www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Obama y Romney. Déjà Vu

viernes 07 de septiembre de 2012, 20:47h
Frente a las elecciones presidenciales en los Estados Unidos a efectuarse el 6 de noviembre de 2012, podemos realizar ya un primer acercamiento.

La noche del jueves 6 de septiembre, justo a dos meses de la jornada electoral, Barack Obama asumió la candidatura de su partido, el Demócrata, a la presidencia de los EE.UU. Se ha completado el dúo que se disputará la presidencia del país por el momento, aún más poderoso de la Tierra y ello, pasadas las elecciones mexicanas, nos conmina a encaminar nuestra atención al otro lado de la frontera.

Si he de resumir ambos discursos de aceptación, el de Obama y el de Romney, en ellos se ha dicho poca cosa nueva y han recurrido a los espacios comunes. En realidad, invitan a un tedio que se consolida desde fuera de Estados Unidos, naturalmente, donde no cuela la “emotividad” con que suelen expresarse los políticos de ese país.

Independientemente de que se asevere que es el presidente más amenazado de muerte en toda la historia de su nación, escabrosa en temas raciales, con Obama se quedan atrás 4 años de una inoperancia percibida desde el exterior y de una presidencia que muchos sentimos como débil. No debido al talante de Obama, necesariamente, sino a los intocados intereses que se niegan a ceder y han ido menguando su fortaleza. No desconocemos que amplios sectores están desilusionados con quien prometió poner fin al desbarajuste dejado por la megalomanía de George Bush hijo y del que, además, tampoco gusta su discurso acusado de socialista por los mas recalcitrantes, y que acaso, tampoco agrada su condición racial. Claro, como presumen de políticamente correctos, eso lo dicen en privado y no lo admiten en público. Penoso y deplorable de verdad que eso siga pasando en la democracy.

Intitulamos esta entrega con un déjà vu apelando a que parece que miramos de nuevo a los mismos espacios comunes de siempre y que desde hace varias semanas se repiten como cada cuatrienio: que si los hispanos ahora sí van a contar, que si esta vez sí participarán, que si de verdad serán determinantes en el voto que acabará de una vez por todas por catapultarlos al poder efectivo negado por siglos; o que si esta vez sí figurarán políticos hispanos o que si esta vez ahora sí va la suya, que siempre sí será su gran oportunidad. Y la verdad es que cada cuatro años se repite la misma cantaleta desde que me acuerdo, pues claro, ese gran momento jamás acaba de llegar, tal pareciera.

Y así con otros temas que se repiten sin análisis más profundos, que acaban por generar un hastío, un aburrimiento irremediable, solo salvado por el status de ese país.

Vistas estas elecciones desde México, país que guarda una importante relación con esta primera potencia, con la que comparte más de tres mil kilómetros de frontera terrestre y la marítima del Golfo de México –que divide dos mundos diferentes y una sobrada realidad asimétrica, pero interdependiente– es pues que aquellas parecen una simple repetición de otras. Lo que sucedió en Carolina del Norte ya se esperaba y dada la grisura del gobierno Obama, esas elecciones no despiertan entusiasmo. ¿Qué lo reeligen? Allá ellos.

Visto desde afuera, parece que Obama no las tiene todas consigo. Pero debe quedar claro que muchos poderes juegan sus cartas. Y que nada está escrito. Un ejemplo: hace unos años oí decir que por no apoyar más a Israel, se estaba jugando su reelección. Quizás, pero decirlo así implica desconocer que el poder proclive a Israel en Estados Unidos es poderoso pero irremediablemente, no es el único poderoso ni el más ni dentro ni fuera. Comparte escenario. Es que juegan muchos otros factores. Así que todo merece más análisis frío y más sensatez por parte de todo analista que se precie de serio. Y todo ello mientras China ya es la segunda economía del orbe. ¿Qué hará con eso? ni idea.

Asimismo, el desencanto del que se habla sobre Obama fuera de su país, solo confirma lo que hemos percibido en México por 4 años: un gobierno gris, con graves errores cometidos en su relación con México, de imprudencias, torpezas inauditas e irresponsables bravuconadas de su primer círculo hacia la política de cooperación bilateral con su vecino del sur, evidenciando la acre corrupción estadounidense, desbordada y vergonzante, que vulnera irreparablemente su pretenciosa postura de líder moral y hasta se han llevado el fracaso sonado de su embajador Carlos Pascual, cuya incompetencia supina le valió salir de México por la puerta trasera con la derrota a cuestas, mientras lo desvestía Wikileaks, mancillando así el nombre de su país. Es difícil saber si en todos los frentes así haya sido el gobierno Obama, pero de ser el caso, sería comprensible que sus allegados temieran la no reelección.

Y ¿qué tenemos en la acera de enfrente? un Michael Romney que ha apostado en su campaña para alcanzar el nombramiento como el candidato republicano, mostrándose como el que solo apela a las irredentas culpas de Obama y que no nos parece diferente a como actuaban sus predecesores partidistas, tal y como lo hacían en la época de Reagan, jugando a los valores “eternos” más profundos de un país que sigue invocando a la época dorada que ya se quedó atrás hace décadas y que tanto le funcionó hacerlo a Reagan y hasta cierto punto, a los Bush. Se muestra incapaz de renovar su discurso. Y sí, estamos además en presencia de un Romney que en apariencia nos convence de que se desliga de ese folklorismo rampante de la política estadounidense que es el pintoresco Tea Party, que recuerda el bochornoso incidente que culpara a los “indios” de las fechorías de los blancos tirando té en Boston. Menudo nombre.

Oteando el panorama se queda uno con la percepción de estar viendo pocas novedades y sí una reiteración de discursos que más o menos oímos desde hace veinte años. Por fortuna estar fuera de los Estados Unidos siempre permite ver las cosas en un contexto más objetivo, sin encandilarnos y no permeado de emotividad, que es un vocablo que tanto gustan de explotar los estadounidenses, para quienes parece funcionar muy bien la lagrimita, la frase lapidaria, la aseveración contundente y estridente, pero que fuera de su contexto a muchos analistas sencillamente nos despiertan bostezos.

Cuando Peña Nieto ha lanzado su pomposamente llamado “equipo de transición” parece haberse olvidado de que deberá aguardar el resultado del 6 de noviembre. En su horizonte no le aparece, en apariencia, EE.UU., visible para él solo por sus viajes de compras cuando era gobernador. A ver si pronto se pone las pilas y mira al vecino como lo que es: el principal socio comercial de México. Ojalá que lo haga, pero… tengo mis dudas.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.