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Los nombres de los especuladores

domingo 22 de julio de 2012, 14:00h
El ministro de Exteriores, García-Margallo cree que el principal motivo del descalabro de los mercados españoles y del subidón de la famosa prima es culpa de los especuladores “que quieren hacer dinero a costa de España”. No debe saber todavía el ministro que, sin duda, los especuladores son los buitres de los mercados, que se lanzan a por la carroña en cuanto otean la pieza. Pero desde siempre. Ése es su trabajo, ésa es su forma de ganar dinero: jugar con los mercados como los trileros con los turistas despistados.

Pero la carroña de los mercados españoles tiene otros culpables. Es verdad que el Gobierno anda a la desesperada dando hachazos aquí y allá, a veces con precipitación, a veces sin razón. Pero la mayoría de sus decisiones no son más que órdenes que llegan de Bruselas o la imperiosa necesidad de tapar el agujero negro heredado del genio de Zapatero.

Los auténticos especuladores, quienes más daño hacen a España son cuatro: Alfredo Pérez Rubalcaba, Cándido Méndez, Fernández Toxo y Cayo Lara. El líder del PSOE comanda al grupito de sindicalistas y a la izquierda en general con un único objetivo: derribar a Rajoy y a su Gobierno cuanto antes. Se regodean con la crisis y lanzan a las masas a la calle para provocar una revuelta social que acabe con el Gobierno del PP.

Porque la famosa prima de riesgo no es más que el índice de confianza de los mercados ante la capacidad económica de un país en pagar su deuda. Y cuando ése país tiene la calle ardiendo resulta difícil generar confianza.

Lo único que hace Rubalcaba desde su despacho consiste en impartir órdenes a sus borreguitos para que incendien la calle. No ha digerido todavía su humillante derrota electoral y se venga de Rajoy atizando a las masas para provocar el descalabro de los mercados y el fracaso del nuevo Gobierno.

Pero la broma puede resultar cara. Porque después de que la prima de riesgo rebase los 600 puntos sólo hay una salvación para España: la inyección de liquidez del Banco Central Europeo. Y eso, hoy, no parece fácil. La otra salida supondría el rescate o la intervención de la UE; es decir, aceptar que Bruselas dirija la política económica española. Y en Bruselas los hachazos son de verdad. El cacareado estado del bienestar saltaría por los aires y los pensionistas, los funcionarios y los parados las iban a pasar canutas. Porque el que paga manda. Y en Bruselas no se andan con guasas ni con memeces progresistas.

Rubalcaba es muy capaz de encender la calle y derribar a un Gobierno él solito. Pero lo que dice defender, el estado del bienestar, se esfumaría de un plumazo de Merkel y compañía, gracias a las algaradas que él organiza desde su despacho un día sí y otro también. La oposición constructiva que prometió el líder del PSOE cuando supo que ganaría Rajoy es la gran mentira de la política española de los últimos tiempos.

García-Margallo debe apuntar con más tino y saber por dónde andan los especuladores. Y cuando vea que Rubalcaba sonríe, que se eche a temblar. Porque algo trama. Porque algo va mal. Y el líder del PSOE es que se parte de la risa.
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