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Elecciones para temblar

domingo 02 de septiembre de 2012, 17:18h
Si los políticos pensaran más en el bienestar de los ciudadanos que en los votos, seguro, que España y el mundo entero irían mejor. Las decisiones de la clase política están, en primer lugar, en función de la repercusión electoral. No se atreven los dirigentes a tomar medidas que les puedan dañar sus expectativas electorales. Y así nos va. Y si Rajoy ha subido el IRPF y el IVA ha sido obligado por Merkel y sus secuaces europeos.

Cuando Rajoy no ha terminado de sentarse en su despacho de La Moncloa, ya andan los socialistas exigiendo elecciones, con la vana esperanza de desmontar al PP del Gobierno. Hoy mismo Alfonso Guerra, que aún sigue apoltronado en su escaño del Parlamento, se ha marcado unas declaraciones, muy en su línea chulesca y provocativa, para pedir un adelanto electoral o un referéndum. El que fuera la punta de lanza de Felipe González parece que ya esta gagá.

Pero las elecciones de las que no vamos a librarnos son las vascas y las gallegas. El 21 de octubre estas dos regiones están convocadas a las urnas. El PP gobierna con comodidad Galicia, pero las encuestas que maneja Feijóo le han animado a adelantar las elecciones. El riesgo evidente es que el PP no obtenga mayoría absoluta y vuelva al poder el tándem de los socialistas con los nacionalistas del BNG. Y ya sabemos, que si eso ocurre, el que no hable gallego ya se puede ir exiliando y ya sabemos que en los colegios el niño que hable castellano puede pasarlas canutas. La memez nacionalista tomará de nuevo el poder en Galicia.

Pero más delicadas y peligrosas son las elecciones que se avecinan en el País Vasco. Según las encuestas, el PNV ganaría con los proetarras de Bildu pisándole los talones. Y no sería de extrañar que ambos partidos formaran una coalición de Gobierno con sus atroces y repugnantes principios ideológicos como única línea de actuación. O lo que es lo mismo, lucharían e intentarían legislar para lograr la soberanía absoluta y se chotearían del Gobierno central y de todo lo que oliera a España. La independencia como única bandera.

Y, desde luego, el euskera sería el único idioma permitido y la presión sobre Rajoy sobre ETA y sus presos sería insoportable.
Esto es lo que nos espera, en plena crisis económica, con un Gobierno que no sabe qué hacer con ETA: si ceder al chantaje para que se apacigüen los terroristas o aplicar con todas las de la ley el Estado de Derecho. De momento, con Bolinaga y su tercer grado parecen algo achantados. Y si se encuentra con Bildu en las instituciones vascas, igual se va medio Gobierno a refugiarse a Australia. O nos vamos todos y dejamos a Bolinaga que gobierne y deje España hecha trizas.
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