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RESEÑA

Ramiro Pinilla: Aquella edad inolvidable

domingo 30 de septiembre de 2012, 16:58h
Ramiro Pinilla: Aquella edad inolvidable. Tusquets. Barcelona, 2012. 232 páginas. 17 €
Uno de los grandes nombres de nuestra mejor literatura española actual es, sin riesgo a error, Ramiro Pinilla. La escritura decantada, rotunda y de “estilo invisible” del bilbaíno nos regaló hace años esa magnífica e imperecedera trilogía que es Verdes valles, rojas colinas. La presente novela resulta corta en comparación con aquellos voluminosos textos anteriores del autor. Incluso la trama parece acarrear temas más livianos, y subrayo sólo en apariencia. Pero, sin duda, el exigente narrador no prescinde un ápice de su finura para describir los estragos de un mundo personal que se descompone y va desfigurándose poco a poco en la España franquista.

Asistimos aquí a la reconstrucción por dentro y por fuera de Souto Menaya, “Botas”, jugador del Getxo primero y en el Arenas después, siempre como delantero centro. La joven promesa debuta en el Athletic como sustituto de Zarra en el partido final de Copa y marca un dudoso gol al Madrid con el que logra fama perdurable en una tierra donde siempre hay “algo grande por encima de nuestras cabezas. Unos tienen a Dios y otros al Athletic. Otros tienen a los dos, y nunca lo he entendido”. Sin embargo, el sueño futbolístico acabó muy pronto por una dura entrada que machaca la pierna del protagonista convirtiéndolo en un joven cojo que “por merecer tanto, el héroe se quedó sin nada”.

La tragedia, desarrollada a varios niveles, es presagiada desde las páginas iniciales en esa casa de las “barreras”, demasiado cerca de las vías, donde un hermano de Souto persiguiendo la “maldita pelota” fue arrollado por un ferrocarril. Y son pelotas y barreras las constantes de esta novela acerca del sentimiento de desencanto y soledad, pero también del sentimiento de fidelidad a unos principios, protagonizada por uno de esos testarudos personajes con sólidas convicciones a pesar de los estragos del derrumbe tan común en Pinilla. Del pragmatismo rústico y sentencioso del padre (“Pues a ver qué comemos hasta nuestro entierro”) al silencio simbólico de una madre medio ausente por la herida del hijo perdido, pasando por ese “viejo amor por aquellos colores” del protagonista, son algunas parcelas psicológicas estudiadas con finas y certeras pinceladas en “un tiempo de silencio y el fútbol un resquicio para adiestrar lo prohibido”.

Todos los comentaristas deportivos y locutores de radio actuales –en general de plana y pésima retórica- debieran estudiar y conocer al dedillo la soberbia descripción del partido contra el Madrid. Hay también muchos otros pasajes que harán las delicias del aficionado al “fuego del fútbol” y a las letras de máxima calidad. Entre tanta hojarasca otoñal, esta es una novela importante y su lectura un gozo constante.

Un crítico literario, en la medida de intelectual que es, está obligado a dar lectura de los tiempos que transita a través de su interpretación de los textos. Este cronista no se resiste a señalar una escena y diálogo de la presente novela aplicables a estos días turbulentos en Madrid, donde toma especial y triste relevancia: “-Somos más que ellos -dudó uno –Pero desnudos…”

Por Francisco Estévez
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