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"Cuatro años en París"

El testimonio de la jurista republicana Victoria Kent, reeditado tras 60 años

Nacida en Málaga en 1898 y fallecida en Nueva York en 1987, Victoria Kent fue diputada a Cortes por Madrid durante la Segunda República y directora general de Prisiones y, salvo este periodo en el que estuvo oculta en París, vivió el resto de su exilio en México y Estados Unidos, trabajando para las Naciones Unidas y dirigiendo la revista "Ibérica".

Los editores de la obra aseguran que este libro "contiene ingredientes propios de una novela de intriga que atrapa al lector, en la línea de obras como 'El diario de Ana Frank' o 'El pianista del gueto de Varsovia', de Wladyslaw Szpilman.


Alcalá Zamora y Álvaro de Albornoz con Victoria Kent en Madrid, 1931 (Foto: Efe)


Estos diarios están escritos casi en forma de novela, ya que su autora los redactó en tercera persona atribuyendo su peripecia vital y sus pensamientos a un personaje inventado, Plácido, en la esperanza -ella lo llegó a calificar posteriormente de "ingenua precaución"- de que si estas cuartillas caían en manos de la Gestapo no comprometieran a quienes la protegieron.

De su principal protector, un funcionario de la embajada franquista que avisó a una amiga de Kent de que la iban a detener de inmediato, nunca conoció ni el nombre, por lo que en estas páginas le expresa su "gratitud imperecedera" ante la constancia de que le debe la vida.


No se refugió en Francia
Una vez invadida Francia, Victoria Kent no pudo abandonar París porque su nombre figuraba en la "lista negra" entregada por la policía franquista al gobierno colaboracionista de Vichy, integrada por personalidades destacadas de la República a quienes las autoridades franquistas, según expresa con ironía la autora, "buscaban para conducirlas a España con las intenciones más piadosas".

Victoria Kent recuerda en estas páginas que ella no se hallaba en Francia como refugiada, sino que el Gobierno republicano la había nombrado secretaria de su embajada en París, con la misión especial de ocuparse de los niños evacuados a medida que, al final de la Guerra Civil, se desplomaba el frente republicano.

Kent, según su propio relato, buscó acomodo para estos niños en las colonias infantiles francesas de Compiegne, con ayuda de personalidades suecas y atendidos por maestras españolas, mientras que también su ocupó de sacar de campos de concentración del sur de Francia a refugiados españoles cuyas familias, radicadas en el extranjero, se comprometían a hacerse cargo de ellos.

"Esta labor mía, a la que me entregué en cuerpo y alma, me impidió salir de Francia cuanto todavía era tiempo", según constató la propia autora.
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