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Carta abierta a Federico Mayor Zaragoza

sábado 25 de agosto de 2012, 18:21h
Con los pelos de punta y emoción leo su artículo publicado el pasado 21 de agosto de 2012 en el diario El País que titula “Inventar el futuro” invitando a pensar, soñar y crear un nuevo mundo que hoy se necesita –pareciera- de forma más urgente que en otras épocas, con más claridad que en los últimos decenios cuando tras la caída del Muro de Berlín se pensó en un fin progresivo de viejos males y que sin embargo tras el 2001 y los 11 años que le han seguido, ya en el siglo XXI, solo hemos participado en la repetición de los viejos vicios y de las eternas ambiciones del poder que convocan cada guerra.,

En medio de las vacaciones, de la distensión más absoluta de la ciudadanía, lo leo con la esperanza que siempre me suscitan sus palabras, Federico. Como agua de mayo –en este país que se quema, a todos los niveles, sin remedio- lo leo sabiendo que no me defraudará el fruto de su reflexión que me estimulará largamente, movilizándome en todos los sentidos.

Con desasosiego leo cada vez que usa puntos suspensivos, deseando haber encontrado una enumeración más precisa, sin desaliento por su parte, como desaliento siento en mí, más a menudo de lo deseable y siento en los que me rodean. Cada 'etc.' me llena de inquietud, deseando saber más, saber en qué otros etcéteras está pensando. Cada uso del 'ya', del ‘ahora’ me moviliza, me llena de entusiasmo y de energía para seguir pensando para actuar por este mundo maltrecho que no despierta y al que usted invita, sin dilación, al cambio, pero sin perder de vista lo ganado en el camino que no se ha de dejar atrás.

El 'yes we can' del Obama de 2008 queda lejos porque no produjo el cambio que desde fuera de los EEUU se deseaba. Y sin embargo usted utiliza la misma fórmula pero apelando a otra cultura política y a otra tradición, sin duda, la europea a la que usted pertenece y la de la ONU a la que usted ha dedicado grandes esfuerzos y la ilusión de una vida, y que ahora siente que puede ser reimpulasada por la posibilidad de un nuevo mandato de Obama pero esta vez secundado con mejores amigos en la Europa continental. ¿No se trata de un exceso de confianza en la política tradicional? Aunque desde luego, todo cambio debe comenzar por los ‘grandes’ que deben comenzar a ceder ámbitos de poder a otras naciones y a otras instituciones propias de la sociedad civil que sin bien participan en política, no son meramente políticas.

Su propuesta de una ONU verdadera y no eufemística me recuerda a la del viejo Kant, que solo veía posible la paz en una verdadera confraternidad de naciones soberanas de ciudadanos mayores de edad. ¿Pero cuánto camino falta para esta mayoría, que es cualitativa y moral, y no meramente cuantitativa y descerebrada? ¿Es válido el viejo proyecto ilustrado o debemos también generar uno a la altura de los tiempos, de la tecnología y de las nuevas posibilidades que ésta ha abierto para poder realizar viejas aspiraciones de igualdad y libertad, participación y seguridad que hasta ahora parecían meras utopías?

Cada idea concreta que usted aporta a ese nuevo futuro es de algún modo ya real, pero no general y se me antoja hacerme la pregunta, ¿Hasta qué punto no es la vieja política responsable de este retraso en el cambio? ¿Hasta qué punto está interesada en ese nuevo concepto de ciudadanía que da algo más que un voto y que piensa públicamente actuando? ¿Hasta qué punto no es el freno a ese mundo multipolar, desde dentro de las naciones hasta ahora relegadas y desde las que vetan los cambios en los G-8, 15, 22 y demás, desde los núcleos de poder máximamente masculinizados? Y por último, ¿Hasta qué punto no es el miedo a la propia libertad y a la del otro el mayor de freno para esa cultura de paz que tan deseable es?

No puedo estar más de acuerdo con su idea de que el porvenir, no solo está por llegar, sino que ha de ser inventado para que no sea una triste repetición de los males de este mundo, capitalista y amoral en su fase más plena. Ahora bien, el cambio deseado no pre-existe sino que ha de ser creado, donde pareciera que usted sigue al viejo Bergson que en su afirmación de la libertad decía que ésta no significa elegir entre dos camino, x e y, previamente trazados, sino el de trazar uno nuevo, como bien entendió el poeta Machado en su “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.
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