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La encrucijada de Rajoy

martes 28 de agosto de 2012, 20:15h
Los progres del lugar, y en especial los españoles, siguen achacando la crisis económica a Bush, a Aznar y a las famosas “hipotecas suprime” de la banca americana. Mientras, Rubalcaba y los sindicatos preparan manifestaciones masivas y algaradas para tomar la calle y poner contra las cuerdas la credibilidad y confianza en el futuro económico de España. Van a por todas con tal de destruir a Rajoy.

Pero lo cierto y la clave del problema, de la crisis económica europea y, en especial la española, es que la clase política no se pone de acuerdo en nada. Merkel, la jefa del cotarro, el presidente del Bundesbank, el propio Rajoy, Monti, Hollande y compañía dicen cada día una cosa. Van a su bola.

Primero, y eso tiene su lógica, sólo piensa en los intereses de sus respectivos países y en los votos. Y sólo coinciden en una cosa: hay que salvar el euro y hay que conseguir una unidad bancaria y fiscal. ¿Pero quién le pone el cascabel al gato? ¿Quién cede para lograr ese objetivo?
La salida de la zona euro de Grecia de la UE, por ejemplo, haría temblar la Unión Europea y podría provocar el desmembramiento de esa unión. ¿Pero cómo se puede evitar? Alemania está harta de darles dinero para que lo tiren por la borda y algo parecido ocurre con España.

Hoy, muy solemnemente, se han reunido el presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy y Rajoy. Y también muy solemnemente han pronunciado una rueda de Prensa conjunta en la que han descartado un rescate de España. Y, entonces, la pregunta es: ¿Y qué solución tiene la crisis española? El rescate sería, además de humillante, la cesión de la soberanía económica española en manos de Bruselas. Las medidas ya no las tomaría nuestro Gobierno, sino que estarían dictadas desde Europa. Y, entonces, sí que iban a sufrir los pensionistas, los parados y los funcionarios. No habría piedad para ellos.

Hay, pues, a primera vista sólo dos fórmulas para salir de la crisis con cierta dignidad. O que el Banco Central Europeo compre buena parte de la deuda española o que las medidas económicas españolas den sus frutos. Y ninguna de las dos parecen fáciles. El BCE ya ha dicho que no está para salvar a los países en quiebra y Rajoy no parece dispuesto a remangarse y coger el toro por los cuernos.

Es verdad que ha tomado medidas, que aunque dolorosas, eran necesarias. Pero le queda mucho trecho: el más complicado y el más difícil, pero el único que sería realmente eficaz. Meter la tijera en los gastos superfluos de la clase política, adelgazar la Administración y frenar el despilfarro de las autonomías y, llegado el caso, recuperar ciertas competencias. Como comentaba estos días el maestro Anson sólo las televisiones autonómicas nos cuestan 1.600 millones de euros. Y hoy mismo los catalanes han pedido un rescate de más de 5.000 millones de euros, mientras siguen tirando el dinero en sus memeces de la inmersión lingüística y en sus lujosas embajadas por todo el mundo, además de tener asesores hasta para cortarse el pelo.

Pero Rajoy no parece dispuesto en meter la tijera donde más duele. Podría afectarle electoralmente, quizás tendría que reformar la Constitución y liarse a garrotazos con todos los líderes autonómicos y sus propios compañeros de partido que viven como reyes en sus escaños regionales. Demasiada tela.

Mientras tanto, los líderes europeos siguen haciendo cábalas sin ponerse de acuerdo en nada. Sí, hay que salvar el euro. ¿Pero alguien sabe cómo? De momento, nadie. Y. Mientras, España se prepara para sufrir el otoño más caliente de las últimas décadas. Rubalcaba y sus colegas sindicalistas tienen el cuchillo entre los dientes y van a tomar la calle un día sí y otro también. La oposición constructiva. Rajoy, está, más que nunca en una encrucijada a la que ni él ni nadie ven la salida.
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