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Vida y muerte en la pantalla: de Bretón, Scott y demás

sábado 01 de septiembre de 2012, 19:59h
El suicidio del director de cine Tomas Scott es un más allá de la ficción. En su serie “The good wife” hay un capítulo en el que un director de cine cuyo hermano se había suicidado decide hacer una película sobre el suicidio filmando un famoso puente de Chicago conocido por los numerosos suicidios que se producen desde sus hierros. La serie de abogados trata el tema desde el problema tan contemporáneo de si la película a su vez incitaba al suicidio o lograba incluir el tema en la agenda pública para quela sociedad tomara conciencia de la complejidad del suicidio y de la inconmensurabilidad de cada suicida.

Y el director de la serie en la realidad se suicida tirándose de un puente. Inefable.

Las informaciones consecutivas hablan de que padecía un cáncer cerebral incurable. La familia lo niega. Ya sí se abre otro problema: incurable o no, este director direccionó su vida hacia un fin rápido antes que ser el espectador privilegiado de su agonía. Cuestión que hoy parece intratable desde las diferentes legislaciones nacionales que no logran plantear siquiera el problema de la eutanasia (buena muerte) y de los cuidados paliativos, prolongando vidas en la miseria por el hecho de la prolongación misma de la vida, sin saber siquiera qué sea esta (y soy consciente de las reiteradas reflexiones sobre el qué de la vida que últimamente pueblan estas columnas).

La película que les acabo de contar no es ni realidad ni ficción, no tengo la 'buena información' como para establecer si es más o menos verdad o mentira, pero esa no es la cuestión. Se trata sin embargo de preguntarnos cómo lo que vemos en la pantalla afecta a lo que hacemos, haríamos o podemos hacer. Dicho de otra manera: ¿la propagación informativa ya sea en formato 'telediario', 'serie' o 'película', qué influencia tienen en la realidad? ¿Puede mejorarla o inevitablemente la banaliza y por ende, la hace peor?

En estos días de calor se me cruzó otra película brasilera titulada “Tropa de élite II” que plantea como la corrupción política junto con la policial es la responsable directa del tráfico de armas, de drogas, de la violencia en las calles, en los despachos y en las cárceles. Ahí es nada. Una piensa que un relato así debería producir un alzamiento social en Brasil contra la corrupción de las fuerzas del estado y de los representantes, pero nuevamente: la nada. Continúa todo como está sin que nada cambie, contradiciendo esta vez al Gatopardo.

Un tal Bretón en España es ahora la estrella mediática por una historia macabra en la que parece que ha matado a sus hijos para vengarse de su mujer que quería divorciarse de él. No es el primero ni el último, pero el tratamiento informativo es tan total que parece un libro de instrucciones para el próximo ego que no soporte la otredad.

Inconmensurable, ¿mejor dejarlo en inefable?
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