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Agustín Delgado: un poeta del grupo de la “Claraboya”

miércoles 25 de junio de 2014, 17:32h
La muerte de Agustín Delgado (1941-2012), además de impresionarnos por inesperada, ha sido una perdida notable para la creación poética española. El artículo que el académico Luis Mateo Díez escribió en su memoria, ha puesto de relieve la calidad sobresaliente de su obra. Títulos como “Sansirolés” (1981), “Discanto” (2005) y “Espíritu áspero. Poesía reunida” (2010), entre otros, han llamado la atención de autores y críticos exigentes como José Miguel Ullán, Juan José Lanz (el estudioso de la revista “Claraboya”), Julio Llamazares, Luis Artigue (poeta y periodista) o el propio Luis Mateo Díez.

Tengo que confesar que he descubierto ahora la calidad de los poemas de Agustín Delgado, cuando él ha muerto, a pesar de que mi relación con él viene de antiguo, y que no se interrumpió con el paso del tiempo. La ignorancia que lamento en este triste momento es culpa mía, cierto es, pero tengo la escusa (como muchos de sus amigos) de que él nunca tuvo interés en mostrarnos sus poemas, y lo que éstos significaban para su vida. Era un escritor sorprendente: no mostraba la vanidad propia de cualquier creador. O al menos no la exteriorizaba. ¿Estaba reprimida debajo de su cansancio vital, de su negativa a venderse en el mercado cultural de nuestro tiempo? La ausencia de vanidad puede ser la prueba de que un autor desconfía absolutamente de que alguien pueda valorar positivamente su obra.

Cuando Agustín Delgado publicó “Espíritu áspero. Poesía reunida (1965-2007)” comentó que se sentía “marginal”, pues nunca conseguía la atención de los críticos consagrados. El también desaparecido José Miguel Ullán señaló, unos años atrás, que Agustín Delgado era “un entrañable lobo estepario”. Mi experiencia con él, me lleva a pensar que tenía su vanidad como poeta maltrecha. Su melancólica tristeza, su hermetismo con sus sentimientos, ¿no procedía de una muy baja autoestima? La comparación con Vincent van Gogh se hace presente: ¿Su obra tendrá más éxito después de su muerte que la que tuvo en vida?

Cuando yo le conocí, Agustín Delgado era director del Instituto de Enseñanza Media “López de Mendoza” de Burgos, un gran centro educativo. Eran los años intensos que van de 1974 a 1979. Él y su esposa Esther, participaron en las mismas tareas ilusionantes y en las mismas peleas ideológicas de aquella época: lograr la libertad política, proyectar la autonomía para Castilla y León, y afirmar una cultura crítica y creativa.

Agustín Delgado, a pesar de sus pesares, seguía creyendo que aquel tiempo había merecido la pena. Después de treinta años, mantenía intactas sus convicciones más profundas. Políticamente, seguía pensando en socialista, y creo que seguía afiliado al partido de Pablo Iglesias.

Y esto no era en él mera casualidad sin importancia. Agustín Delgado se dio a conocer cuando fundó en León (la patria de su niñez, que diría Rainer Maria Rilke), junto con Luis Mateo Díez, José Antonio Llamas y Ángel Fierro, la revista “Claraboya” en 1963, “uno de los hitos fundamentales de la renovación cultural y literaria de España”. En 1968, “Claraboya” fue cerrada por decisión gubernativa, es decir, por decisión del ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga Iribarne. La causa de esa censura total: un poema de José Antonio Llamas, titulado “No amanece”, que se puede leer hoy en internet. Te quedas turulato al saber que aquellas estrofas inocentes desencadenaron una represión tan increíble. Cierto que por los mismos tiempos, el ministro de Información cerró el periódico “Madrid” por un artículo sobre la dimisión… ¡de De Gaulle!

La disconformidad con un régimen que no soportaba la poesía, le llevó naturalmente a la militancia partidista. Se sintió perfectamente adaptado en la cultura del socialismo de signo “pablista” (por Pablo Iglesias), con sus rasgos específicos de desconfianza ante los lujos burgueses, reluctancia a lo que entonces llamábamos “la gauche divine”, “la izquierda Boccaccio”. Este famosísimo “lugar de copas” de Barcelona (después apareció en Madrid), fundado por Oriol Regàs, fue un imán para las personalidades de la oposición franquista catalana. Agustín Delgado compartía con los socialistas históricos una básica desconfianza con el partido comunista. De manera que sentía pocas afinidades con “la izquierda Boccaccio”, donde brillaban las estrellas del firmamento comunista. Y al mismo tiempo, “Boccaccio” estaba relacionado con los poetas y el estilo poético que Josep Maria Castellet definió en “Nueve novísimos poetas españoles” (Barral Editores, Barcelona, 1970). Agustín Delgado, como todos los que escribían en “Claraboya”, atacaban el elitismo de los “novísimos” de Castellet. En 1975, Agustín Delgado y Luis Mateo Díez se burlaron de esa selección con su satírico panfleto literario: “Parnasillo provincial de poetas apócrifos”.

Por entonces Agustín Delgado vivía en Burgos, donde le recordamos por la coherencia de todas las facetas de su vida.


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