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Caso Bretón: un borrón demasiado negro

miércoles 29 de agosto de 2012, 20:16h
Es cierto, como dijo el ministro del Interior en la rueda de prensa convocada el pasado lunes para explicar lo relativo a las últimas noticias del caso Bretón, que hasta el mejor escribano echa un borrón. Ahora bien, hay borrones y borrones. La perplejidad y la indignación que puede producir uno en concreto guarda evidente relación con el escenario donde se vierte la indeseable mancha de tinta negra, con capacidad para estropearlo todo. Precisamente para evitar, en la mayor medida posible, que un borrón arruine el trabajo de los demás compañeros, en este caso de la policía, existen o deberían existir controles ejercidos por los mandos superiores a quien haya podido cometerlo. ¿Por qué no han funcionado en este caso que nos ha conmocionado a todos? ¿De verdad puede una entera investigación de este calibre, que busca a dos niños desaparecidos, verse perjudicada únicamente por la actuación de un solo individuo? Parece imposible. Desde luego, impensable.

Empezando por la propia antropóloga forense de la Comisaría Central de Madrid a la que se encargó hacer dicho informe, para saber si los huesos encontrados en la hoguera de Las Quemadillas podían corresponder a Ruth y José. Si un error puede cometerlo cualquier, hay que tener, en cambio, una inmensa y extraña seguridad en uno mismo para mantener durante 11 meses que es imposible que te hayas equivocado. O simplemente no volver a pensar en ello. Porque si no, resulta increíble que tú mismo no busques la opinión de tus superiores o de otros expertos en la materia cuando ves que la policía y el juez instructor continúan poniendo patas arriba la finca donde se halló la hoguera, porque las pruebas señalan que los niños entraron allí aquel 8 de octubre pero no volvieron a salir. Ni Temperance Brennan en el Jeffersonian da un perfil tan arrogante, y eso que el personaje claramente lo pretende. Parece ser que ni siquiera enfrentada al informe que otro antropólogo forense, Francisco Etxeberria, que arrojaba conclusiones completamente distintas, la científica, cuya identidad parece más secreta que la de un testigo protegido, se bajó del burro. Y perdonen la expresión.

Ante la existencia de los dos informes contradictorios, la única solución fue encargar de forma inmediata un tercer informe, que llevó a cabo José María Bermúdez de Castro y cuyas conclusiones han venido a corroborar el contenido del emitido por Exteberria. No será el último, ya hay en marcha por lo menos otros dos. Porque es cierto que lo primero es, sin duda, aclarar lo mejor y lo antes posible qué ocurrió con los niños desaparecidos. Así lo dijo el ministro y no creo que nadie esté pensando en otra cosa como objetivo primordial. Pero también afirmó a continuación Jorge Fernández Díaz que no se trataba de depurar responsabilidades y eso, sin embargo, no parece de recibo. Todos somos responsables de nuestros trabajos o tenemos superiores cuya función es revisarlos y hacerse responsables de los mismos. Cualquier cargo conlleva esa responsabilidad y en este caso, en realidad, en cualquier caso de investigación policial, no debería zanjarse el asunto a base de solicitar ahora más informes y echar tierra sobre los once meses de pulcra, fatigosa, incesante y comprometida investigación de los miembros de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta que, desde el principio, creyeron que los restos hallados en la enorme hoguera que José Bretón encendió en su finca la tarde en que desaparecieron sus hijos era la clave para aclarar los hechos. Un NO tan rotundo como innecesariamente arrogante, que alargó la trágica espera de la madre y entorpeció la labor de los investigadores, si se concluye definitivamente que estaba equivocado debería tener sus correspondientes efectos.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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