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Un nuevo liderazgo: fumando espero

lunes 01 de octubre de 2012, 20:19h
¿Qué estaría pensando Rajoy cuando exhalaba poco a poco, en las calles de Nueva York, ni más ni menos, saboreando el puro, el de los festejos, sintiendo los pulmones desinflarse, el carraspeo en la garganta? Quizá se acordaría de la foto de Aznar y Bush compartiendo humos en la Casa Blanca, y él, miserablemente, caminando por las sucias calles de la ciudad.

Él, el elegido a dedo, no vuela, camina y fuma sacando el stress de una gran reunión en la ONU donde no somos nadie, no somos nada y donde, por supuesto, tampoco hizo ni dijo nada relevante más que apoderarse simbólicamente del silencio de los españoles. Lo único que nos quedaba después de la palabra era el silencio y ahora ni eso. Si un lógico formulara estos razonamientos del señor Rajoy en términos de lógica simbólica le saldría un verdadero imposible donde intuyo que todo terminaría siendo circular, es decir, autorreferencial.

Mientras él hablaba y fumaba, los españoles se peleaban. La nueva confrontación es policía-ciudadano, y si no eres de los suyos eres de los otros y por eso te pueden pegar, hacer volar los huevos, desnucarte, arrastrarte, insultarte y allanar los espacios privados.
España se incendia y se está quemando, la gente está quemada y sin embargo esperan que pase algo, que alguien haga algo para que la violencia no siga generando violencia, que las dicotomías se dejen de lado y se vea que todos estamos en el mismo barco, aunque sea el Titanic.

La pregunta kantiana de ‘¿qué cabe esperar?’ hoy es más apremiante que nunca. Los lugares de la incertidumbre hoy son globales, las ideas no aplacan esa incertidumbre y la política y los políticos solo generan desesperanza. Y sin embargo, la gente espera, fumando o no, a alguien, varón o mujer, que hable a esa esperanza. ¿Qué esperará Rajoy? ¿Que pasen los cuatro años de mandato y que cuelguen su retrato en algunos despachos descoloridos del desmantelado estado que van a legar?

No es el señor Rajoy ese hombre al que se espera y ni siquiera es lo que esperaban de él los que le votaron (es asombroso la de PP-votantes arrepentidos que hay en los foros, en los comentarios de los diarios digitales, en Facebook…), y quizá él también fuma esperando que alguien le salve, seguro que piensa en quien le rescatará, y eso a los españoles y a las españolas no nos sirve. Si todas esas esperanzas no se canalizan en un proyecto común que no sea una mera repetición de lo que hay o una mera mascarada, el país tiene un futuro negro, lleno de humo y hogueras donde muchos se quemarán sin salvación posible.

Quizá se necesita un nuevo líder, o una nueva forma de liderazgo. Quizá no sea una persona con nombre, apellido y número de dni, quizá sea una idea que movilice las sensibilidades y genere proyectos. Pero esa idea quizá esté sobrevolando el país, las calles, las casas y no la vemos. O quizá es una idea que está por llegar, que debemos inventar. Y muy que le pese a nuestros gobernantes, hoy puestos en cuestión, la única forma de crear colectivamente es reuniéndonos y compartiendo, y quizá, solo quizá, esas manifestaciones que tanto molestan a los gobiernos del PP, son el principio de esas necesarias conversaciones y encuentros desde donde se pueden gestar esperanzas de futuro.

Mariana Urquijo Reguera

Filósofa, profesora e investigadora.

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