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TRIBUNA

[i]Casillas y la España del Siglo de Oro[/i]

domingo 15 de julio de 2012, 08:24h

Quién hubiese imaginado, antes de iniciarse el reciente campeonato de las selecciones europeas de fútbol, que la hazaña en él de nuestros jugadores al conquistar el trofeo en disputada lid habría reverdecido el recuerdo de los capitanes de los tercios que colocaban la victoria más preciada no en el campo de batalla, sino en el del honor! Pero así ha sido, en efecto. Justamente, el capitán de la “roja”, el mítico portero del Real Madrid, una vez conseguida la victoria de modo aplastante, nos devolvió a aquella gloriosa época al escuchar sus reiteradas imprecaciones al árbitro para que terminase el encuentro antes de lo fijado por su reloj, “porque, señor, no hay que humillar al adversario”… Se comprende bien -y esta vez sin esfuerzo alguno- que, dada la zafiedad imperante en el clima social de Occidente -al que dista de ser ajeno el reinante en el deporte-, el pueblo italiano, al conocer también dicha petición de Iker Casillas, no haya regateado elogios a la conducta del famoso cancerbero madrileño. Dejando atrás la memoria colectiva de la larga etapa en que la otra península mediterránea formara parte casi toda ella de la “Monarquía Católica”, memoria, como se sabe, tan reluctante a ese pasado, los “tifossi” —en posesión de un bachillerato superior, hoy, al de los “hinchas”- recordarán, con gusto, la nobleza y caballerosidad de gran parte de los españoles que hicieron de Italia “su ventura”, idolatrando al solar con mayor densidad estética del Viejo Continente.

Gran triunfo éste de ver cómo, en días extremadamente desapacibles, las cualidades y valores éticos que hicieron de la civilización hispana una de las más encumbradas registradas por la historia, se conservan casi intactos en parte estimable de las generaciones jóvenes. En el núcleo “duro” del ideario de esa etapa abrillantada del pasado reciente que fue la Transición también figuró —y muy peraltadamente- la repristinización de los comportamientos y talantes que otorgaron siempre a la nación española, frente a la mirada extranjera, un elevado crédito de dignidad y decoro, incluso en los peores trances, como en las derrotas militares y en las penalidades de la existencia, colectivas o individuales.

Al actuar como lo hiciera en el postrer partido de la Eurocopa, Iker Casillas adunó el legado más fecundo de nuestra identidad nacional con las mejores virtudes del deporte moderno, creación, en definitiva, de otro gran pueblo para el que el fair play es la meta suprema de su práctica. De esta forma, los profesores y profesoras de primaria, amantes al mismo tiempo de la historia de su patria y del deporte en sus mil expresiones actuales, podrán en el próximo curso de 2012-13, tan decisivo también para los “mayores”, enseñar a sus alumnos la vigencia en el tiempo presente de los ideales que conformaron la sociedad de nuestros antepasados, cuando éstos afrontaban, con decisión y responsabilidad admirables, el liderazgo del mundo en el que se mecía la cuna de la modernidad.

Grande y oportuno, pues, el ejemplo dado por uno de los futbolistas españoles más afamados a un lado y otro de los Pirineos, singularmente provechoso en la hora actual de un país bien necesitado de buenas noticias, pero sobre todo de ejemplos estimulantes cara a las actitudes individuales y colectivas. Cuando, ineluctablemente, la convivencia nacional se encuentre sacudida en los meses inmediatos por antuviones de singular fuerza, reparar en el noble gesto de un joven futbolista, producirá efectos de todo punto positivo. Gracias anticipadas de un abajo firmante, al que en tal propósito, se agregaran, incuestionablemente, todos sus amables lectores.