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RESEÑA

Maruja Torres: Sin entrañas

domingo 16 de septiembre de 2012, 16:07h
Maruja Torres: Sin entrañas. Planeta. Barcelona, 2012. 283 páginas. 19,50 €
Mujeres y novela policíaca constituyen, sin duda, un buen tándem. A los nombres ya clásicos de las reinas del misterio, como Agatha Christie, P. D. James o Patricia Highsmith se han ido sumando otros, como Donna Leon o, en el ámbito nórdico -con su reciente boom-, Asa Larsson o Camilla Läckberg. En España, la autora pionera en el universo del crimen es Alicia Giménez Bartlett, que dio vida a la inspectora Petra Delicado en una serie que, comenzada en 1996 con Ritos de muerte, acumula cerca de una decena de títulos. Últimamente, se ha producido el fenómeno de que algunas escritoras que nada tenían que ver con lo policíaco, se han internado en esa senda con notables resultados. Así, recordemos a Marta Sanz con Black, black, black y Un detective no se casa jamás(Anagrama, 2010, 2012), que da una vuelta de tuerca al género, a Carme Riera con Naturaleza casi muerta (Alfaguara, 2012), creadoras, respectivamente, del singular detective Arturo Zarco, y de la subinspectora Manuela Vázquez, cuyo nombre es un homenaje a Manuel Vázquez Montalbán –padre de la novela negra española-, y a Maruja Torres, quien, por cierto, también le rinde homenaje y le recuerda con cariño en su obra Esperadme en el cielo, galardonada con el Nadal en 2009. Todas ellas se han inclinado, en mayor o menor medida, hacia la novela-enigma, en la línea de Agatha Christie, o hacia la novela negra, de contenido más social, de la que es maestro Raymond Chandler, las dos riberas fundamentales de lo policíaco, que, no pocas veces, se entrelazan.

Maruja Torres, veterana y reconocida periodista todoterreno, tras contar en su haber, entre otros títulos, con las novelas Ceguera de amor (1994), Un calor tan cercano(1997), Mientras vivimos (Premio Planeta 2000), y Hombres de lluvia (2004), publicó el pasado año Fácil de matar, primera incursión en la narrativa policíaca, que obtuvo una buena acogida, y sacó a la palestra al personaje de Diana Dial, antigua reportera, metida ahora a labores detectivescas, acompañada de su inseparable inspector Fattush, inspirado en una persona real, un amigo de Maruja Torres, como ella misma ha confesado. También la propia Diana tiene no poco de real en cuanto a que, como también ha dicho su creadora, encierra muchísimo de ella misma. En Fácil de matar, la investigadora amateur, pero con un gran olfato, tiene que enfrentarse al asesinato de Tony Asmar, a quien una bomba colocada en su coche, le hace saltar por los aires. En este caso, el escenario es el Libano, donde Maruja Torres ejercicio como corresponsal de guerra (ésta y otras experiencias profesionales las relata en Mujer en guerra).

Ahora, de Beirut pasamos a El Cairo, en un Egipto donde se avecina la caída de Mubarak. En un crucero por el Nilo, fallece Oriol Laclau i Masdèu, empresario, directivo futbolístico y patrocinador de excavaciones en Egipto y coleccionista de piezas arqueológicas. Su hermana, Lady Roxana, sospecha que la muerte no ha sido, pese a las apariencias, por causa natural, sino que ha sido asesinado. Amiga de Diana Dial, le pide ayuda a esta para esclarecer el caso. Comienza así una investigación, en la que hay quince sospechosos, todos ellos relacionados con la víctima, y entre los que se encuentra su viuda, Lady Margaret Middlestone, “Marga”; Joan Creus, médico personal de la familia; Pitu Morrow, a quien Oriol Laclau había contratado para escribir su biografía; Alfons Permanyer, hombre de confianza del acaudalado empresario, y Fuad El-Rashid, vieja gloria de la canción egipcia, entre otros.

Sin entrañas, presentada por su autora en El Cairo, es un claro y decidido homenaje a Muerte en el Nilo, de Agatha Christie. Así, se inscribe, sobre todo, en la novela-puzzle o novela-enigma en una trama perfectamente conseguida, que proporciona un inteligente entretenimiento, escrita con un estilo que va más allá de la eficacia, y donde el humor, la parodia y la ironía desempeñan también su papel, como es habitual en la producción de Maruja Torres. La novela que ahora ofrece es básicamente un divertimento, aunque no deja de plantear en su fondo cuestiones de difícil resolución, como la relación entre el primer mundo y los países cercados por la opresión y la miseria, asunto que siempre le ha preocupado a la escritora y periodista catalana: “Y esa contradicción, el amor hacia el país unido al desprecio que siente por su propia e inevitable condición de acomodada visitante, esa latente angustia por el deseo de comunicación profunda siempre defraudado, permanece grabado en su memoria […] El niño egipcio de su pasado se yergue para advertirle: recuerda quién eres y en dónde estás. No juegues a entendernos ni a querernos”.

Por Carmen R. Santos
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