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La importancia de las palabras

domingo 20 de abril de 2008, 22:16h
Decía Morelli, uno de los personajes de "Rayuela", de Julio Cortázar, que las palabras era instrumentos deformados con el tiempo y que era necesario destruirlas, construir otras nuevas y de esta forma crear un nuevo lenguaje que describiera con más fidelidad al mundo. Las palabras importan, no es lo mismo decir trasvase que "conducción urgente del agua" –María Teresa Fernández de la Vega dixit-, así como no es lo mismo decir "condenar" que "reprobar" y, por supuesto, un "atentado terrorista" poco tiene que ver con una "acción armada englobada en el marco del contencioso que enfrenta a Euskal Herria con los Estados español y francés". Al elegir distintas palabras para contar las mismas cosas, consciente o inconscientemente, estamos construyendo realidades, mundos paralelos que, aunque con el diccionario en la mano deberían ser el mismo, en la práctica están años luz uno del otro.

De vez en cuando se dan casos flagrantes, por su chapucería y necedad, de intentar cambiar la percepción de la opinión pública hacia un hecho a través del lenguaje, como hemos visto estos días a raíz de la polémica sobre el trasvase. Pero la mayor parte del tiempo, esta manipulación se hace de forma sutil y sibilina, y, por supuesto, logra conseguir sus objetivos. El caso vasco, es uno de los ejemplos más obvios. Si no fuera porque las bombas están hechas de metralla y las balas de acero y no sólo de palabras, se podría decir que el llamado conflicto vasco se enroca en un escenario de vocablos, construido sobre tablones de adjetivos y enmarcado en circunloquios de terciopelo.

Cada vasco elegimos en qué mundo vivir nuestra travesía por el desierto y desde esa atalaya de palabras discutimos los unos con los otros sin comprendernos, porque llevamos tanto tiempo sin ponernos de acuerdo en el significado exacto de los términos, que ya no nos sirven para comunicarnos. Sólo son armas arrojadizas o pins con los que demostrar nuestra adscripción a una u otra parte del "conflicto". Cómo vamos a solucionar algo, si discutimos hasta para poner nombre al "problema" que lleva cuarenta años desangrándonos. Lo que para unos es un "conflicto", para otros es un "problema" y para otros un "contencioso". Quizás deberíamos seguir los consejos de Morelli y plantear que la próxima "ronda de contactos" entre los "agentes políticos" sea en gíglico.
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