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Seamos justos con el Gobierno de Patxi López

Juan José Solozábal
martes 28 de agosto de 2012, 20:21h
No me gusta el tono general del balance de la actuación del gobierno vasco que se está llevando a cabo con ocasión de la disolución parlamentaria y convocatoria de elecciones autonómicas acordadas por el lehendakari Patxi López. Muchas de las reacciones publicadas denotan una posición derrotista que no comparto políticamente, pues creo que llevan a la resignación, cuando lo que procede es la movilización, y además parecen proclamadas desde una posición ideológica que asume que no queda espacio en el País Vasco para una opción de gobierno no nacionalista, lo que considero equivocado.

Cuesta creer que no vaya a tener reconocimiento electoral la contribución del gobierno de Patxi Lopez a la normalización política vasca cuyo obstáculo fundamental era el soberanismo aberrante de Ibarretxe. Mejor emplear las energías políticas en la simple labor de gobernar y administrar que en las disputas esencialistas y las virguerías constitucionalistas del anterior lehendakari, alineando correctamente al gobierno vasco, en colaboración con el ejecutivo central, en el achicamiento del espacio público proetarra. La contribución del gobierno de Patxi López a la oxigenación de la enrarecida escena vasca ha sido capital, animando a los otros protagonistas a actuar asimismo con un registro correspondiente de sensatez y moderación. Basagoti es un líder que ha propiciado una renovación del PP vasco imaginativa y de cierta audacia y Urkullu parece capaz de convencer a su partido de las desventajas de la estridencia y la extremosidad. Son el contrapunto necesario al cambio en de discurso de Ajuria Enea. El acuerdo de gobierno PSOE y PP, que de paso ha mostrado la capacidad de los grandes partidos para actuar de consuno en los asuntos de alcance constitucional, y que sirvió de soporte al ejecutivo de Lopez, quizás no ha sido reconocido como debía por el partido socialista de Euskadi, algunos de cuyos miembros estaban abducidos por el mal, ejemplo del tripartito catalán. Eso sin mencionar los detalles obligados de Rodríguez Zapatero con el PNV, por encima del ejecutivo de López, a causa de su debilitada posición parlamentaria , que permitieron a los jetzales arrogarse una centralidad política exorbitante. Tendrá, a mi juicio, algo de injusto, el inevitable salpicamiento de la crisis del PSOE en la valoración de la gestión de Patxi López, que debiera realizarse según parámetros bien diferentes y que son los propios de la situación política específica del País Vasco.

Pero mi mayor objeción a los comentarios publicados sobre el momento actual es la de que parecen atribuir un carácter, digamos natural o lógico, al término del gobierno constitucionalista vasco. Así se habla del fin del paréntesis no nacionalista del gobierno, o de la probable recuperación nacionalista del poder, como si en el País Vasco fuese imposible la alternancia o como si, casi, la legitimidad del dominio político solo correspondiese al PNV. Mantengo, como bien sabe el lector, una posición ideológica radicalmente contraria a esta tesis. Es decir, afirmo la absoluta incapacidad del nacionalismo vasco hasta ahora de formular una auténtica política general, esto es verdaderamente nacional, en el País Vasco. El PNV, no digamos la izquierda abertzale, tiene un programa político perfectamente articulado para el futuro. Sueñan con una configuración política acabada, cuentan con un diseño perfecto. El problema es que en ese País solo caben los nacionalistas, y en él no se hace el suficiente hueco a quienes no comparten la afinidad ideológica a cuyo servicio se apresta el diseño global establecido. Si en Euskadi hay más vascos que nacionalistas, esto es, si hay, por fortuna, muchos vascos que no son nacionalistas, ello quiere decir que el marco general de todos, la constitución para entendernos, no puede ser nacionalista.

Hay entonces espacio para aquellos cuyo plan político no tiene la angostura del nacionalismo y que defienden un marco general, este sí, auténticamente nacional para todos. Lo que hay que defender no es una alternativa al nacionalismo, consistente en su negación, en el rechazo a sus planteamientos políticos o culturales. Creo que el gobierno López hizo bien en no presentarse como antinacionalista, pues ello es muy difícil de lograr si no es desde una posición a su vez nacionalista. No se trata de rectificar sino de superar al nacionalismo. Cabe, eso sí, preguntarse si se hizo en los mejores términos, esto es, con convicción ideológica suficiente, y sobre todo con los mejores hombres y mujeres disponibles. La conclusión no debe ser, empero, la de que se trataba de una misión imposible, sino la de que es una tarea imprescindible, que merece un nuevo intento, tan pronto como se presente la ocasión.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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