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El estado de la cuestión

William Chislett
sábado 01 de septiembre de 2012, 18:12h
Nadie debe sorprenderse de la tasa del desempleo del 24,6% (53% para personas hasta 25 años de edad), un nuevo récord que supera la alcanzada en el primer trimestre de 1994, cuando alcanzó 25,5%, según la encuesta de población activa (EPA). Y aún en el caso que la tasa esté inflada por las mentiras de los encuestados, y no digo que lo esté, sigue siendo una tragedia nacional.

Se estima que la economía “negra” podría representar hasta la cuarta parte del PIB español, en cuyo caso el número de parados, en un ejercicio muy simplista, sería de unos 4,3 millones (19%) y no 5,7 millones. Aún así la tasa es el doble del promedio de la zona euro.

España genera el 11% del PIB de la zona euro y oficialmente tiene el 32% del total de desempleados (17,8 millones) de los 17 países que usan la moneda común. Alemania, en cambio, contribuye el 30% del PIB de la zona euro y sus desempleados (2,8 millones) representan el 15.8% del total. La tasa de paro en Alemania es del 6,8%, el nivel más bajo desde 1991.

La situación es dramática. En mi pueblito (500 habitantes) en la región de Castilla La Mancha unas 30 personas respondieron a un anuncio del ayuntamiento para el puesto de bibliotecario, incluyendo alguien de las Islas Canarias. El salario es 600 euros brutos al mes por cuatro horas al día. Debido a los recortes presupuestarios, el ayuntamiento tuvo que reducir el horario de la biblioteca de ocho a cuatro horas y la mujer encargada dejó el puesto.

¿Por qué es así? Yo escribí en enero que las reformas laborales no iban a ser una panacea y acerté. La tasa de desempleo ha seguido aumentando. Incluso, en el caso que España tuviera un mercado laboral “brutal” al estilo americano, el número de desempleados no bajaría.

Por sí solas, las reformas laborales, al margen de lo liberalizadoras que sean, no crearán empleo. El desafío radica en establecer una economía más diversificada que, basada en el conocimiento, dependa más de las exportaciones. Para ello hará falta al menos una década, y esto suponiendo que el modelo económico se mueva en la buena dirección (no lo veo) y que el sistema educativa mejore, empezando con la aún altísima tasa de abandono escolar prematuro (26,5% en 2011, el doble del promedio de la Unión Europea, y esto en el país con la tasa más alta de desempleo).

En los últimos cinco años se han perdido más de tres millones de empleos. ¿De dónde van a salir los nuevos puestos de trabajo estables? Evidentemente, no de la construcción (se calcula que hay aún alrededor de 700.000 viviendas nuevas sin vender) y tampoco de las Administraciones públicas, que están reduciendo la cantidad de puestos de trabajo (63.000 en el segundo trimestre).

España tendrá que soportar durante mucho tiempo un elevado índice de desempleo: la última previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI) pronóstico una tasa de paro aún de más de 20% en 2017. Y con 1,73 millones de hogares en los que todos sus miembros están en paro la red familiar está dejando de ser un colchón que ha evitado la caída en la marginalidad para muchos españoles.

No conozco otro país que haya acometido tantas reformas laborales desde 1984, cuando se introdujeron contratos temporales para tratar de fomentar la creación de empleo, y el gran problema del paro persiste. Esa medida acabó creando un mercado laboral completamente dual, formado por integrados (los que tienen contratos indefinidos) y excluidos (los que tienen contratos temporales).

Me quedo con una cita de Julián Marías cuyo ejemplar libro de memorias Una Vida Presente (Páginas de Espuma) leí durante mis vacaciones. Cuando le preguntaban durante los años 30 y 40 si era optimista o pesimista sobre España solía responder: “Optimista respecto a las posibilidades, pesimista en cuanto a la realidad, porque España podría estar muy bien dentro de poco, si se hicieran algunas cosas, pero temo que no se harán.” Son otros tiempos ahora, pero estas palabras siguen siendo válidas.

¡Bienvenido a un otoño caliente!

William Chislett

Escritor

WILLIAM CHISLETT es escritor y colaborador del Real Instituto Elcano

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