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El fiasco de España en los JJOO: ¿gafe o boicot?

María Cano
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mariacanoelimparciales/10/5/10/22
miércoles 01 de agosto de 2012, 20:29h
Los amantes del deporte y los españoles, en general, estamos hechos a los éxitos a los que en fútbol o tenis, por poner dos ejemplos recientes, nos tienen acostumbrados nuestros deportistas. Tras la hazaña de nuestra selección de fútbol hace apenas un mes en la Eurocopa, nos enfrentábamos a unos Juegos Olímpicos en los que el debate era si lograríamos superar las 18 medallas conseguidas en Pekín hace cuatro años. Pero la triste realidad es que casi una semana después de la inauguración de Londres 2012 sólo tenemos una plata en nuestro medallero.

La primera decepción llegó de la mano de nuestros futbolistas, que se volvieron a casa tras ser derrotados por Japón y Honduras. No caben excusas, no jugaron bien. Unas veces se gana y otras se pierde. Y si no jugamos bien, no merecemos la victoria. Primera cura de humildad. Después vimos esfumarse nuestras opciones en otras disciplinas como judo, ciclismo en ruta, hockey, piragüismo o natación, aunque Mireia Belmonte y Wildeboer aún pueden conseguir un metal en algunas pruebas que quedan por celebrarse.

Hasta aquí, podemos hablar de superioridad de nuestros oponentes. Pero si hacemos un zoom sobre esas derrotas, veremos que la mala suerte se ha cebado con nosotros. A las derrotas ya mencionadas hay que sumarles la desafortunada lesión de nuestro mejor jugador de hokey, Paul Amat, que no podrá seguir compitiendo y que ha volatilizado nuestras opciones, y el incidente protagonizado por Luis León Sánchez. Es tan ridículo que hace dudar de si se trata de mala suerte o de boicot. Se enfrentaba el ciclista este miércoles a la contrarreloj y partía con opciones, pero en la primera pedalada ha roto la bici. Así, como suena. Se le ha salido la cadena. Adiós a la medalla.

Eso, por no hablar de la lesión de Nadal, que le ha impedido abanderar a nuestros deportistas, o de la comprometida posición que ocupan Iker y Xabi, tres veces campeones del mundo y de Europa, en la clase 49er. Este miércoles ocupan el puesto 11 (ayer, el 8).

¿Qué pasa? ¿Somos realmente tan malos de repente o hemos perdido nuestra buena estrella? ¿Cómo es posible que tras haber llegado a la cima en ciertos deportes nos volvamos a casa con las manos vacías y la cabeza gacha? Muchos se hacen estas preguntas mientras ven engordar los medalleros de otros países (hasta Uzbekistán, sin ánimo de ofender a los uzbekos, tiene ya una medalla).

Creo que no soy la única española que día tras día se ha pegado al televisor, a la radio, al ordenador o al dispositivo móvil de turno sólo para escuchar buenas noticias (de otra manera se me antoja harto improbable, con la que está cayendo). Los que aún no nos hemos ido de vacaciones necesitábamos una buena dosis de optimismo, una palmadita en la espalda, un motivo para celebrar y, en cambio, vamos reprimiendo día tras día esa euforia que ya no sabe por dónde salir a falta de motivos, aunque sean esporádicos, y que amenaza con agonizar asfixiada por la angustia y el pánico viral que se transmite, cual enfermedad, a través de titulares y comentarios a pie de cola del supermercado o de paseo del perro en el parque. Que el españolito medio, por no hacer, ya ni toma cañas en el bar sino en casa, que es más barato.

Pero, al igual que en el escenario económico internacional, no todo está perdido. Tenemos una estupenda selección de baloncesto, tenemos a nuestros chicos del waterpolo, tenemos a Mireia Belmonte, a Wildeboer, a Iker y a Xabi, a los del volley y a una larga lista de deportistas que se están dejando la piel por ellos, por su país y por darnos un motivo para sonreír. Y nosotros no llevamos en los genes eso de rendirnos. El que lo dude, que repase la Historia. Así que, como ellos y con la cabeza bien alta, seguiremos peleando por las medallas y por el futuro. ¡A por ellos!

María Cano

Subdirectora de EL IMPARCIAL

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