www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Nacionalismos

martes 25 de septiembre de 2012, 20:18h
Me temo que el problema catalán es mucho más de sentimientos que de economía. La financiación es sólo el pretexto, el desencadenante de la dinámica independentista actual. Pero el meollo es de mucha más enjundia, mucho más profundo y mucho más antiguo. El problema es que una parte importante, dicen que en torno al cincuenta por ciento, de los ciudadanos de Cataluña son nacionalistas.

La ideología nacionalista precisa tener un enemigo del que liberarse. Forma parte de su esencia sentirse oprimido por un estado ajeno, con el que no se identifican y al que consideran extranjero, hostil y amenazante para el mantenimiento de su cultura. Forma parte de su esencia estar en continua reivindicación y siempre insatisfechos con lo poco o lo mucho que consigan, porque nada les puede saciar, excepto la consecución de la independencia. Y todo esto está escasamente fundamentado en la razón, es sobre todo algo afectivo-emocional. Decía Pascal que el corazón tiene razones que la razón no comprende. El problema de los nacionalismos no se comprenderá jamás sin tener en cuenta esa vertiente “sentimental”.

Pero, por otro lado, todo lo que es tiene una razón por la que es, y los sentimientos tienen sus causas, sus raíces más o menos profundas. El nacionalismo catalán tiene raíces históricas evidentes, algunas muy antiguas, como la hegemonía castellana en la época en la que se constituye España con los Reyes Católicos. Porque eso de tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando, suena bien, pero tiene poco de verdad. Otras raíces son menos antiguas, hace sólo tres siglos hubo una guerra, llamada de sucesión, tras la muerte de Carlos II sin descendencia. Se enfrentaron los partidarios del Archiduque Carlos de la casa de los Austrias con los partidarios de Felipe de Anjou de la casa de los Borbones, o dicho de otra forma, Cataluña que apoyaba al Archiduque con Castilla que apoyaba al francés. Gana Castilla, reina Felipe V y pierde Cataluña. Y aún hay otras raíces, éstas mucho más recientes, como la educación recibida por toda una generación en los colegios catalanes bajo el régimen nacionalista.

El tema de la lengua merece un capítulo aparte. La lengua es madre. Madre que nos constituye y madre a la que amamos. En España tenemos cuatro lenguas, la gallega, la vasca, la catalana y la castellana. El castellano se convirtió en la lengua del imperio español y se hizo hegemónica. Afortunadamente y a pesar de muchas dificultades las otras tres lenguas han podido mantenerse y en la actualidad gozan de buena salud. Esta diversidad debiera ser motivo de orgullo por la riqueza cultural que entraña, pero resulta indigno que muchos españoles no sepamos apreciarlo y no tratemos con el respeto debido a todas y cada una de las cuatro lenguas españolas. El euskera, el gallego y el catalán fueron injustamente perseguidos y estuvieron a punto de desaparecer, como estúpida reacción hay políticos nacionalistas que pretenden hoy acabar con el castellano, nuestra lengua común y la de quinientos millones de personas en el mundo. Qué triste.

Hay muchos tipos de nacionalismos, algunos especialmente detestables, como los que se fundamentan en lo racial y que trajeron esperpentos terroríficos como el nazismo. Otros, menos peligrosos, tienen un tufo pueblerino y de él se sale viajando. Sé que hay nacionalismos de otro corte mucho más amable y que abrazan como ideología mucha gente culta y de bien. Pero creo que todos, absolutamente todos, incluyendo el nacionalismo español, generan una dinámica de enfrentamiento, de buenos y malos, de opresores y oprimidos, de víctimas y chivos expiatorios. Después de siglos de guerra, la vieja Europa, tan extraordinariamente diversa, apuesta por un proyecto común, por una unión política y económica, por una unidad respetando la inmensa riqueza de su diversidad. Sueño que un día toda la Humanidad tenga un futuro común, sin fronteras, solidario, sin desigualdades tan indignas, tan hirientes; pero manteniendo su diversidad, tan rica, tan sorprendente, tan fascinante.

Y en cuanto a España, esta España siempre invertebrada que decía Ortega, ojalá que sigamos disfrutando de los Barça-Madrid; ojalá que disfrutemos de la feria de Abril de Sevilla en Barcelona; ojalá que Mas no quiera más, que salgamos todos juntos de la crisis y que seamos felices… sin más.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+

0 comentarios