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El pacto del Asador (año II)

El 28 J (de julio) de 2010 es fecha en negro mulato para la tauromaquia: se aprobaba la ILP catalana por la que se prohibían los toros.
Han pasado dos años y un día. En el primer aniversario, elimparcial.es, ("Se va el caimán, se va el caimán en el contexto de la situación taurina y política del momneto) hacía balance de un logro: los toros pasan a Cultura, poco más.
Cuando se cumple otro ciclo de 365 días, solo la batalla audiovisual ha sido norte de los toreros que entonces empezaron a diseñar el G-10.

Algunos párrafos de aquella columna, paciencia y memoria, nos desestigmatizan de aquellos que pretenden dar una visión de estar en contra de cualquier movimiento de las figuras.
Pasen y lean....

“El Pacto del Asador”
El 29 fue el día en que las figuras del toreo se movilizaron.

Nació el “Pacto del Asador” para dar un golpe en la mesa y empezar a poner las bases para que “el toreo” pasase a depender del Ministerio de Cultura con todas sus colaterales y consecuencias.

Un año después del día zahíno, aun negro, resalta en azabache; más: las luces de los ternos toreros parecen brillar.
Tenues, antes que refulgentes, pero brillan.

El Pacto del Asador empieza a recoger frutos. Enhorabuena al G-10, o los que sean.
Rubalcaba, ya había hecho un guiño estratégico a tan importante sector, El taurino.
Desbloqueó la ñoñería indolente clásica de las ministras “barbies” —en este caso la de Cultura-, adelantándose a cualquier otro pronunciamiento para aprobar el trasvase de la mayor parte de sus competencias en Interior a la cartera con sede en el antiguo Circo Price.
Sorprendió , así, al zapaterismo “gay” (en materia taurina).

Ahora, el sheriff, ya sin ninguna reserva, ha vuelto a mover ficha, sutil; dejando “atado y bien atado” el asunto: cinco minutos antes de decirle a Zapatero “apaga la luz y cierra por fuera” (cuentan que también le ordenó, sí ordenó, previamente, “tirar de la cadena”).

La noticia solo contiene claves positivas para la Tauromaquia.
Otra cosa es que todos recelemos que las “fuerzas vivas” del toreo aprovechen la oportunidad y optimicen la situación.

La coyuntura es propicia por ser Rubalcaba el candidato socialista; pero más, aún, por el inminente anuncio de elecciones “generalísimas”, por aquello del 20N (como bien lo ha definido, con ingenio, Chapu Apaolaza en esa manifestación incruenta de indignados que es el Twitter).

Y lo es en la medida que la previsión es que gobierne en otoño el PP que tanto se ha llenado la boca de ser “el defensor del pueblo” de la universal Tauromaquia.

También el calendario se alía a consolidar y desarrollar las derivadas de beneficio que se suponen residiendo “los toros” en Cultura: otoño es época de despachos para el sector sin los agobios y presiones del devenir del día a día en los ruedos y sentar las bases de protección institucional, medidas de fomento y equiparaciones fiscales a sectores similares que se prevén dicen, en el papel que plasma el traspaso ministerial.

Será entonces, de cumplirse las pronósticos, cuando el G-10, la Mesa del Toro, o quien corresponda, ataque con artillería pesada -de grueso calibre- argumental (que haberlos haylos).
Y sobre todo acciones transparentes, preñadas de claridad y ayunas de “mamoneos” para que la deserción el 28J de 2010 en el “Pacto del Asador” de Soraya Sáenz de Santamaría y, en su nombre, de Rajoy, de producirse sea denunciada y no “secreto de sumario”.




Hoy, dos años después, el pacto del asador es, o parece ser, entelequia.

El 2012 comenzó convulso y todavía, pese a todos los acontecimientos conocidos, la guerra fría (larvada) entre el G-10 y los empresarios continúa mientras el cemento gana en las taquillas, baja alarmantemente el número de festejos, desaparecen corridas clásicas en plazas de segunda, como la de San Pedro en Segovia y ferias cogidas con alfileres amenazan desahucio de espectáculos taurinos como liquidación por derribo. En la UCI, casi con metástasis, están Cáceres, Coruña, San Sebastián, Jaén etc.

La temporada va a afrontar su tramo final con la tara del impuesto revolucionario del Gobierno de los toros (según gran parte del sector) referente a la subida del IVA.

El G-10, que en su declaración de principios apuntaba más acciones para la revitalización de la Fiesta se ha visto bloqueado por la causa televisiva conviertiéndola en su "casus belli" exclusivo".

Ante la situación de la Fiesta, afectada por la crisis general -y la taurina también-, la toma de postura de El Juli respecto de asumir el costo de la rebaja del 50% de las localidades a jóvenes hasta 30 años en el mano a mano con Talavante (sustituto de Manzanares) en Huelva es una brizna de aire fresco y un señuelo en que algo hay que hacer " a mayores".

Una iniciativa personal que debería implicar, presuntamente, a todo el colectivo de élite y marcar un punto de salida con meta final, y controles intermedios de avituallamiento, para que la excepcionalidad sea norma allí donde se considere necesario. Que cunda el ejemplo, se extienda a más festejos y abarque más capas sociales que no tan solo los jóvenes.

La Fiesta necesita implicación, a todos los niveles, de sus iconos para "vender" toros.

El gesto de Juli no debe quedar en hecho puntual ni personal. Pero, salvando excepciones comentadas, las figuras están en la cámara, por "la caló"...y en invierno en la mesa camilla con el brasero.

Han pasado dos años de "El pacto del Asador" donde parecía que se iban a implicar.
Son "presuntos implicados".

A fecha de hoy ni están y se duda esperarles. ¡Como si no fuera con ellos!
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