entrevista con este periódico. El astronauta apenas cumple un año de vuelta en casa, desde que en octubre de 2011 regresara a la Agencia Espacial Europea (ESA) tras una excedencia de cinco años. La posibilidad de volver al espacio terminó de inclinar la balanza y dejar su puesto directivo en una empresa privada dedicada a la explotación comercial de satélites.
Hace poco menos de un año, en octubre de 2011, que ha regresado a la Agencia Espacial Europea después de varios años de trabajo para la empresa privada. ¿Cuál ha sido el motivo?
Ha habido varias circunstancias que han hecho que tomara esa decisión. Una era que tenía una excedencia de las ESA de, como mucho, cinco años. Ha sido un momento de decisión, incluso con un poco de prisa, de entrar o no entrar. Pesó el hecho de que todavía estoy dentro de la lista de la ESA de astronautas que pueden ir la Estación Espacial Internacional y, por lo tanto, era algo bastante duro de abandonar para siempre. Ahora mismo no está claro si voy a ir o no en estos años que quedan todavía de la Estación, pero esa posibilidad estaba ahí sólo si volvía.

¿Le apetecería, entonces, volver al espacio?
Sí, claro. También es un trabajo, como cualquier otro dentro del ESA, pero es un trabajo que da una serie de satisfacciones que recuerdo de las otras ocasiones y que me resultaron muy gratificantes. No me importaría para nada si me mandaran hacerlo otra vez.

¿Cómo han sido estos cinco años trabajando para la empresa privada?
Del grupo ELECNOR, donde he estado estos cinco años pasados, tengo muy buenos recuerdos y a punto he estado de quedarme, pero al final lo otro ha pesado más.

¿Qué trabajo desarrollaba en ELECNOR?
Es un grupo industrial español que tiene empresas de diferentes ámbitos. Yo lo que llevaba era una empresa que se llama Deimos Imaging, que está en Valladolid, y que se creó para comprar un satélite que ahora mismo está dando vueltas alrededor de la Tierra tomando imágenes. Esas imágenes se venden luego comercialmente a empresas tipo Google o a instituciones, porque es un satélite especial, que saca imágenes muy válidas para cuestiones relacionadas con el medio ambiente. Se han vendido a la Unión Europea o a las Naciones Unidas para controlar la deforestación de los bosques o los desastres medioambientales. Dimos, por ejemplo, las primeras imágenes del tsunami de Japón. Es una empresa muy pionera en España.

¿Por qué decidió pedir esa excedencia?
Pienso que es bueno cambiar de aires cada cierto tiempo. En este caso, era una oportunidad muy interesante por dos razones. Por un lado, por entrar en un proyecto espacial desde su arranque y en algo que no se había hecho nunca en Europa ni casi en Estados Unidos: que una empresa compre un satélite de observación de la Tierra con sus propios medios y lo explote comercialmente. Por otro lado, me llamaba la atención aprender sobre la gerencia de empresas, algo de lo que nunca había tenido oportunidad y de lo que ahora ya tengo una experiencia de cinco años, con la responsabilidad que conlleva dirigir algo y la satisfacción de verlo funcionar.

¿Qué trabajo desarrolla actualmente en la ESA?
Vuelvo como astronauta, pero mi trabajo es de director de una oficina del Centro de Control de la Estación Espacial Internacional. Hay varios de estos centros, uno en Houston, otro en Rusia, y dos un poco más pequeños, en Japón y en Europa, concretamente en Munich, que es donde estoy yo.


El astronauta, durante la entrevista con El Imparcial. Foto: Juan Pablo Tejedor


Hace menos de una semana se ha completado la misión más larga de la ESA, con el regreso del astronauta Andre Kuipers a la Tierra tras 193 días en la Estación Espacial Internacional. Sus dos vuelos fueron mucho más breves, ¿contemplaría una estancia tan larga en el espacio?
Sí, sí que lo contemplo. La mentalización de esos viajes largos la tenemos hecha desde hace bastante tiempo: el trabajo de astronauta implica a veces ese tipo de estancias largas. Desde el centro de control yo veo qué es lo que hacen en la Estación Espacial todos los días, y esas misiones largas tienen un interés que no decae, que dura todo ese tiempo. No es un grandísimo sacrificio. Es un sacrificio como sería para todo el mundo estar seis u ocho meses viviendo y durmiendo en el trabajo, no pudiendo abrazar a tus hijos, y todo ese tipo de cosa que implica un viaje. En la Estación se puede vivir mucho tiempo y que siga siendo interesante la experiencia. Si no fuera por esas circunstancias que hacen que estés separado de todo lo que quieres, si los cohetes no fueran tan caros y pudieras volver cada mes, sería el trabajo ideal para mí.

Hablamos del ahora, pero si nos vamos tiempo atrás, ¿cómo y dónde empezaron sus inquietudes por la exploración o la aventura del espacio? ¿En qué momento lo de ser astronauta deja de ser el sueño de un niño más para convertirse en una verdadera vocación profesional?
Cuando yo era pequeño era justo cuando se estaban haciendo los vuelos del Apollo, cuando se hizo la primera misión a la luna y todas las siguientes… Todos estábamos muy pendientes de aquello porque, a parte de dedicar tiempo en hacer un cohete posible de ir a la luna, la NASA se mostró de una forma bastante profesional a la opinión pública para que todos los enteráramos. Si lo hubieran hecho los rusos a lo mejor nos habríamos enterado menos. Así que de pequeñito sí que me interesaba eso y de las siete u ocho cosas que decía que iba a ser de mayor, según los días, una de ellas era astronauta, claro.

Pero en los años 60 y 70, los españoles no podían tener ese tipo de aspiraciones. España era un país enormemente retrasado en tecnologías y con una industria bastante decadente, no había casi ni industria de automóviles como sí la hubo años después. A los niños de mi edad nos decían que mejor pensáramos otra cosa.

Alcanzar esos objetivos sólo empezó a ser posible a partir del año 1980 ó 1985, cuando España realmente empezó a tener un presupuesto para investigación más o menos digno y empezó a participar en todos estos proyectos de la Agencia Europea del Espacio. Entonces ya sí que me pareció que era realmente posible.

Tras su ingreso en la ESA, llegó a viajar al espacio en dos ocasiones. Supongo que es la aspiración de casi todos los integrantes de la Agencia… ¿cómo fue cuando le comunicaron que iría en la siguiente misión?
Es un momento importante desde luego. Es cierto que es una cosa que va muy poco a poco, con el tiempo va creciendo la probabilidad de que vayas a ir al espacio, hasta que llega un momento en que ya casi esperas que te llame el jefe de la Agencia al despacho para hacerte algún tipo de anuncio oficial. Y aún así, pues no puedes evitar sentir una emoción especial. Alegría y también el pensamiento de que, de verdad, te vas a subir a un cohete, y entonces te vuelves a plantear un poco eso de si las naves serán seguras del todo.

A pesar de la preparación que lleváis a vuestras espaldas cuando finalmente subís al espacio, ¿hay algo que le sorprendiera de forma llamativa? ¿Algo que se escapara de lo que podía esperar?
Los cohetes son bastante sorprendentes en sí mismos. Por eso, más o menos el 90 por ciento del trabajo de preparación de un astronauta es conseguir que no se sorprendan mucho, que las cosa que te vas a encontrar allí las hayas hecho ya de alguna forma antes, en alguna prueba o simulación en Tierra. Si no todo pasa muy deprisa, es demasiado sorprendente y se hace muy difícil. Ahora bien, cualquier cosa que se sala de lo preparado, te hace caer en esa sorpresa que se intenta evitar. A cualquier persona que se monte en un cohete le llamaría la atención la gran fuerza con la que se inicia, los tipos de movimientos que hace, los ruidos, ir pasando por etapas en las que parece que te caes para luego volver a salir… Nosotros todo eso ya lo teníamos claro pero, por ejemplo, la primera vez hubo un momento en el que empezó a vibrar todo una vez que estábamos allí arriba. Fue porque se hizo una maniobra de alejamiento de otro satélite de la que nosotros no teníamos noticia, así que nos pegamos un susto, ¡sorpresa con susto!

¿Cree que hay muchos mitos en torno a la figura del astronauta?
Ir al espacio y ver la Tierra desde allí se merece desde luego el mito, pero es cierto que en este mundo, en el que todo se realiza a partir de la más alta tecnología, las personas, individualmente, cada vez tienen menos importancia por sí mismas. Los logros son del grupo, de la preparación, de los procedimientos, de la tecnología que tú utilizas pero que ha sido desarrollada por otro… No es como los exploradores que se iban solos con su mochila. A estas alturas del desarrollo tecnológico se trata de afinar el último uno por mil, no es algo que hagas por ti mismo sino que se trata de pertenecer a un grupo.

¿Qué se necesita para ser astronauta?
Ya que al final, como astronauta, acabas haciendo de ingeniero, de científico, se pide por lo menos tener una carrera universitaria de la parte de ciencias, para tener una base. Normalmente se suele presentar mucha gente a esas convocatorias, con lo cual es bueno, además, haber destacado un poco en esos estudios que se han cursado. También se pide que la gente haya trabajado, que ya hayan empezado a desenvolverse en el mundo real y no solo en el universitario.

Psicológicamente, tienes que ser una persona que trate los problemas con cierta serenidad, que sea capaz de trabajar en grupo, que no tengan picos fuertes… un tipo de persona más, digamos, asentada.

También se da mucha importancia a que el aspirante haya demostrado en trabajos anteriores capacidad operativa, de hacer cosas que no tienen porqué formar parte ni de tu trabajo ni de tu estudio y en la cuales hayas demostrado que eres capaz de seguir unos procedimientos, de utilizar tecnología y de soportar una responsabilidad grande. Sirve, por ejemplo, haber hecho buceo o alpinismo, haber pilotado aviones, incluso haber trabajado en una UVI: sitios en los que demuestras que no sólo sabes cosas, sino que las sabes usar.
Por último, los idiomas son fundamentales. Si no hablas inglés, vas mal; el ruso también es muy importante y puede ser que en el futuro, quizás no demasiado lejano, lo pese más sea el chino.

Esta misma semana se podía leer en prensa que la astronauta italiana Samantha Cristoforetti viajará a la Estación Espacial Internacional en noviembre de 2014. Será la primera cosmonauta italiana y la tercera europea. ¿Por qué sigue siendo noticia, al menos en Europa, que una mujer vaya al espacio? ¿No está superada aún esa etapa?
Todavía falta, pero falta desde la base. Sigue habiendo muchas menos mujeres que emprendan un camino que vaya en esa dirección, lo que no quiere decir que no las haya ni que no sean buenas. Pero cuando tienes que elegir entre mil personas a una y en esas mil hay muchas menos mujeres que hombres, es más probable que se queden fuera. Es algo que no tiene por qué ser así, pero lo es: en una sociedad como la europea aún se presentan bastantes menos mujeres que hombres a las carreras de ingeniería.


Pedro Duque, en las instalaciones de la ESAC, el centro de la Agencia Europea en Madrid, minutos después de la entrevista. Foto: Juan Pablo Tejedor


Actualmente, ninguna de las dos grandes agencias estatales dispone de naves capaces de llevar misiones tripuladas al espacio. En su opinión, ¿es más a un problema político o económico?
No encuentro que haya mucha diferencia entre las dos cosas. Es un problema de que la Política ha decidido no poner la Economía. Europa, por supuesto, podría haber tenido una nave para llevar astronautas. Hasta el año 1987 el programa fue hacia adelante, pero al final decidieron no poner dinero. Por tanto, es un problema tanto político como económico.

Esta relación entre política y economía se aprecia comparando la diferente visión de los programas de alta tecnología que tienen Estados Unidos y Europa. En Norteamérica es un asunto de Estado, algo que no cambia significativamente cuando hay un cambio de gobierno, es algo en lo que se espera que Estados Unidos esté siempre en el número uno y, por tanto, así les va: tienen diez veces más presupuesto que nosotros. El que la NASA ahora mismo no tenga medio de ir al espacio es una cosa circunstancial. Dentro de un año o dos tendrán seguro nuevas naves propias. Estados Unidos lo tiene claro, somos nosotros los que no lo vemos del todo.

Pero desde el punto de vista económico, y sobre todo en Europa, no se puede hablar de esto dejando al margen la brutal crisis en la que estamos inmersos. ¿Cómo se entienden las ingentes inversiones en investigación espacial estos momentos?
Eso es un debate difícil de hacer. Todo el mundo sabe que no es lo mismo recortar los gastos que recortar las inversiones. No sé que van a hacer los gobiernos europeos, pero todos tienen una obligación de pensar también en las generaciones futuras cuando toman decisiones en el presente. Si la pequeñísima parte de inversión que hace Europa, que es diez veces menor que la de Estados Unidos, todavía se redujera más, sería una hipoteca para los próximos diez o veinte años que haría que Europa estuviera cada vez más atrás. India tiene su programa tripulado, China lo tiene también, Rusia tiene por sí misma mucho más dinero invertido en su programa espacial que toda Europa y Estados Unidos, que siempre se va a mantener arriba… nos retrasaríamos hasta ser la quinta potencia en el mundo. ¿Políticamente esto bueno o no? Pues no lo sé. Pero está claro que económicamente la industria europea cada vez contaría menos dentro de las exportaciones mundiales.

Dentro de los programas espaciales se desarrollan algunos tipos de experimentos, a los que también va a parar, por tanto, parte de esa inversión, que están quizá más cerca del ciudadano de a pie, como las investigaciones médicas en osteoporosis que se desarrollan en la Estación Espacial Internacional, por ejemplo. ¿Cree que no se explica lo suficiente a la ciudadanía el retorno social que supone, muchas veces, la inversión espacial?
Lo intentamos todo el tiempo, pero por lo visto no nos funciona muy bien. La Estación Espacial es un laboratorio que permite, en principio, que cualquier científico del mundo pueda desarrollar allí experimentos cuyos resultados se puedan ver favorecidos por las condiciones de ingravidez. Allí se resuelven problemas que son problemas también aquí abajo, problemas de todos. Concretamente, se hacen muchos experimentos médicos relacionados con áreas del cuerpo humano que se comportan de una manera totalmente distinta en ingravidez, dando ideas nuevas a los científicos que están buscando soluciones para las enfermedades relacionadas con esas partes del cuerpo. Es el caso de los huesos, del sistema inmunológico, el equilibrio, el sistema cardiovascular y el respiratorio.

Por otro lado, si tú eres un ingeniero capaz de poner una máquina en el espacio a 400 kilómetros de altura, posiblemente los problemas que te planteé la industria de la Tierra te van a parecer muy fáciles. Ese es el funcionamiento: se pone una meta muy alta, se inventan cosas para alcanzarla y después se aplican al resto de la industria.

En comparación con el auge durante los años de la carrera espacial, ¿cree que ha alejado la industria aeroespacial del interés ciudadano?
Quizá haya bajado un poco el interés fuerte del público medio, pero quienes piensan un poco más allá, los científicos, y quienes también deberían de hacerlo, los gobernantes, la gente que tiene que hacer planes para el futuro, siguen teniendo el mismo interés. Lo que ven es que es una inversión que da sus frutos en un plazo largo, de cinco, diez o quince años, pero los da, y que si no lo haces tú probablemente venga otro y te lo pise.

Ese espíritu que dices, de la ciudadanía en general, sí que existe ahora mismo en China. En China quieren ser los primeros, quieren ser la gran potencia, y todo el pueblo chino quiere lo mismo, mira en esa misma dirección. Eso sigue existiendo… el ser humano siempre va a ser competitivo, eso es así.

En este sentido, vendría bien un hito, como el de la llegada del hombre a la Luna, y todo apunta a que este nuevo punto histórico de inflexión podría ser Marte. ¿Lo ve cerca?
No está cercano. Dependerá de cómo se desarrolle esta época rara económica de ahora. Pero sobre todo dependerá de a qué velocidad se desarrollen las tecnologías necesarias. Para llegar a Marte hay que meter una gran cantidad de presupuesto porque es un trabajo difícil que requiere de mucha gente. Cuando pusieron el programa Apollo sobre la mesa de Kennedy en los sesenta, tenía una partida presupuestaria del 5 por ciento del presupuesto total del Gobierno americano, y eso es muchísimo dinero. Así, trabajaron en el proyecto 450.000 personas, y por eso los estadounidenses llegaron a la Luna tan relativamente rápido. Si se consiguiera lo mismo ahora, se llegaría también rápido a Marte.

Hay un mínimo, de entre 5 y 7 años, porque no se pueden desarrollar las tecnologías tan rápido pero en el fondo no es tanto una cuestión de tiempo como de presupuesto. Solo hace falta que algún país empiece a invertir de verdad para que todos los demás también se pongan, y entonces a lo mejor llegamos a Marte antes de lo que pensábamos.

Recientemente se ha desarrollado el primer viaje a la Estación Espacial Internacional de la cápsula Dragon, la primera en propiedad de la empresa privada. Todo señala a que por ahí es por donde se dibuja el futuro de la industria aeroespacial, ¿no?
Sí, está claro. Toda la vida ha estado el futuro ahí. Cuando se inventaron los aviones pasaba lo mismo: el Gobierno daba dinero a las industrias para que los desarrollaran, pero eran propiedad del Gobierno. Cuando la cosa empieza a ser menos arriesgada desde el punto de vista tecnológico, la industria hace sus propios productos con fines comerciales. Eso es lo que está pasando en el espacio, que se está cambiando la forma de funcionar. Hasta ahora, la NASA le daba el dinero a la industria privada para que fabricara una nave para ella. Ahora, la NASA aporta una cantidad de dinero más pequeña a la industria, que utiliza sus propios recursos, se queda con la propiedad de la nave y cobra a la NASA cada vez que la utiliza. La industria ahora en vez de vender las naves ofrece los servicios de las suyas. Es un cambio no necesariamente grande.

Teniendo tan claro que el futuro es la empresa privada, y a pesar de que el cambio, como dice, no sea tan grande, ¿por qué volver a la ESA?
Hubiera sido una solución haberme movido a alguna empresa que esté fabricando cápsulas por iniciativa privada, pero en Europa todavía no existe ninguna.

Con esta explosión de la inversión privada en industria aeroespacial se está hablando cada vez más del desarrollo del turismo espacial. ¿Estamos cerca de poder viajar al espacio como turistas a un precio asequible a bolsillos no necesariamente multimillonarios?
La empresa Virgin Galactic ha desarrollado un programa de prueba que culminará a finales de este año o principios de 2013, así que seguramente no tardaremos mucho en empezar a ver volar gente con esas naves nuevas. Luego hay otras dos o tres empresas más que están un poco más atrás pero que pretenden hacerle la competencia. No se plantean, de momento, los mismos vuelos que hacemos nosotros, son muchos más cortos para abaratar costes, pero aún así es una industria que podría funcionar muy bien.

Cuando esté ya jubilado, si le entrara la nostalgia de los vuelos espaciales, ¿acudiría a alguna de estas empresas a contratar un viaje al espacio?
Podría ser, pero claro, un vuelo de esos cortos sería para mí muy poca cosa ya. Lo que sí me encantaría es poder llevar a al espacio a alguien de mi familia, a alguien especial para mí, y enseñárselo.

¿Dónde se ve en ocho o diez años?
Eso es mucho. Seguro que he cambiado de opinión por lo menos dos veces en ese tiempo, o sea que ya veremos. Lo que de momento no pienso es mantenerme estático en un sitio. Depende de cómo este año se configuren los programas de la Agencia Europea, de si en Europa no hay posibilidades, a lo mejor me voy a otro lado. No estaría mal lo de fabricar cápsulas en la empresa privada.
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