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Mariano Rajoy

miércoles 01 de agosto de 2012, 20:59h
Es fácil golpear a este gallego de origen y de praxis política. Tan fácil que quien esto escribe lo evitará por un mínimo de honradez intelectual y ciudadana. Pero vale la pena sumergirse en su personalidad para explicarnos un tanto la actitud pública que consigue tantas críticas y censuras, incluso desde su iniciales seguidores.

Nuestro hombre ha sido desde su infancia un tipo humano lanzado al éxito académico y profesional. Incluso político. Su trayectoria política, así lo demuestra. Paciente, casi segundón tras algún líder algo carismático (él mismo es la negación de este don de la naturaleza), eficaz y casi eficacista, pragmático en consecuencia, inteligente en el ámbito de las grandes ideas y un tanto ingenuo en sus aplicaciones (con lo que el pragmatismo aparece un tanto tocado del ala), le gusta gobernar en solitario porque padece de una especie de horror vacu, en su caso horror al vacío de las multitudes… cuando éstas seguramente serán críticas. Reúne material, sugiere/manda procederes, prefiere que otros se quemen, y acaba por dar la cara solamente en ocasiones límite. Hay un tanto de superioridad en su talante, que se traduce en esa ironía peligrosa y en ocasiones autodestructiva. Pero intenta llevar a cabo sus planes, salvo cuando la historia se lo impide, como en este momento. Lo que le hunde en una tremenda decepcion y hasta depresión.

Mariano Rajoy pudo ser un presidente excelente en tiempos de alegrías nacionales, como todos. Pero se ha encontrado con que tiene que organizar los funerales de la intervención, que llegará en octubre. Admiro su empecinamiento, pero censuro su individualismo. En todo caso, golpearle sin piedad es un grave dislate que para nada colabora a una imagen de España mejor y más respetable. Suerte.

Norberto Alcover

Profesor de la Universidad Pontificia de Comillas

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