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Venezuela: Elecciones y futuro

lunes 15 de octubre de 2012, 20:19h
Chávez ganó con el 55% frente al 45% de Capriles, más de ocho millones de votos frente a casi 7 millones y digo casi siete porque hay que incluir el voto exterior que, en más del 90%, ha sido para Capriles y los más de 135.000 electores que votaron en la tarjeta con foto de Capriles, pero que confluyeron hacia una desconocida señora Sequera, a causa de una “trampita” que el sesgado Consejo Nacional Electoral (CNE) no debería haber permitido. La asimetría entre la campaña de Chávez y la de Capriles fue impresionante, fue mucho más que un ventajismo brutal se trató de un imponente y descarado abuso de poder. El periodista argentino Jorge Lanata lo describió como el enfrentamiento entre un candidato de a pié y un Estado. Capriles hasta hace pocos meses era prácticamente un desconocido en la Venezuela rural y en general en el interior del país. Unos meses de campaña contra un presidente en ejercicio desde casi 14 años, que utilizó, sin ningún escrúpulo, todos los recursos de un Estado petrolero, para distribuir prebendas de última hora y comprar voluntades, pero también y sobre todo intimidar y amenazar a los casi tres millones de empleados públicos y unos cuantos millones más que reciben pensiones, becas y donaciones de parte del Estado, que serían penalizados si votaban por Capriles y recordemos a este respecto que la utilización de las capta huellas digitales en combinación directa con la máquina de votación hizo creíble, para la mayor parte de la población de extracción popular, que el gobierno conocería el voto de cada elector. A esto hay que agregar el control absolutamente mayoritario de los medios de comunicación particularmente de la radio y la televisión. Supuestamente los dos candidatos tenían a disposición tres minutos en cada medio para propaganda electoral, sin embargo el CNE no quiso incluir como propaganda electoral los 43 minutos diarios de propaganda oficial legalmente obligatoria, que cada medio debe transmitir y a esto hay que agregar el encadenamiento casi diario y también obligatorio de todos los medios audiovisuales, por tiempo indefinido, para transmitir mensajes del comandante-presidente. En Brasil y Colombia, cuando se introdujo la reelección presidencial se aprobaron leyes que reglamentan la propaganda del presidente-candidato, en Venezuela el Poder Electoral (CNE) tenía la potestad para hacer la reglamentación. También se utilizaron enormes recursos públicos para la intensa movilización, en la tarde de la jornada electoral, para buscar y llevar a votar, con lista en la mano de pensionados y demás receptores de fondos estatales. Venezuela es un Petro-Estado, por tanto el carisma de un “animal político” de primer nivel, aunado a una chequera petrolera utilizada sin control, escrúpulo y límite alguno le da al caudillo en ejercicio una ventaja tan descomunal que se puede afirmar que las elecciones fueron libres pero no justas.

Sin embargo, a pesar de todo esto, la alternativa democrática logró un crecimiento considerable de sus votos, particularmente en los sectores populares. En las elecciones presidenciales del 2006, Chávez ganó con el 63% vs el 37%. La oposición creció y Chávez bajó. El Mesías salvador de la patria, émulo de Bolívar, ya no tiene el apoyo abrumador del pueblo. Casi la mitad del país votó en contra. No hubo ningún fraude electrónico. Algunos en la oposición, confundidos, dolidos y amargados hablan de fraude. Se trata de una falsedad pero sobre todo de un gravísimo error político, que le hace tanto el juego al régimen, que hasta pienso que sea fomentado por el G2 cubano. Al gobierno le interesa una oposición desmoralizada, desmovilizada, dividida, abstencionista y/ o exiliada, particularmente en vista de las próximas elecciones de Gobernadores del 16 de diciembre. La tesis del fraude refuerza esta estrategia del régimen. La Unidad es indispensable, fuera de la Unidad está sólo el suicidio político, el exilio o la traición.

La alternativa democrática tiene hoy un líder de 40 años que ha hecho una campaña admirable y que es un capital político sumamente poderoso, apoyado por un grupo de dirigentes y partidos nacionales y locales de peso. Hay un camino correcto que apenas comienza. La lucha continúa. Los tiempos de la Historia no son cortos. No sé porqué, pero en estos días dolorosos, recordé una frase de uno los Maestros intelectuales de mi juventud, Jacques Maritain: “Lo que necesitamos no son verdades que nos sirvan, sino una verdad a la cual servir.”
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