www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Entrevista

Fernando Díaz-Plaja: "Don Juan Carlos es más popular que ninguno de los políticos españoles"

martes 22 de abril de 2008, 19:36h
Fernando, si tuviera que volver a editar alguna de sus numerosas obras, ¿sobre cuál o cuáles le gustaría actualizar el texto?

Sobre ninguna, porque, en las sucesivas ediciones, he procurado poner el texto al día de acuerdo con los cambios que ocurrían en la mentalidad de mis paisanos. Por cierto, con El español y los siete pecados capitales estuve a punto de corregir el capítulo de la soberbia, al descubrir el cambio de mentalidad que demostraba el amante de mi país en el postfranquismo, cuando, la aparición del divorcio y el nacimiento de las comunas con la convivencia total de los españoles de ambos sexos parecía demostrar que nuestro tradicional machismo, tan intransigente como violento, había dejado paso a una compresión muy alejada de la tradición hispana. Afortunadamente, no lo hice porque el aparente cambio de mentalidad resultó sólo un espejismo. A partir de los años ochenta, volvió a surgir el compatriota tradicional con el asesinato de decenas de novias, amantes y esposas que se atrevieron a elegir a otro hombre con quien compartir su vida... y la trágica lista ha seguido apareciendo en los medios de comunicación todos los días hasta este momento.



¿De la reciente Historia de España que usted ha vivido tan intensamente, qué personajes en las vertientes política y cultural le han impresionado más y qué destacaría de ellos?

En la ya reciente política, sin duda, ha sido Francisco Franco con cuya dictadura tuve que convivir durante varios lustros sufriendo especialmente los ataques de la llamada censura, organización que, desde mi primer libro, la biografía de Teresa Cabarrús, pariente lejana mía y figura importante de la Revolución Francesa, me tuvo en su punto de mira llegando a hacer retirar de las librerías por la Guardia Civil, mi obra sobre la guerra de 1936 a 1939, en la que me atrevía a afirmar que los asesinatos sin juicio previo de la retaguardia habían sido tan corrientes en la zona franquista como en la republicana. Siempre me ha impresionado la suerte que acompañó continuamente al dueño del país durante toda su vida. Situado en el punto quinto o sexto entre los aspirantes a gobernar una España católica y conservadora unida a los valores tradicionales, el destino o la suerte quiso que todos esos posibles rivales desaparecieran de escena. Su suerte no termina ahí. Tras la Guerra Mundial, cayeron todos los gobiernos europeos que habían apoyado el eje menos el del general Franco. La prisa con que la Unión Soviética mostró sus afanes para dominar a la Europa del Este provocó que los militares norteamericanos presionaran a Truman para que no apoyara la caída de un hombre que, aparte de sus convicciones personales más o menos fascistas, dirigía un país que, desde el punto de vista estratégico, constituía una base militar de operaciones absolutamente imprescindible desde el punto de vista militar ante una posible tercera guerra mundial, con lo que consiguió llegar al fin de sus días al frente de España… aunque su sucesor, el Príncipe Juan Carlos, cambiara el rumbo de su gobierno hasta convertirlo en un régimen constitucional.

En cuanto a mi héroe de la vida civil, sin lugar a dudas es el doctor Gregorio Marañón. Un médico cuyo manual de diagnóstico sigue siendo, muchos años después de su muerte, imprescindible para todos los doctores del mundo hispano. Pero, además de ese trabajo profesional, el doctor Marañón se asomó con éxito a una serie de conocimientos literarios e históricos como la biografía de Antonio Pérez, el secretario infiel de Felipe II, o el Emperador Tiberio. En el arte destaca su El Greco y Toledo, y en literatura pura su trabajo sobre El Padre Feijoo. Hablar con él era una suerte que yo conseguí cuando los domingos iba desde Madrid a su casa de Toledo, situada en lo que había sido un convento de frailes hasta el siglo XIX. Adosada a la colina, la ciudad de Toledo aparecía como una reliquia bañada por los rayos del sol poniente mientras nosotros permanecíamos a la sombra. Allí conocí al maestro Andrés Segovia, al doctor español Ara, que embalsamó maravillosamente a la argentina Eva Perón, entre otros sabios y artistas de toda Europa. En ese lugar paradisíaco era donde el doctor escribía los prólogos que le pedían tantos autores que le admiraban ansiando su presentación. Jamás, que yo sepa, se negó a hacerlo pretextando su mucho trabajo. Sabía que el peticionario confiaba siempre en la fuerza que tenía su pluma para darle a conocer al gran público.

Ha conocido en España la República, el Franquismo, la Democracia... ¿Ve consolidada en nuestro país, en el siglo XXI, la institución monárquica?

Dentro de las posibles reacciones inesperadas del pueblo español que hacen temer cualquier falta de lógica, sí la creo consolidada y ello debido, sobre todo, a la personalidad de Don Juan Carlos I. Mi opinión sobre su trabajo la expuse en la dedicatoria que le hice de un libro mío y que decía así: "A S. M. Don Juan Carlos I que, en un cuarto de siglo, ha conseguido que el número de republicanos en España sea hoy tan exiguo como lo era el de los monárquicos en 1975". Tú, querido Juan María, recordarás como todos los mayores de cincuenta años que contra su proclamación estaban tanto la derecha franquista que temía, con razón, que su ideología se pareciera más a la de su padre Don Juan, que a la de su mentor, Francisco Franco; como la izquierda que, por tradición, era totalmente republicana. Nunca ha llegado a la cúspide del Estado español, un personaje con menos garantías de permanencia.
Y ahí, con la inestimable ayuda de Doña Sofía, es más popular que ninguno de los jefes de los partidos que se disputan el poder en España.

El escritor se recrea en su biblioteca acariciando los lomos de una las más bellas colecciones de libros encuadernados en piel con pulcritud y acierto excepcionales. ¿Están aquí sus 157 publicaciones?

Sí señor. Aquí están ante la sorpresa de los visitantes, que preguntan "¿tantos?" Tantos. Pero, como les digo ante su asombro: "¿Qué le voy a hacer si es para lo único que sirvo?".









¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios