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El trasfondo de la dimisión de Esperanza Aguirre

lunes 17 de septiembre de 2012, 18:56h
Esperanza Aguirre ha motivado su dimisión como presidenta de la Comunidad de Madrid y diputada de su Asamblea con un único argumento: su cansancio por la larga trayectoria política, incluidos ahí el episodio de su enfermedad y su deseo de centrarse en su vida personal y familiar.

Lo que ha sucedido es que, a los pocos minutos de su anuncio, y digerida la sorpresa inicial, casi nadie la ha creído… totalmente. Hay práctica unanimidad de los que piensan que, por supuesto, la presidenta de la Comunidad de Madrid no miente, pero tampoco dice toda la verdad.

La señora Aguirre, permanentemente respaldada por la mayoría electoral de Madrid, y absoluto líder de los populares en la Comunidad, es una mujer de convicciones políticas absolutamente definidas. Todo lo contrario que la mayoría de los líderes políticos,especialistas en la acomodación ideológica a las circunstancias.

Por eso, Esperanza Aguirre no podía sentirse cómoda, y esa incomodidad, sin duda, potencia mucho el cansancio y la nostalgia por la “vida civil”.

Se puede pensar, con muchísima buena voluntad, que la respuesta de la dimisión haya podido fundamentarse inconscientemente en ese malestar. Pero también puede pensarse que Esperanza Aguirre es totalmente consciente delo que hace y de sus consecuencias; de por qué lo hace y por qué no lo hubiera hecho.

Esperanza Aguirre es de los pocos liberales que realmente quedan. Y la política nacional es ahora, y lo ha sido casi siempre, la apoteosis del intervencionismo, si descontamos unos pocos momentos en la época de Aznar. Aguirre cree en la sociedad y no cree en las subidas de impuestos. Cree en la excelencia y no en el Estado subvencionado. Cree en el individuo y no en los lobbies, sean económicos, políticos o sindicales.

Ahora, todas las recetas liberales están condicionadas por la intervención, tanto europea como consecuentemente española. El PP en el poder poco puede hacer para librarse de esto, pero también hay quien cree en la derecha española que quizá podría hacer algo más de lo que hace. Y una de quienes lo creen es precisamente Esperanza Aguirre.

Al menos, si en el terreno económico la situación puede estar condicionada, en el político, y con mayoría absoluta, la autonomía podría ser mayor. Pero ahí tampoco estaba cómoda Esperanza Aguirre. No lo estaba ni en los desafíos soberanistas ni, por supuesto, en el caso Bolinaga. Ni tampoco en la estrategia interna del PP, la marcada por el quietismo prudente.

Esperanza Aguirre puede haberse cansado por todo esto, y también por ser un verso suelto en el PP, esa cualidad que se decía de su compañero Alberto Ruiz Gallardón antes de ser bastión del rajoyismo. De hecho,el ascenso en la influencia de éste ha corrido en paralelo al descenso de la de Esperanza Aguirre.

El problema ahora es que, por unas y otras razones, Esperanza Aguirre ha dejado mucho huérfano entre las bases y los votantes del PP, porque era la única que decía lo que la mayoría de su partido pensaba. Y por ella, muchos que no entendían y no entienden la real politik de Rajoy, hacían de tripas corazón y seguían con el PP. Es una incógnita lo que harán apartir de ahora.

Porque la situación para el Gobierno de Rajoy y para supartido sólo se puede analizar desde una dimensión: que tenga éxito la recuperación económica. La otra vertiente, la de una ideología sin fisuras, con convicciones firmes compartidas por una amplia base electoral, se ha dejado, por táctica o por convicción, a un lado.

Algunos pueden pensar que Rajoy se puede sentir aliviado alperder una voz muy exigente y crítica en el seno de su partido. Puede ser lo contrario, primero porque Esperanza Aguirre no se va a callar, aunque su único puesto sea la presidencia de una comunidad de propietarios. Y segundo, porque el PP tiene que reinventar referentes ideológicos que no sólo sean el utilitarismo en la gestión económica. Es decir, que entre las razones de Aguirre no estaba hacer un favor a Rajoy.

Lo que seguro que en nada ha influido ha sido la desnortada oposición a Aguirre, sobre todo porque el líder socialista, Tomás Gómez, está más preocupado por criticar a la propia dirección de su partido que por otracosa. En todo caso, casi todos los analistas coinciden en que la dimisión también ha sido una excelente noticia para el PSOE.

Socialistas, sindicalistas y nacionalistas no han disimulado su alegría. Pero a Esperanza Aguirre no le preocupaba ni le cansaba su anterior disgusto. Si ahora ha dimitido por cansancio, han sido otros los que la han agotado, los que le han quitado las ganas de seguir en el combate.
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