www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Juegos Olímpicos de Londres 2012

jueves 26 de julio de 2012, 20:25h
Llegamos a Londres 2012. Se ha cerrado la Olimpiada y una vez más dan comienzo los Juegos Olímpicos de verano de la era moderna. Va su trigésima edición, la 27ª en realidad, si descontamos las cancelaciones de 1916 (Berlín), 1940 (Helsinki/Tokio) y 1944 (Londres). Es de los episodios del quehacer humano que más aguardo con ansiedad. El Olimpismo me entusiasma sobremanera pese al mercantilismo, pues no ha perdido la lozanía y sigue siendo un llamado a la exaltación de valores y deportes. Se trenzan tenacidad, disciplina, liderazgo, destreza, dedicación, sacrificio, perseverancia y paciencia. Atletismo, esgrima, gimnasia, hípica, nado sincronizado y tiro con arco son mis favoritos. Junto con los Juegos Paraolímpicos, la gloria olímpica promete ser fastuosa y refulgente. ¡Los dioses nuevamente estarán de plácemes!

Si la Ekecheiria, la tregua olímpica, no es absoluta, el pebetero ardiendo siquiera insta a que los Juegos Olímpicos nos mantengan expectantes de ver qué proeza nos cautivará, qué hazaña superará lo alcanzado hasta ahora; o cuál rauda gesta atlética establecerá una nueva marca o nos robará el corazón, preguntándonos así, cuál escena nos removerá las entrañas o exaltará nuestro espíritu. El mundo gira en torno a ellos y raro es quien los mire indiferente. Y dicen que lo mejor de los Juegos radica en no perderse su ceremonia de apertura y la correspondiente de clausura. Puede ser. Pero marcan de cualquier manera nuestras vidas, si medimos nuestro crecimiento y la edad por los Juegos que hayamos vivido o al menos, rememorado. Amigos lectores en ambos hemisferios ¿de cuántos Juegos Olímpicos se acuerdan? ¡No se espanten, jeje! Les adelanto que yo me acuerdo desde los de Montreal’76. Con 5 años apenas, conservo un vago recuerdo de una tarde veraniega, raramente soleada en el lluvioso estío mexicano, cuando en la radio del auto oía con mis padres el triunfo de la Comaneci, mientras expresaban su admiración por ella.

Ya se sabe que siempre es un jaloneo brutal eso de conseguir la sede. Londres –la antigua Londinium romana y otrora capital del mundo– recibió la estafeta enfrentando a Madrid, Moscú, Nueva York y París. Pesos pesados. Y ha ido de menos a más al impulsar un proyecto casi virtual y ahora real, trabajando para ser una digna anfitriona. No sé si recuperarán los gastos, pues siendo costosa de por sí, ahora está inasequible, exorbitante en precios. La crisis acecha.Es la tercera ocasión que albergará a los Juegos, siendo la única urbe en obtenerlos tres veces de entre las 22 ciudades de 18 países designadas desde 1896, superándola en ediciones los EE.UU.. La numeralia olímpica de verano arroja que incluyendo 2012, Europa albergó los Juegos en 16 ocasiones, América en 6, Asia en 3 y Oceanía en 2. Que dos de ellos se realizaron en el mundo hispánico (México’68 y Barcelona’92) y se han repartido casi 13 mil preseas. La memorabilia nos legará a dos mascotas: Wenlock y Mandeville, que apelan al pasado industrioso. Me agradan, no así el cartel oficial, todo hay que decirlo. Mas si como se rumora, los londinenses son los menos emocionados con tan auspiciado y esperado acontecimiento, la justa olímpica que China ronda, viene a redondear una vez más el poderío y la influencia de la capital británica, ribeteándole su alcurnia y su encumbramiento indisputables desde siglos atrás, enmarcando quiérase que no, el coincidente Jubileo de Diamante de la reina Isabel II, siendo el culmen del año 2012, asaz intenso para la Gran Bretaña.

Es verdad que aunque el medallero se reparta entre pocos competidores, pese a la ingente asistencia de países del mundo entero que aportan un colorido desfile inaugural –cuyo antecedente se sitúa en Londres 1908–, los Juegos Olímpicos siempre son un reto a la imaginación y a nuestra capacidad de asombro, sin olvidarnos del palmarés de cada participante, mientras seguimos en medios globalizados los pasos de los respectivos contingentes nacionales, con los que nos hemos emocionado alguna vez viendo sus éxitos. Londres 2012 promete, al seguirlo en tiempo real por el despliegue de la BBC al usar todas las plataformas y dispositivos móviles posibles.

Y… ¿África para cuándo? Es la asignatura pendiente del COI y del mundo entero. El Olimpismo no está plenamente consagrado en tanto no porte la antorcha y aloje a unos Juegos. Yo concuerdo con la rotación continental y pienso que la magna justa deportiva debería de celebrarse en ciudades y países diferentes a los que ya participaron como sede, pues dotarían de nuevos ímpetus al movimiento olímpico, al impulsarlo hacia nuevas regiones. Sin duda que se requeriría de un gran esfuerzo y de un doble compromiso para que África los realice, consistente en no obstruir sus candidaturas al postular sedes no africanas y de seguro, precisando de una ayuda económica mundial, asistiéndola, que sostenga el titánico esfuerzo de ejecutarlos, así sea a largo plazo pero cierto, concretándolo. Mirando el proyecto como detonante de desarrollo y no solamente de una ciudad, sino de un país y de una región, sería estupendo que más pronto que tarde al fin sucediera. ¡Qué todos ganen en esa empresa! Hagamos votos por su consecución. No es imposible ni descabellado por complicado que lo parezca y sí que lo apremia y lo amerita el ideal olímpico. Las herederas del mundo grecorromano Alejandría o Trípoli, bien que podrían ser las candidatas. La primera alguna vez pidió el certamen.

Entretanto, no pasa desapercibido que desde el COI el hierático Jacques Rogge ha contribuido a paliar el gigantismo y ha pulido los deportes presentes en los Juegos Olímpicos. Tengo la impresión de que ha dotado de una sobria y eficaz existencia al movimiento olímpico, marcando una distancia con su predecesor, Samaranch; pero igual presiento que Londres 2012 será el final de una manera de hacerlos. Brasil se aprestará a ejecutar las cosas de otra forma, acaso porque el Olimpismo merece evolucionar y pasar a nuevos estadios.

México siempre sigue con mucha atención todo el ciclo y el proceso olímpico. Una inercia quizás proveniente de nuestros juegos de 1968 en la Ciudad de México. No los viví, pero crecí viendo cómo se recordaban en cuánta oportunidad deportiva surgía. Ya fuera con su música o sus estampas y símbolos. Me daba una idea clara de que fueron algo espectacular que marcó la historia de mi país y que los mayores añoraban siempre, irradiándonos con su animosa rememoración. Por ello los Juegos de Barcelona –de tan grata memoria– y por los lazos cercanos, a muchos mexicanos nos parecían como propios y comprendíamos de mil maneras las profundas emociones que sentían los españoles. Cierto es que España supo aprovechar a cabalidad esa experiencia que vivió y que apenas empezamos a explotar en México.

Y clamemos jubilosos con voz engolada: La Olimpiada ha terminado…¡Qué los dioses repartan la gloria!¡Qué el esfuerzo sea recompensado! Y que la victoria y la fama arropen e inmortalicen a quienes ganen el podio, transformados en verdaderos héroes dignos de ser emulados. ¡Así sea!...¡Suenen ya las atronadoras fanfarrias!…¡Qué comiencen nuevamente los Juegos Olímpicos!
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.