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CLAVES DE LA INVESTIGACIÓN EN EL PLANETA ROJO

¿Y qué si hay o hubo agua en Marte?

miércoles 10 de octubre de 2012, 16:00h
Se encuentra a una distancia de nosotros de entre 55 millones y 400 millones de kilómetros, dependiendo de su posición. No parece tener reservas de elementos útiles para el ser humano, como el petróleo o el gas. A simple vista parecería, incluso, muerto. Y se invierten miles de millones de euros en aplaudir la muestra empírica recientemente publicada de que en algún momento de un pasado indeterminado su superficie albergó agua líquida. ¿Por qué nuestro planeta vecino Marte se ha convertido en tan destacado objetivo de la investigación científica?
El pasado 6 de agosto, el vehículo explorador ‘Curiosity’ aterrizó en la superficie marciana tras un viaje de ocho meses a través del espacio. En su primer mes de aventura en el planeta rojo, el robot envía a la Tierra unas imágenes reveladoras. La forma y disposición de una serie de rocas confirman lo que se venía sospechando desde hace años: Marte tuvo, en algún momento de su pasado, agua líquida en forma de ríos o arroyos. ¿Por qué un cúmulo de sedimentos erosionados ha de provocar la ovación internacional? ¿Qué implicaciones tiene la evidencia del agua en la corteza marciana?

El director del Departamento de Planetología y Habitabilidad del CAB (Centro de Astrobiología) y co-investigador de la misión MSL (Mars Science Laboratory, el nombre oficial del ‘Curiosity’), Jesús Martínez Frías, señala en dos direcciones. La primera, la más evidente e instigadora de toda una colección de textos y películas del género –por el momento- de la ciencia ficción es la vida extraterrestre. “La existencia de agua en Marte está directamente relacionada con la posibilidad de existencia de vida”, explica Martínez Frías, aunque puntualiza que el actual rover de la NASA no está específicamente diseñado para la búsqueda de vida.

El peso de este extremo, que aún no puede saltar de los dominios de la literatura y el cine a los de la ciencia, resta visibilidad a la verdadera dimensión del descubrimiento: la confirmación de la presencia de agua en Marte refuerza la hipótesis de que el planeta rojo, ese lejano y aparentemente hostil vecino, fue algún día muy similar a la Tierra.

Desde la comunidad científica “nos estamos dando cuenta de que no podemos comprender bien lo que es la Tierra, lo que está pasando en nuestro entorno si no estudiamos el contexto en el que se ha formado nuestro planeta”, argumenta Martínez Frías. Ese contexto estaría formado por las llamados ‘planetas terrestres’ -Mercurio, Venus, la Tierra, la Luna y Marte-, de los que Marte es el más parecido a la Tierra. “Existen muchísimas evidencias de que en sus primeros 1.000 millones de años Marte tuvo agua y de que pudo desarrollar un ciclo hidrológico e hidrogeológico antes incluso que la Tierra”, explica el científico.

El último descubrimiento del ‘Curiosity’ confirma la existencia de agua líquida: ya sabemos que Marte fue alguna vez muy similar a la Tierra. En este punto, la duda es cómo un planeta hidratado llegó a convertirse en un secarral rojizo y, yendo un paso más allá sin recurrir necesariamente a la paranoia, si el futuro de nuestro planeta puede correr parejo al de nuestro vecino.

La atmósfera, clave
“Existen muchas hipótesis y muchos modelos geodinámicos que intentan explicar por qué Marte perdió el agua líquida de su superficie”, apunta el investigador del CAB para decantarse por la que él considera más plausible. “Probablemente tenga que ver con la propia geodinámica y el propio tamaño del planeta: Marte no ha tenido la vitalidad geológica necesaria para poder mantener su energía, su calor, sus características… Todo esto habría provocado cambios en su atmósfera, un considerable descenso de la presión que provocó la migración del agua líquida desde la superficie de la corteza hacia el espacio, donde se perdió, aunque sabemos que no toda, pues existe agua en los polos y también en algunos minerales del sustrato marciano y bajo la superficie”.

El quid de la cuestión es, por tanto, la atmósfera. El mismo elemento que en la Tierra protagoniza telediarios con no precisamente buenas noticias. ¿Debemos mirarnos en Marte como en una suerte de espejo visionario? “No quiero ser catastrofista, pero lo que está ocurriendo en la Tierra es un cambio que no es solamente climático”, sentencia Martínez Frías.


Fotografía de los sedimentos que evidencian la existencia de agua líquida en la superficie marciana (Nasa).


“Desde mi punto de vista, estamos provocando un auténtico cambio medioambiental, a escala global que afecta a los bosques, contamina los ríos, los acuíferos y los océanos y altera los ecosistemas de todo tipo de especies… esto tiene que tener sus consecuencias”, señala el científico. Aunque Martínez Frías advierte de que “la Tierra es mucho más resistente y más potente que nosotros” y vaticina que “la vida en sí misma nos va a sobrevivir”, sí cree necesaria una reflexión. “Si seguimos acidificando los océanos como estamos haciendo, se puede producir un cambio drástico del pH que podría afectar a los carbonatos abiogénicos y biogénicos, dando lugar a enormes emisiones de CO2”. En otras palabras: “Podríamos alterar nuestra atmósfera hasta el punto de generar una como la marciana”.

Habitabilidad Vs. vida
La búsqueda de organismos vivos en Marte está aún en una fase muy preliminar. La misión del ‘Curiosity’ no es analizar directamente la existencia de vida, sino las características de habitabilidad del planeta. “Una zona puede tener agua y otras condiciones que, desde el punto de vista de la habitabilidad, hacen posible la existencia y el desarrollo de vida en sus formas más primitivas pero no darse ese caso”, explica Martínez Frías. En este estadio de la investigación marciana se busca determinar, además, el ambiente de la zona a estudiar: si es un desierto, un cauce fluvial, una zona hidrotermal, una zona volcánica o lacustre, para saber qué tipo de vida se podría buscar.

En realidad, este tipo de procedimientos son una guía, una forma de empezar a abordar un asunto que resulta muy grande, gigante. Las condiciones de habitabilidad que se miden en Marte son las que se han deducido de estudios en la Tierra, partiendo de la premisa no confirmada de que la vida, en caso de existir, funcionaría igual a uno y otro lado de nuestra atmósfera. ¿No podría Marte albergar vida en condiciones totalmente distintas a las que conocemos? “En torno a qué es la vida hay todo un debate que ha dado lugar incluso a congresos internacionales… pero si ya es de por sí difícil encontrar vida similar a la de la Tierra, mucho más difícil sería buscarla fuera bajo criterios desconocidos”, justifica el investigador del CAB.

Según explica Martínez Frías, los criterios de vida terrestres que se extrapolan a la investigación en Marte son, eso sí, los más extremos: “Lo que se empieza a buscar son microorganismos parecidos a los que aquí en la Tierra llamamos extremófilos, que son capaces de vivir en los ambientes más hostiles”.

“Lo que importa no es lo que crea, sino lo que pueda demostrar”, argumenta el científico cuando se le pregunta por su visión personal de si se terminará encontrando algo parecido a la vida en Marte. Sí dibuja, no obstante, la botella medio llena: “el planeta que sabemos con certeza que cuenta con las condiciones de habitabilidad idóneas para albergar la vida, la Tierra, ha conseguido desarrollarla y actualmente se están descubriendo cientos de planetas extrasolares, hay millones y millones de estrellas y, más aún, millones y millones de galaxias… Nosotros estamos solamente sacando la cabeza de la Tierra y empezando a ver qué puede haber más allá”.

Punto de inflexión
La misión ‘Curiosity’ en Marte supone, según Martínez Frías, un punto de inflexión en la investigación espacial puesto que “es la primera vez que se consigue aterrizar en otro planeta con un vehículo de esta envergadura, con casi una tonelada de peso, una altura mayor a la de una persona y decenas de kilos en instrumentos científicos”.

El REMS (Rover Environmental Monitoring Station) es uno de esos instrumentos científicos y tiene nacionalidad española. La estación ambiental del ‘Curiosity’, compuesta por sensores de temperatura, humedad, presión o radiación ultravioleta entre otros, es un paso cualitativo en el posicionamiento de la ciencia de nuestro país, que nunca antes había participado de forma directa en un proyecto de esta envergadura. Martínez Frías,desde su inicio forma parte del equipo español y que ha contribuido significativamente a la ciencia de REMS, destaca la importancia “no sólo del instrumento en sí, sino de toda la ciencia asociada a él: la ciencia que se empleó y desarrolló para su construcción y la ciencia que se va a generar a partir de sus resultados”.

La indagación sobre el planeta rojo se plantea ahora en dos direcciones. Por un lado, la recogida de muestras y su traslado a la tierra, objetivo para el que ya hay una serie de misiones propuestas y diseñadas como la MSR (Mars Sample Return), prevista para 2018. Por otra parte, tanto la ESA como la NASA tienen en sus hojas de ruta el objetivo de poner al ser humano en Marte, algo que, según Martínez Frías, podríamos ver en 20 ó 25 años.
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