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20 años después del divorcio de terciopelo de Checoslovaquia

Izabela Barlinska
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ibarlinskaelimparciales/11/1/11/23
jueves 13 de septiembre de 2012, 20:31h
Hace 20 años, el 26 agosto de 1992, Vaclav Klaus y Vladimir Meciar , los entonces Primer Ministros de la República Checa y Eslovaquia, respectivamente, firmaron un acuerdo sobre la división de la Federación Checoslovaca en dos países: República Checa y República Eslovaca. No hubo violencia, pero tampoco nadie saltó de alegría cuando Checoslovaquia dejó de existir. Ha sido borrada del mapa de Europa donde apareció en el 1918.

Esa decisión fue impulsada por las animosidades político-sociales que estallaron después de los años de status quo impuesto por el régimen comunista. Formalmente, Checoslovaquia era una federación, pero en la realidad el país estaba dominado por los checos, dos veces más numerosos y más prósperos. La elite de Praga decidió sobre el destino del Estado durante décadas. Praga fue la capital de un mini-imperio, comparable con Yugoslavia o la misma Unión Soviética. Los tres países se formaron como federaciones y desaparecieron al mismo tiempo; todos tres iban a ser multinacionales y multi-culturales, aunque en aquellos tiempos nadie usaba estos términos. En la práctica, en cada uno dominaba una nación y una cultura.

Poco después de la caída del comunismo en Eslovaquia comenzó a despertar el nacionalismo
y ya nada pudo pararlo. Las encuestas mostraron invariablemente que ni los checos ni eslovacos querían romper el país, pero los eslovacos no estaban satisfechos con su forma actual. Después de la interminable serie de negociaciones, finalmente, Klaus y Meciar dijeron que la única manera de salir de la situación era una división del país.

De nada sirvieron las presiones diplomáticas de los Estados Unidos y de la Unión Europa aterrorizados por la perspectiva de un colapso al estilo soviético o la guerra cruel de Yugoslavia. Sin embargo, la división se llevó a cabo pacíficamente en los salones de los parlamentos y las oficinas de partidos.

Después de 1993-1998, el peor período de las relaciones entre los nuevos Estados, en el día de hoy ambos están orgullosos de este divorcio de terciopelo. Los checos se han curado de la ilusión de su propia superioridad, y los eslovacos sorprendieron con el radicalismo de sus reformas. Mientras que la economía checa crecía lentamente, Eslovaquia en 2007 registró un incremento del 10%, y las previsiones para el 2012 son de 2,5%.

Ambos países parecen ser contentos de la división pero no llegan a determinar si este divorcio realmente ha tenido sentido. Mientras tanto ha crecido la primera generación, que no se acuerda de Checoslovaquia.... y en 20 años se sorprenderá de que los checos y eslovacos una vez convivieran en el mismo país.

Izabela Barlinska

Politóloga

IZABELA BARLINSKA es Doctora en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid e investigadora asociada de Analistas Socio-Políticos

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