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AL PASO

Los flancos del President Mas

jueves 04 de octubre de 2012, 11:29h
Es muy difícil que, como le ocurrió al lehendakari Ibarretxe, no acabe al presidente Mas abriéndosele la tierra que tan ufanamente pisa. Son muchas las contradicciones, equívocos o simplemente errores, sobre las que ha construido su posición.

Para empezar veo una inconsistencia manifiesta entre sus pretensiones políticas , esto es, la consecución de un Estado propio para Cataluña- aunque se necesite una revolución jurídica para imponerse, pues el marco constitucional , como es lógico, no consiente la secesión-, y su ideología nacionalista de base que ve en la nación una persona construida orgánicamente, de manera imperceptible, una comunidad de muertos y vivos, cuyo destino es indisponible para la generación actual. ¿Quién es Mas para decidir que ha llegado la hora de acabar con el modo de estar político de la nación catalana en el Estado español? ¿Acaso puede aducir que Cataluña se encuentra en una posición extrema en la que carece de libertad para mantener su identidad, o que se le niega el autogobierno, o que se encuentra agobiada económicamente, o en una situación cuyo futuro es la insignificancia o la preterición?¿Acaso Cataluña es una colonia o se encuentra en una posición constitucional diferente y peor de las que disponen el resto de entidades que integran la estructura política de la que forma parte, supuestos estos en los que el derecho internacional reconoce la autodeterminación? Desde los postulados continuistas que suele subrayar el nacionalismo, la renuncia a la integración en España resulta ilógica, pues la Cataluña próspera actual se basa en una acumulación de capitales y un mercado, protegido por los correspondientes aranceles, que posibilitó el marco político secularmente compartido.

Admitamos que la posición financiera de Cataluña en la actualidad no es la ideal ni tal vez la correcta, aunque todos conocemos, al decir de los expertos, de la virtud manipuladora de la propaganda de la Generalitat para exagerar las cifras, pero lo que no cabe duda es que el desarrollo económico presente de Cataluña es inexplicable sin su rol directivo en el sistema político español. Así, la integración de Cataluña en el orden político decimonónico era perfecta, según el célebre triángulo de que hablara Vicens, cuyos vértices eran los propietarios castellano-andaluces, los algodoneros catalanes y los ferreteros vascos. Por ello nada tiene de extraño que el horizonte de la secesión nunca estuviera presente en el mejor catalanismo, la expresión ideológica canónica del nacionalismo catalán, que siempre, como ha mostrado el análisis de sus más atentos observadores como Solé Tura o Ucelay, presentaba dos caras, a saber, el autonomismo y la implicación en la reforma del Estado.

¿Qué puede aducirse para provocar el pretendido cambio de status constitucional de Cataluña? ¿Una manifestación? ¿Pero es serio esto? Sorprende a veces el grado de cultura constitucional de nuestros políticos, de la que ya tuvimos una muestra cuando asistimos a una convocatoria del Gobierno de una Comunidad Autónoma frente a la decisión, impecable desde el punto de vista procedimental, de un órgano del Estado, como es el Tribunal Constitucional. Nuestro sistema tiene previstos los cambios constitucionales a través de los correspondientes procedimientos de reforma, respecto de los cuales no se registra iniciativa alguna ejercida mediante el derecho de manifestación. Sin duda el derecho de reunión es un instrumento de participación, y su contribución a la formación de la opinión pública es innegable. Pero no estamos en un sistema plebiscitario en el que la expresión ocasional de la voluntad los manifestantes, por muy numerosos que puedan ser, se imponga a los órganos de representación que son los que articulada y reflexivamente expresan la intención política de la comunidad.

El derecho de manifestación, como en otro orden de cosas los referéndums, sólo tienen en una democracia constitucional un rol complementario y claramente secundario respecto de los instrumentos normales de actuación política que se lleva a cabo a través de los cauces parlamentarios. Ya sabemos que hay regímenes en los que los líderes carismáticos se comunican directamente con las masas populares, que se hacen presentes en comparecencias multitudinarias, convocadas al efecto, pero se trata de formas políticas que poco tienen que ver con un sistema constitucional que merezca este nombre.

Veo que la envergadura del envite del presidente Mas es enorme, pero las debilidades de sus flancos a mi juicio son evidentes. El President no puede seguramente retroceder, pero es dudoso que el cuerpo electoral de Cataluña se embarque mayoritariamente en una aventura cuyo despropósito es manifiesto. Esperemos que finalmente se imponga el mejor patriotismo de los catalanes.