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La historia no contada de los reclutas en la Guerra Civil

sábado 08 de septiembre de 2012, 21:09h
Más de setenta años después de la Guerra Civil española, en la que murieron cerca de 500.000 personas, el conflicto sigue generando todo tipo de libros. Pocos, sin embargo, la ponen en un contexto netamente humano.

Reluctant Warriors: Republican Popular Army and Nationalist Army Conscripts in the Spanish Civil War, 1936-36 (“Guerreros reacios: reclutas del Ejercito Republicano Popular y del Ejercito Nacional en la Guerra Civil Española, 1936-39), de James Matthews, libro publicado hace poco por Oxford University Press, indaga la cara más humana de la guerra basándose para ello en fuentes primarias. Cientos de miles de personas fueron reclutadas a luchar en ambos bandos.

El proceso que se lleva a cabo entre los años 1931 y 1936 y dio lugar al levantamiento de General Franco es más que conocido. En las opacas palabras del filosofo Julián Marías tomadas de su ejemplar ensayo “La guerra civil: ¿cómo pudo ocurrir?” reditado hace poco por Fórcola, el conflicto se debió a “la escisión del cuerpo social mediante una tracción continuada, ejercida desde sus dos extremos.”

Mucho menos conocida es la vida cotidiana y el papel de los reclutas. Al final de la guerra, en 1939, unos 1,7 millones de reclutas lucharon en el bando republicano y unos 1,2 millones con el ejército franquista. La inmensa mayoría no eran voluntarios: solo los militantes políticos ofrecieron sus servicios voluntariamente; la gran masa restante fue movilizada.

El reclutamiento dependía más de la geografía que de la ideología: si un hombre, generalmente por debajo de los 40 años, vivía en una zona tomada por los rebeldes después del 18 de julio era más que probable que formaría parte del ejército franquista, y si vivía en una zona bajo el control de la República acabaría luchando en el Ejército Popular. Así de sencillo. En los últimos meses de la guerra, con el avance de las fuerzas nacionales, el reclutamiento republicano llegó a niveles tan frenéticos que un grupo de reclutas con solo 17 años fue conocido como la Quinta del Biberón.

Ambos bandos usaron técnicas similares para reclutar, porque se basaban en directrices de antes de la guerra. A pesar de las ideologías bien diferentes, ambos ejércitos fueron más similares de lo que parece. Pero los mensajes y los eslóganes usados en las campañas de reclutamiento fueron muy distintos, aunque ambos evocaron el nacionalismo y el patriotismo. Los rebeldes usaban un lenguaje sacralizado. Según los eslóganes en las fachadas de edificios en la zona franquista: “Ante Dios no serás héroe anónimo.”

Los nacionales no escatimaron esfuerzos en su discurso oficial para distanciar al enemigo de la nación. Un poema escrito por un recluta para publicar en la revista La Ametralladora fue rechazado porque “rima Azaña con España y esto no lo podemos consentir.”

Los republicanos describieron a Franco como una marioneta de la Alemania de Hitler y de la Italia de Mussolini. Se divulgó un chiste en el que a Franco se le informa del número de víctimas: 2.882 italianos, 640 moros, 102 alemanes, 11 portugueses y un español. “¿Un español?”, exclamó Franco. “Le está bien empleado, por meterse en lo que no le importa.”

Los reclutas republicanos estaban mucho mejor pagados que los del otro bando. Recibían 10 pesetas por día, en comparación con 50 céntimos de los nacionales, después de deducir 2,50 pesetas para comida, alojamiento y equipamiento.

Una de las muchas virtudes del libro algo pionero de Matthews, un joven historiador con un doctorado de la Universidad de Oxford, es su investigación sobre un tema muy sensible para ambos bandos – la deserción. Ninguno quería admitir públicamente el alcance de este problema para no minar la legitimidad de su causa. Aún en el año 2006 el tema fue tan novedoso que el subtítulo de un libro sobre la deserción era “La guerra civil que nadie quiere contar.”

Entre los métodos usados por el ejercito franquista para atraer soldados republicanos a unirse a su causa estaba el lanzamiento mediante cohetes de cientos de paquetes de cigarrillos a las trincheras republicanas con una octavilla en la que se leía: “Fuma estos cigarrillos, muestra de nuestra abundancia, y pásate a los Nacionales.”

Miles de personas identificadas con la izquierda se salvaron de la represión en el bando franquista por la vía de alistarse con los rebeldes. Según Paul Preston, la represión de los rebeldes, en términos generales, fue aproximadamente tres veces superior a la que ocurrió en la zona republicana. La cifra más fidedigna, aunque provisional, de muertes a manos de los militares rebeldes y sus partidarios es de 130.199, y el número más reciente y fiable de rebeldes asesinados o ejecutados por los republicanos asciende a 49.271.

En las elocuentes palabras de un voluntario anarquista en el bando franquista: “Tuvimos que tomar algunas medidas para escapar de este infierno. Junto con un vecino tomé la decisión heroica de alistarnos voluntariamente en los centros antes que fuéramos descubiertos por las bandas nocturnas de asesinos locos.”

Espero que el libro salga en español.
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